El año del tsunami
El 26 de diciembre de 2004, un terremoto de grado 9, 5 en la escala de Richter provocó un maremoto en el océano Índico. El "tsunami" que generó asoló sobre todo a cinco países asiáticos: Indonesia, Sri Lanka, Tailandia, Bangladesh e India. Su magnitud fue tal que se llegaron a registrar víctimas hasta en Somalia. Un año después aún recordamos las imágenes que dieron la vuelta al mundo el día que el mar decidió tragarse la tierra.
La comunidad internacional reaccionó de forma inmediata ante la destrucción que las olas gigantes causaron en los distintos países. Fue la crisis humanitaria con mayor importe de donaciones de la historia. Las cifras de muerte y destrucción no podían albergar otra reacción: 224 mil muertos, más de un millón y medio de personas perdieron su hogar y centenares de kilómetros de costa fueron arrasados, al igual que cientos de miles de puestos de trabajo.
La situación un año después ha mejorado. Las inversiones realizadas en los países han dado sus frutos. Un 60% de los afectados ha recuperado su empleo y muchas de las infraestructuras relacionadas con el turismo, una de las principales fuentes de ingresos de los países afectados, se han recuperado. Pero aún queda demasiado trabajo por hacer.
A pesar de todo el dinero, un 80% de los afectados todavía espera una vivienda estable, muchos de ellos viven en campamentos al estilo de los refugiados o desplazados de una guerra: en Indonesia, medio millón de personas vive todavía en alojamientos provisionales. Y muchas familias siguen dependiendo a día de hoy de raciones alimentarias de supervivencia.
Las expectativas más optimistas consideran que en torno al año 2008, el panorama podrá volver a la situación anterior al tsunami, pero según Alex Jones, coordinador de las operaciones post tsunami de la FAO "una recuperación sostenible supone una tarea y un esfuerzo que dura entre cinco y diez años". Apunta además que la costa occidental de Aceh (Indonesia, la zona más afectada) será zona catastrófica durante los próximos años.
A pesar de que las cifras barajadas son cuantiosas, muchas ONG advierten de que los daños materiales producidos por el tsunami suponen diez veces más que la cantidad de las ayudas prometidas.
Asimismo, una de las medidas que se han tomado para evitar hipotéticas situaciones similares de prohibir la construcción en las zonas próximas a la costa (varía según el país, puede ser desde 100 metros hasta dos kilómetros de ancho) conlleva el traslado de pueblos enteros, con la más que posible pérdida de identidad que una acción así puede conllevar.
Calang, un pueblo de la costa de Aceh, perdió el 90% de su población. Económicamente se recuperará, se podrá edificar, pero no se podrá formar una comunidad, sin maestros de escuela, sin administración. El dinero no es la solución para todo, debe haber otras formas de ayuda. Sucede lo mismo con muchos pescadores que, tras aquella mañana fatídica, tienen pavor al mar, necesitan ayuda psicológica.
Casi un año después, los esfuerzos realizados por organizaciones, gobiernos, asociaciones y demás han sentado una base muy buena sobre la que se deben asentar las labores de desarrollo futuras. Pero no se puede olvidar a estos países durante años, no es suficiente.
(*)Agencia de Información Solidaria.
La comunidad internacional reaccionó de forma inmediata ante la destrucción que las olas gigantes causaron en los distintos países. Fue la crisis humanitaria con mayor importe de donaciones de la historia. Las cifras de muerte y destrucción no podían albergar otra reacción: 224 mil muertos, más de un millón y medio de personas perdieron su hogar y centenares de kilómetros de costa fueron arrasados, al igual que cientos de miles de puestos de trabajo.
La situación un año después ha mejorado. Las inversiones realizadas en los países han dado sus frutos. Un 60% de los afectados ha recuperado su empleo y muchas de las infraestructuras relacionadas con el turismo, una de las principales fuentes de ingresos de los países afectados, se han recuperado. Pero aún queda demasiado trabajo por hacer.
A pesar de todo el dinero, un 80% de los afectados todavía espera una vivienda estable, muchos de ellos viven en campamentos al estilo de los refugiados o desplazados de una guerra: en Indonesia, medio millón de personas vive todavía en alojamientos provisionales. Y muchas familias siguen dependiendo a día de hoy de raciones alimentarias de supervivencia.
Las expectativas más optimistas consideran que en torno al año 2008, el panorama podrá volver a la situación anterior al tsunami, pero según Alex Jones, coordinador de las operaciones post tsunami de la FAO "una recuperación sostenible supone una tarea y un esfuerzo que dura entre cinco y diez años". Apunta además que la costa occidental de Aceh (Indonesia, la zona más afectada) será zona catastrófica durante los próximos años.
A pesar de que las cifras barajadas son cuantiosas, muchas ONG advierten de que los daños materiales producidos por el tsunami suponen diez veces más que la cantidad de las ayudas prometidas.
Asimismo, una de las medidas que se han tomado para evitar hipotéticas situaciones similares de prohibir la construcción en las zonas próximas a la costa (varía según el país, puede ser desde 100 metros hasta dos kilómetros de ancho) conlleva el traslado de pueblos enteros, con la más que posible pérdida de identidad que una acción así puede conllevar.
Calang, un pueblo de la costa de Aceh, perdió el 90% de su población. Económicamente se recuperará, se podrá edificar, pero no se podrá formar una comunidad, sin maestros de escuela, sin administración. El dinero no es la solución para todo, debe haber otras formas de ayuda. Sucede lo mismo con muchos pescadores que, tras aquella mañana fatídica, tienen pavor al mar, necesitan ayuda psicológica.
Casi un año después, los esfuerzos realizados por organizaciones, gobiernos, asociaciones y demás han sentado una base muy buena sobre la que se deben asentar las labores de desarrollo futuras. Pero no se puede olvidar a estos países durante años, no es suficiente.
(*)Agencia de Información Solidaria.