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El americano feo está de vuelta


Miami / AIPE - Hay bastante menos optimismo hoy en América Latina que a principios de la década. La política de Washington en la actualidad, lejos de promover mayor libertad y la economía de mercado, trata de impulsar mayores regulaciones, mientras que los proteccionistas han bloqueado la extensión del Tratado de Libre Comercio a la América Central y a la América del Sur. La política comercial de Washington, lejos de eliminar barreras y promover el libre comercio, mostrando claramente cómo éste ha aumentado el nivel de vida de la clase obrera norteamericana muy por encima del nivel de la clase media profesional europea, está atascada en complicadas e interminables negociaciones, tras un mítico "campo nivelado". Y también impone cuotas de importación y penalidades por "dumping", mientras denuncia las condiciones de trabajo en el resto del hemisferio. La única razón del comercio internacional es aprovechar las diferentes condiciones existentes entre los países. Imponernos por la fuerza las condiciones de trabajo de un país rico sólo significaría mayor desempleo y miseria. Los attachés laborales de las embajadas de Estados Unidos en América Latina trabajan de la mano de los sindicatos en contra del sector privado. Uno de sus blancos preferidos son las maquilas, establecimientos que básicamente ensamblan, importando componentes libres de aranceles y exportando su producción.Gracias a las maquilas, los norteamericanos compran carros, televisores, ropa y muchos otros bienes más baratos, lo cual mantiene baja la inflación y aumenta el nivel de vida en EU. A Bill Clinton y Al Gore, más que el bienestar de los obreros latinoamericanos, lo que les interesa es el apoyo de los sindicatos norteamericanos en las próximas elecciones. Y estos sindicatos no quieren la competencia de mano de obra barata latinoamericana. Esa es la verdadera razón tras la evidente paralización de la apertura anunciada con bombo y platillos en la Cumbre de las Américas en Miami, en diciembre de 1994. Son ya cinco años perdidos. Además, desde 1996, el medio ambiente ha sido colocado a la par de los intereses económicos y de la seguridad nacional en las relaciones de Washington hacia América Latina. La preservación de las selvas y la regulación de las emisiones de los llamados gases invernaderos son ahora parte de las responsabilidades de los diplomáticos, del Pentágono y de la CIA. Determinar cuáles selvas pueden ser transformadas en tierras agrícolas significa poder decidir si una nación podrá o no alimentar a su gente. Pienso que se trata de un imperialismo mucho más peligroso para América Latina que la voz suave y el gran rolo de Teddy Roosevelt. Entre otras cosas porque ya le vimos el tamaño al rolo de la Sra. Albright en Serbia. Además, hay un evidente doble discurso en la nueva política verde de Washington. Por un lado apoyan los desmanes y muy profundos bolsillos de fundaciones privadas norteamericanas, como el Sierra Club, que aspiran a convertir buena parte del hemisferio en su Disney World verde.Pero, al mismo tiempo, aviones estadounidenses fumigan herbicidas sobre los campos de coca colombianos, destruyendo su fertilidad por varias generaciones, empujando esos cultivos hacia la selva y haciendo que los campesinos de la región vean en los narcotraficantes y guerrilleros a sus salvadores. El americano feo está de vuelta. Recientemente, durante la reunión de la SIP en Houston, le pregunté al presidente Andrés Pastrana cómo era posible que su gobierno permitiera esas fumigaciones. No me contestó, sino que dijo que los verdaderos enemigos del medio ambiente eran los narcotraficantes, quienes vierten sus químicos en los ríos y destruyen las selvas.
Debido a que Estados Unidos no logra hacer cumplir sus leyes internas contra el consumo de drogas, no sólo la corrupción y los muertos de esa guerra interminable seguirán ocurriendo en América Latina, sino que sus aviones destruyen la fertilidad de nuestras tierras con fumigaciones desde el aire.

101 años de Panamá América

 
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