El amor inventor de ideales
El cariz que ha adquirido en los últimos tres años la crisis nacional en lo económico, político y social tiene, por lo menos, un aspecto positivo: haber promovido diálogos y debates nacionales sobre la posibilidad de llegar a acuerdos (consensos) para resolver juntos los problemas más acuciantes del país: la educación, la salud, vivienda, la Caja de Seguro Social, la transparencia en el manejo de los fondos públicos y demás recursos del Estado. Los resultados no fueron los mejores, pero los intentos sí dejan un saldo positivo. Históricamente hablando, el proceso político, desde tiempo inmemorial, tuvo tendencia a la repetición. El intento de concertación ha sido y seguirá siendo motivo de consideración política en cualquier país en donde funcione el sistema democrático.
Somos muchos los panameños y panameñas convencidos de que la esperanza del mundo se halla en la afirmación de la democracia. América -y por supuesto Panamá- tiene que demostrar que la humanidad hallará en estos principios el camino más cierto hacia la paz, la prosperidad y la dicha. No podemos permitir que nuestro Panamá, por el hecho de haber comenzado a sentir el azote del hambre y la violencia, del rencor y hasta el miedo, tal como lo sorprendió la llegada de los primeros años del siglo XXI y el nuevo milenio, continúe de tumbo en tumbo a causa de un gobierno incapaz y un tanto desmoralizado ante la perspectiva de la tempestad que se avecina (la contienda política del 2004). ¡Pareciera que se nos está rodeando de peligros, y ojalá no tengamos que, como el escorpión encerrado dentro de un círculo de fuego, optar por clavarnos el aguijón suicida!.
La presidenta Moscoso, las mujeres y los hombres que ahora dirigen nuestra nación en cumplimiento a un mandato que emana del pueblo en función democrática, deben aprender a hacerse fuertes espiritualmente, misericordiosos y sobre todo justos. El ejercicio del poder y la presión de las responsabilidades que ello implica, deben dotarlos de un nueva fuerza: deben crecer al mismo tiempo que sus delicadas tareas. Todavía más: desde el comienzo de su mandato han debido darse cuenta de que el caótico tumulto de las opiniones exigía y aún exige una orientación felxible en vez de un dirección tozuda. La fe en el pueblo debe sobrevivir a las peores pruebas, pues tanto la guerra como el odio, el rencor y la venganza hacen aflorar lo peor de la naturaleza humana.
Pero hablemos del amor, esa palabra mágica que hace aflorar lo mejor de lo humano; recordemos que la renovación que opera el amor apunta directamente al corazón del hombre y la mujer. Y, además, no olvidemos que “la naturaleza nos ha dado un aviso elocuente: el primer golpe de sangre lo envía el corazón a la cabeza”. ¿Y qué es un pueblo? Un pueblo es un monumento que el amor se erige a sí mismo. Sin amor -que es simpatía, más respeto, más comprensión mutua- las piedras del edificio nacional huyen unas de otras y ponen sobre el paisaje la mueca lamentable de las ruinas. Un pueblo es, además, la unión de elementos antagónicos a quienes sólo puede mantener juntos una tarea común, la colaboración de un ideal. Por eso falta amor que es el inventor de ideales.
222las mujeres y los hombres que ahora dirigen nuestra nación en cumplimiento a un mandato que emana del pueblo en función democrática, deben aprender a hacerse fuertes espiritualmente...
En vez de gobernar para un partido político, de consentir el nepotismo y hechos de corrupción, de acometer actos de venganza, de usar la fuerza cuando la facilita el poder, de destituir masivamente viejos y experimentados empleados del servicio público, de perseguir, de encarcelar, etc., la política de gobierno debe ser una incesante iniciativa a vivir en forma solidaria. También la Biblia nos explica la tensa relación entre el mandamiento del amor y las órdenes de este mundo. Por todo lo expuesto, visto el panorama económico, político y social, crítico que vive Panamá, tres años y medio después del advenimiento del gobierno de la señora Moscoso, compele a los panameños responsables y desapasionados a buscar los medios aptos para la definitiva solución de los conflictos que estorbaban y aún estorban el progreso nacional. Todos los panameños y panameñas, sobre todo los buenos cristianos, debemos aportar este trabajo (nosotros lo realizamos en función docente).
Todavía queda algo de tiempo a la presidenta Moscoso y a su gobierno para que actúen con amor y sabiduría lo que hace posible hacer justicia. Amor y sabiduría de sacar grandeza de la armonía y perfección de lo pequeño. ¡Para lograrlo, se necesita también una gran dosis de coraje!. Quedamos a la espera, pues, de que tanto el Ejecutivo como los órganos Legislativo y Judicial, puedan demostrar al pueblo panameño y a la conciencia internacional tener el coraje suficiente para realizar la justicia que tanto anhela la nación panameña.
Barrera, quien se desplazó con su equipo de trabajo por dos días al área, realizó un operativo de búsqueda en los sectores incluyendo el interior de la residencia de la tía del niño, además en letrinas y otros sectores sospechosos.
Sostuvo que agotarán todas las vías para dar con el paradero del menor porque no puede ser posible que en las comunidades un niño desaparezca de esta manera tan abrupta.
Somos muchos los panameños y panameñas convencidos de que la esperanza del mundo se halla en la afirmación de la democracia. América -y por supuesto Panamá- tiene que demostrar que la humanidad hallará en estos principios el camino más cierto hacia la paz, la prosperidad y la dicha. No podemos permitir que nuestro Panamá, por el hecho de haber comenzado a sentir el azote del hambre y la violencia, del rencor y hasta el miedo, tal como lo sorprendió la llegada de los primeros años del siglo XXI y el nuevo milenio, continúe de tumbo en tumbo a causa de un gobierno incapaz y un tanto desmoralizado ante la perspectiva de la tempestad que se avecina (la contienda política del 2004). ¡Pareciera que se nos está rodeando de peligros, y ojalá no tengamos que, como el escorpión encerrado dentro de un círculo de fuego, optar por clavarnos el aguijón suicida!.
La presidenta Moscoso, las mujeres y los hombres que ahora dirigen nuestra nación en cumplimiento a un mandato que emana del pueblo en función democrática, deben aprender a hacerse fuertes espiritualmente, misericordiosos y sobre todo justos. El ejercicio del poder y la presión de las responsabilidades que ello implica, deben dotarlos de un nueva fuerza: deben crecer al mismo tiempo que sus delicadas tareas. Todavía más: desde el comienzo de su mandato han debido darse cuenta de que el caótico tumulto de las opiniones exigía y aún exige una orientación felxible en vez de un dirección tozuda. La fe en el pueblo debe sobrevivir a las peores pruebas, pues tanto la guerra como el odio, el rencor y la venganza hacen aflorar lo peor de la naturaleza humana.
Pero hablemos del amor, esa palabra mágica que hace aflorar lo mejor de lo humano; recordemos que la renovación que opera el amor apunta directamente al corazón del hombre y la mujer. Y, además, no olvidemos que “la naturaleza nos ha dado un aviso elocuente: el primer golpe de sangre lo envía el corazón a la cabeza”. ¿Y qué es un pueblo? Un pueblo es un monumento que el amor se erige a sí mismo. Sin amor -que es simpatía, más respeto, más comprensión mutua- las piedras del edificio nacional huyen unas de otras y ponen sobre el paisaje la mueca lamentable de las ruinas. Un pueblo es, además, la unión de elementos antagónicos a quienes sólo puede mantener juntos una tarea común, la colaboración de un ideal. Por eso falta amor que es el inventor de ideales.
222las mujeres y los hombres que ahora dirigen nuestra nación en cumplimiento a un mandato que emana del pueblo en función democrática, deben aprender a hacerse fuertes espiritualmente...
En vez de gobernar para un partido político, de consentir el nepotismo y hechos de corrupción, de acometer actos de venganza, de usar la fuerza cuando la facilita el poder, de destituir masivamente viejos y experimentados empleados del servicio público, de perseguir, de encarcelar, etc., la política de gobierno debe ser una incesante iniciativa a vivir en forma solidaria. También la Biblia nos explica la tensa relación entre el mandamiento del amor y las órdenes de este mundo. Por todo lo expuesto, visto el panorama económico, político y social, crítico que vive Panamá, tres años y medio después del advenimiento del gobierno de la señora Moscoso, compele a los panameños responsables y desapasionados a buscar los medios aptos para la definitiva solución de los conflictos que estorbaban y aún estorban el progreso nacional. Todos los panameños y panameñas, sobre todo los buenos cristianos, debemos aportar este trabajo (nosotros lo realizamos en función docente).
Todavía queda algo de tiempo a la presidenta Moscoso y a su gobierno para que actúen con amor y sabiduría lo que hace posible hacer justicia. Amor y sabiduría de sacar grandeza de la armonía y perfección de lo pequeño. ¡Para lograrlo, se necesita también una gran dosis de coraje!. Quedamos a la espera, pues, de que tanto el Ejecutivo como los órganos Legislativo y Judicial, puedan demostrar al pueblo panameño y a la conciencia internacional tener el coraje suficiente para realizar la justicia que tanto anhela la nación panameña.
Barrera, quien se desplazó con su equipo de trabajo por dos días al área, realizó un operativo de búsqueda en los sectores incluyendo el interior de la residencia de la tía del niño, además en letrinas y otros sectores sospechosos.
Sostuvo que agotarán todas las vías para dar con el paradero del menor porque no puede ser posible que en las comunidades un niño desaparezca de esta manera tan abrupta.