El amor en la sociedad global
Mientras Adán y Eva convirtieron en puré de manzana el amor en el primigenio Edén, el hombre y la mujer actual, transforman el viejo elixir con que bendijeron sus cuerpos los dioses, en una vulgar pantalla, donde se divierten de manera virtual, en la libertina autopista de Internet.
Es la nueva serpiente con la coquetean los mortales en la Sociedad Global, en este solitario juego a la distancia, que la soledad, el ocio y el vicio le imponen al hombre y la mujer este siglo XXI, que comienza a acomodarse para ver pasar su propia e inédita película.
Adán y Eva, solitarios en el Paraíso, lo perdieron por una atracción fatal, el impulso que los llevó al bíblico exilio, sin que mediaran edictos o bandos castrenses, tan notorios en nuestros lares latinoamericanos, para no irnos lejos de nuestra geografía.
El amor fue el gran perdedor, porque nada más necesaria, urgente y vital que la relación humana natural entre sexos opuestos, la que ha traído a lo largo de los siglos guerras, conquistas, suicidios, secuestros, locura, muertes violentas, pérdida de principados o simple distanciamiento, pero raras veces indiferencia.
Los poetas han ejercido el derecho a la belleza y le han rendido culto a la vida terrenal, desde tiempos inmemoriales con versos al amor, y no han escatimado metáforas para referirse a la corriente que produce más electricidad entre dos seres humanos.
El amor, un tema de todos y de todos los tiempos, no importan las razas, edades, distancias, barreras sociales, porque el amor tiene su propio pasaporte y derriba muros, atraviesa montañas, y si es genuino, se instala, permanece sereno.
El amor no pasa de moda, crece callado, se expande como las burbujas, pero siempre es comunicación constante y encuentra su espacio propio y natural. No requiere de grandes festejos, porque en sí es una fiesta, la más secreta y verdadera, la íntima copa.
No deje que se le derrame el amor, evapore, se convierta en una pompa inalcanzable de jabón, dele un empujoncito cada día, derrámele un poco de agua y siémbrelo, después de todo como dijo el poeta Vicente Huidobro, hay que hacer crecer la rosa en el poema, para qué nombrarla.
2 mil años han transcurrido desde la expulsión de Adán y Eva del viejo Paraíso. Es lo que se estima a ojo de buen cubero. Tenían todo el tiempo y el mundo en sus manos, al menos lo que hasta esa época se conocía y era suficiente. Se perdieron en el follaje y su vida fue el símbolo de la fruta prohibida.
El hombre actual, digital, de la Sociedad Global, está en otra cosa, vive y siente de una manera muy distinta a los 20 siglos cristianos que le preceden. Ha creado su propio Paraíso, más bien dicho, fantasías, sucedáneos de la felicidad. Ya no tiene quien lo expulse, él mismo lo ha hecho. Una singular proeza en búsqueda de su extinción. Hoy, la llamada sociedad de la información, es un viaje por la carretera solitaria de Internet, el ciberespacio que ofrece casi todo a la medida de la imaginación digital del hombre actual. El sueño está en el ciberespacio, en lo desconocido surge la aventura y allí, en medio de la soledad y del anonimato, se inicia el contacto, la búsqueda y se van deshojando como margaritas las pistas de una conquista.
Se ha comenzado a hacer sexo por la pantalla, artificial, pero es un nuevo comienzo. En un principio era el amor....
Es la nueva serpiente con la coquetean los mortales en la Sociedad Global, en este solitario juego a la distancia, que la soledad, el ocio y el vicio le imponen al hombre y la mujer este siglo XXI, que comienza a acomodarse para ver pasar su propia e inédita película.
Adán y Eva, solitarios en el Paraíso, lo perdieron por una atracción fatal, el impulso que los llevó al bíblico exilio, sin que mediaran edictos o bandos castrenses, tan notorios en nuestros lares latinoamericanos, para no irnos lejos de nuestra geografía.
El amor fue el gran perdedor, porque nada más necesaria, urgente y vital que la relación humana natural entre sexos opuestos, la que ha traído a lo largo de los siglos guerras, conquistas, suicidios, secuestros, locura, muertes violentas, pérdida de principados o simple distanciamiento, pero raras veces indiferencia.
Los poetas han ejercido el derecho a la belleza y le han rendido culto a la vida terrenal, desde tiempos inmemoriales con versos al amor, y no han escatimado metáforas para referirse a la corriente que produce más electricidad entre dos seres humanos.
El amor, un tema de todos y de todos los tiempos, no importan las razas, edades, distancias, barreras sociales, porque el amor tiene su propio pasaporte y derriba muros, atraviesa montañas, y si es genuino, se instala, permanece sereno.
El amor no pasa de moda, crece callado, se expande como las burbujas, pero siempre es comunicación constante y encuentra su espacio propio y natural. No requiere de grandes festejos, porque en sí es una fiesta, la más secreta y verdadera, la íntima copa.
No deje que se le derrame el amor, evapore, se convierta en una pompa inalcanzable de jabón, dele un empujoncito cada día, derrámele un poco de agua y siémbrelo, después de todo como dijo el poeta Vicente Huidobro, hay que hacer crecer la rosa en el poema, para qué nombrarla.
2 mil años han transcurrido desde la expulsión de Adán y Eva del viejo Paraíso. Es lo que se estima a ojo de buen cubero. Tenían todo el tiempo y el mundo en sus manos, al menos lo que hasta esa época se conocía y era suficiente. Se perdieron en el follaje y su vida fue el símbolo de la fruta prohibida.
El hombre actual, digital, de la Sociedad Global, está en otra cosa, vive y siente de una manera muy distinta a los 20 siglos cristianos que le preceden. Ha creado su propio Paraíso, más bien dicho, fantasías, sucedáneos de la felicidad. Ya no tiene quien lo expulse, él mismo lo ha hecho. Una singular proeza en búsqueda de su extinción. Hoy, la llamada sociedad de la información, es un viaje por la carretera solitaria de Internet, el ciberespacio que ofrece casi todo a la medida de la imaginación digital del hombre actual. El sueño está en el ciberespacio, en lo desconocido surge la aventura y allí, en medio de la soledad y del anonimato, se inicia el contacto, la búsqueda y se van deshojando como margaritas las pistas de una conquista.
Se ha comenzado a hacer sexo por la pantalla, artificial, pero es un nuevo comienzo. En un principio era el amor....