El asesinato de Danger Man
C ualquier asesinato es lamentable, porque nos recuerda a diario el fracaso de la estrategia de seguridad pública de éste y otros gobiernos. No abundaremos en lo que representó el personaje, sólo para destacar los extremos a que llega un problema que alcanza a todos.
El laureado periodista Andrés Oppenheimer, en sus "Cuentos chinos" dedica varias páginas a explicar cómo América Latina se ha convertido en la región más violenta y peligrosa del mundo, con ciudades emblemáticas como México, Río de Janeiro y San Salvador a la cabeza, con lo que ello conlleva en términos de fuga y desaliento a las inversiones y capitales extranjeros que tanto se necesitan para combatir la pobreza y la marginalidad. Menciona la opinión de estudiosos del fenómeno de la criminalidad, quienes describen el círculo vicioso de cómo el crimen, al ahuyentar las inversiones, acrecienta la pobreza y ésta a su vez la incidencia de más delitos generadores de más pobreza y más crimen, y de allí al infinito. Para aquéllos, los latinoamericanos estamos equivocados. No es la pobreza la que causa el crimen, es más bien éste el que causa la pobreza al espantar el capital creador de riqueza y empleos.
Si queremos mejorar la seguridad, en vez de empezar mitigando la pobreza, tenemos que iniciar erradicando la criminalidad para así brindar seguridad para atraer las inversiones necesarias para terminar con la pobreza. Los panameños lo estamos entendiendo al revés. El actual auge se nos irá al diablo si dejamos que la criminalidad siga tomando cuerpo. Las mismas empresas que hoy llegan a raudales se mudarán en pandilla a Miami.