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El arte de presentarse bien


Cierto es que la prolijidad y la higiene física son preocupaciones irrenunciables. El desaliño y el desaseo dan derecho a formarse un pobre concepto del ser despreocupado. Por eso una de las reglas del comportamiento humano, es aquella que nos aconseja presentarnos correctamente vestidos en el trato con nuestros semejantes. Para comprender la importancia de esto bastará proceder por el absurdo e imaginar por un momento cómo sería la sociedad si sus integrantes descuidaran ese detalle, fueran improlijos y desaliñados, incluso sucios!.
Ahora que una moda sin sentido alguno impulsa a muchos jóvenes a presentarse descuidados en el aspecto externo, estamos en mejores condiciones de captar el sentido de esta regla del comportamiento. Los cultores de esa moda automáticamente quedan marginados del trato social, se les pierde toda consideración y en algunos casos hasta se les persigue por la fuerza pública, precisamente porque sus vestimentas, su desaliño general, su falta de higiene corporal, son otros tantos signos de que no acatan las normas básicas del comportamiento humano desde el momento mismo en que han decidido burlarse de toda la sociedad, actuando en sentido contrario.
No estamos preconizando ni mucho menos que el mundo se llene de atildados petimetres, ni creemos necesario que el aspecto personal, al cuidado de un peinado o una vestimenta se destine más tiempo que el normalmente necesario. Pero sí insistimos en que es indispensable, por consideración a la propia persona y a los semejantes, vestir correctamente y no ofender con evidentes indicios de haber faltado a lo esencial de la higiene.
El descuido en el vestir muchas veces no es un detalle aislado de la personalidad, sino la resultante de un descuido general, y lo que es peor, un índice claro de que quien así se comporta no asume totalmente su papel en la sociedad y no está por lo tanto en condiciones de representarla dignamente. Quien se acostumbra a vivir en el desorden personal y en la ausencia de higiene física, está más propenso a caer en los dominios de la insoluble y sombría inmoralidad.
Finalmente, quien se viste con rebuscamiento y cuida su pulcritud exterior es sano de cuerpo y de alma, y por ende es un miembro de la sociedad digno de que ésta confíe en él y le abra un lugar de acuerdo con sus merecimientos.

101 años de Panamá América

 
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