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El amor desordenado a los bienes materiales


Cuánto daño ha hecho a la humanidad el culto al dinero y demás bienes materiales, ya que al ponerlos en lugar de Dios han hecho que sus adoradores se hagan insensibles al dolor humano y hayan usado los medios más terribles para conseguirlos. El avaro guiado por su sed insaciable de bienes, puede llegar a incurrir en cualquier delito para lograr tales cosas. El engaño, la trampa, el fraude, la violencia, incluso el asesinato son medios nefastos utilizados por los que aman desordenadamente los bienes terrenos. El dinero que se pueda poseer honestamente en el plan de Dios simplemente es un medio para que el ser humano viva con dignidad teniendo lo necesario. No podemos convertir el dinero en un fin de nuestra vida.

Poner el corazón en los bienes terrenos como si fueran absolutos lleva a cometer el pecado de idolatría. San Policarpo dice que “Quien no se abstiene de la avaricia se verá mancillado también por la idolatría y será contado entre los paganos que desconocen el juicio del Señor”. Ese deseo descontrolado de tener más y más lleva a las personas a cometer grandes torpezas, algunas de ellas con daños irreversibles en las víctimas. Tito Bostrense dijo: “Entró Satanás en Judas, no violentamente, sino encontrando abierta una puerta: entró por medio de la avaricia”.

“La avaricia es insaciable, no teme a Dios ni respeta al hombre, ni perdona al padre ni guarda fidelidad al amigo; oprime a la viuda y se apodera de los bienes del huérfano”, dice San Agustín. Los avaros han ocasionado tanto daño al equilibrio y la paz social, ya que aliados entre sí, logran amasar fortunas tan grandes que impiden la participación equitativa del Bien Común por más personas. Contribuyen a la creación de estructuras injustas de marginación. En todo avaro hay una adicción tan grande a poseer dinero, algo así como una drogadicción que enloquece y embrutece al “consumidor”, alienándolo en un mundo iluso de vanidad y falsa seguridad. Su amor desordenado a sí mismo lo hace caer en soberbia y codicia.

El antídoto contra la avaricia, la curación de esta enfermedad, se llama amor y generosidad. Dios es amor y por lo tanto, infinita generosidad. Mientras más nos parezcamos a Dios, menos egoístas seremos. San Basilio el Magno, nos insta a ser lo más generosos posible haciéndonos ver que los frutos de benevolencia que hagamos revierten en beneficio nuestro.

(Sigue el próximo sábado).

101 años de Panamá América

 
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