El amor materno, como yo lo siento
A mí me gusta muchísimo escribir sobre el amor; mis dedos se deslizan suavemente cuando lo intento y mi mente salta de alegría porque la nutro de lo mejor que hay en la vida.
Hoy viviré el presente pero regresaré también al pasado para deleitarme con el amor más altruista que hay; el amor de madre.
De todos los vínculos emocionales es el más elevado y el más sagrado.
Este amor va en crescendo y se mantiene así desde que uno nace, hasta y después que se es mayor y casado.
Es tan sublime que jamás decrece, se irradia en los nietos y los biznietos, como es mi caso.
Las madres sabemos que el camino del amor es aprender a envejecer con el corazón joven gozando la alegría de vivir para transmitirla.
Las madres sabemos que la felicidad consiste en agradecer lo que se tiene y amar hasta nunca terminar.
Las madres sabemos que es maravilloso haber tenido la oportunidad de decirle a nuestra familia cuanto la queremos y muchas veces las palabras sobran.
En mi memoria ha permanecido imborrable la noche de mi graduación de secundaria.
Fue en el Teatro Nacional y parte de la familia ocupaba un palco. Cuando le entregue el diploma a mi madre ella me dio un fuerte abrazo y yo sentí que sus lágrimas rozaban mis mejillas.
Después, puso en mis manos un anillo de oro en filigrana, con un pequeño brillante.
Ella lo había pagado poco a poco.
Mi madre tenía 40 años de no ir a Medellín, Colombia, su tierra natal. "Vamos a buscar mis raíces" le dije, cuando ya yo me había casado. En una semana arreglamos todo.
Caminando por una de esas plazas tropezamos con una señora; se parecía tanto a mi madre que se abrazaron.
Era su prima, mi madre me dijo "hija, hoy mi amor por ti se desborda porque haz hecho realidad mi sueño.
Aquel lazo de amor ha permanecido a través del tiempo porque ese querer hasta nunca terminar que ella me enseño jamás se ha desvanecido.
Por un buen rato hubo un varón y cuatro mujeres que componía la descendencia familiar. El era el mayor y nosotros, por celos, sentíamos que era el preferido.
Una tarde mi madre nos reunió y nos dijo: "los celos corroen el alma y nubla el pensamiento. El yo se diluye en manifestaciones opacas que el corazón sufre por falta de oxígeno. Yo soy humilde pero hablo claro. Nosotros somos como la Rosa Té que crece en ramos; no como la Flor Española que se promueve solita".
Mi madre murió de una larga y penosa enfermedad; pero yo la recuerdo llena de vida, trabajando para su prole numerosa.
En cuanto a mí, como madre, abuela y bisabuela he aprendido que por cada noche oscura de terror, hay un crepúsculo de esperanza.
Hoy viviré el presente pero regresaré también al pasado para deleitarme con el amor más altruista que hay; el amor de madre.
De todos los vínculos emocionales es el más elevado y el más sagrado.
Este amor va en crescendo y se mantiene así desde que uno nace, hasta y después que se es mayor y casado.
Es tan sublime que jamás decrece, se irradia en los nietos y los biznietos, como es mi caso.
Las madres sabemos que el camino del amor es aprender a envejecer con el corazón joven gozando la alegría de vivir para transmitirla.
Las madres sabemos que la felicidad consiste en agradecer lo que se tiene y amar hasta nunca terminar.
Las madres sabemos que es maravilloso haber tenido la oportunidad de decirle a nuestra familia cuanto la queremos y muchas veces las palabras sobran.
En mi memoria ha permanecido imborrable la noche de mi graduación de secundaria.
Fue en el Teatro Nacional y parte de la familia ocupaba un palco. Cuando le entregue el diploma a mi madre ella me dio un fuerte abrazo y yo sentí que sus lágrimas rozaban mis mejillas.
Después, puso en mis manos un anillo de oro en filigrana, con un pequeño brillante.
Ella lo había pagado poco a poco.
Mi madre tenía 40 años de no ir a Medellín, Colombia, su tierra natal. "Vamos a buscar mis raíces" le dije, cuando ya yo me había casado. En una semana arreglamos todo.
Caminando por una de esas plazas tropezamos con una señora; se parecía tanto a mi madre que se abrazaron.
Era su prima, mi madre me dijo "hija, hoy mi amor por ti se desborda porque haz hecho realidad mi sueño.
Aquel lazo de amor ha permanecido a través del tiempo porque ese querer hasta nunca terminar que ella me enseño jamás se ha desvanecido.
Por un buen rato hubo un varón y cuatro mujeres que componía la descendencia familiar. El era el mayor y nosotros, por celos, sentíamos que era el preferido.
Una tarde mi madre nos reunió y nos dijo: "los celos corroen el alma y nubla el pensamiento. El yo se diluye en manifestaciones opacas que el corazón sufre por falta de oxígeno. Yo soy humilde pero hablo claro. Nosotros somos como la Rosa Té que crece en ramos; no como la Flor Española que se promueve solita".
Mi madre murió de una larga y penosa enfermedad; pero yo la recuerdo llena de vida, trabajando para su prole numerosa.
En cuanto a mí, como madre, abuela y bisabuela he aprendido que por cada noche oscura de terror, hay un crepúsculo de esperanza.