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El amor como solidaridad humana


Ante la fascinación por el fin del milenio, estamos esperando transformaciones que acontecen en las distintas esferas de la realidad humana. En el mundo se alarga la esperanza de vida de cada persona, aumenta su ámbito de comunicación, crecen sus posibilidades de vivir una vida más plena, más consciente y avanzamos en la adquisición de nuevos conocimientos.
El mundo en el que se desenvuelve la persona con Síndrome de Down, no escapa a esta realidad sino que, desde puntos distintos pero convergentes, vemos un avance que tiene como finalidad obtener de la biología sus más insondables secretos para ponerlos al servicio de una existencia vivida en plenitud.
Las terapias físicas, ocupacional de lenguaje, así como la pedagogía, la psicología, la neurobiología, las ciencias sociales, mundos desconocidos por mí, participan por alcanzar respuestas a distintas interrogantes. Actualmente desde lo más profundo de mi ser puedo decir que en pocos años, ha cambiado de norma radical nuestra perspectiva y expectativas sobre estas personas. Ha cambiado de alguna manera su constitución física, su actitud mental, pero sobre todo ha cambiado nuestra actitud hacia ella, ha pasado de ser la persona que había que cuidar, a ser la persona con la que hay que contar, con la que hay que dialogar, reír, cantar e inclusive llorar.
Este cambio, no ha sido ni fortuito, ni gratuito, a él han contribuido distintas circunstancias, proyectos y esfuerzos de múltiples personas e instituciones, pero como común denominador de todas ellas el convencimiento del valor que radica en un ser humano aunque posea discapacidad. Como consecuencia de todo ello se ha llegado al convencimiento de que aquello que nace alterado o desequilibrado en el Síndrome de Down, puede ser en mayor o menor grado mejorado e inclusive corregido.
Nada hay más fascinante que nos motive y sensibilice, que contemplar la inteligencia, trabajando al servicio de un ser humano, no importa su discapacidad. La convivencia con estos niños en este caso muy especial, mi gran amor José Manuel me motiva a investigar acerca del Síndrome de Down, y sobre todo me ha fortalecido moral y espiritualmente desde el día en que lo tuve en mis brazos. La idea que surgió hace unos años se ha fortalecido según el mundo ha evolucionado.
Actualmente no es una hipótesis afirmar que no sólo las funciones físicas, sino también las mentales pueden ser mejoradas cuando se someten a procesos de intervención como lo es la estimulación temprana, por lo tanto se ha superado la idea equivocada de que la inteligencia es una propiedad fija o que funciona como la memoria, el lenguaje o la capacidad para desarrollar conceptos cuando se muestran deficientes en una persona con discapacidad mental. Ahora comprendo por qué al nacer José Manuel, me decían tienes que ayudarlo con terapias, pues éstas mejoran la capacidad, la función muscular, entonces, ¿Qué impide que pueda también prosperar la función intelectual?.
Existe un sentimiento de intuición sobre la estimulación precoz en el discapacitado, pero para lograr que los niños avancen nosotros los padres debemos animarnos e incorporarnos activamente en la educación de nuestros hijos para interactuar conjuntamente con los especialistas del I.P.H.E., C.R.I., y C.S.S. y así garantizar una educación más eficaz.
El debate sobre la integración a las aulas regulares es un hecho y sabemos que ha desencadenado en nuestro país una gran polémica, pero sí se han hecho estudios de esta naturaleza en otros países como España que datan de 10 años. ¿Por qué no brindarle esta oportunidad a nuestros hijos? Este proceso no es fácil, pero resulta obvio la necesidad de plantear la realización de la integración de forma que su éxito quede lo más asegurado posible. Ello exige una estrategia que no es sencilla, pero que es preciso conocerla a partir de experiencias sistematizadas y fiables. La integración es un éxito para cualquier escolar, el que tiene y el que no tiene necesidades educativas especiales. El beneficio espiritual que recibe el niño que no tiene discapacidad al convivir con un niño especial no tiene precio y su valor es incalculable a la vez que estas personas se sienten estimuladas al ser aplaudidas por sus grandes esfuerzos.
¿A qué va dirigida nuestra educación, en estos momentos en donde predomina la guerra, la falta de amor, de caridad y de comprensión entre los seres humanos?.
Queremos lograr personas responsables integradas en la sociedad hasta el grado en que se lo permitan sus propias capacidades, pero sobre todo al amor con que los que los rodeamos no tenga límite, ya que en la medida en que al niño le demos amor, podemos entonces, cuando éste sea un joven, permitirle penetrar integralmente al mundo laboral, pues el empleo con apoyo se ha convertido actualmente en un objetivo casi prioritario siendo éste la culminación de un proyecto que por encima de todo cree en el ser humano, y en el entorno familiar y por ende en el social.
Esperamos con este artículo sensibilizar a todas las personas que de una u otra manera participan en la investigación biométrica y pedagógica en el campo de atención directa de la persona con discapacidad, así como a todas las personas de nuestro Panamá, para que vean en estos niños cualidades y defectos como cualquier ser humano.

101 años de Panamá América

 
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