El autoengaño del PRD
El haber llegado al solio presidencial dos veces en los últimos veinte años, hace creer a algunos dirigentes del Partido Revolucionario Democrático (PRD) que el pueblo panameño, en algunas ocasiones, le propicia sus favores y comunión. Nada más alejado de la realidad.
Si el observador exigente revisa bien las estadísticas, encontrará que jamás la democracia panameña ha beneficiado al PRD. Todo lo contrario. La mayoría de los sufragios siempre van a parar a las toldas de enfrente, la de los civilistas. Panamá no olvida los muertos, los desaparecidos, los torturados, los fraudes, los vejámenes ni el apoyo a las tropelías militaristas. Mientras ese saldo siga pendiente; mientras las heridas estén abiertas y el PRD insista en ignorar su pasado; mientras no pida perdón, así seguirá siendo.
Resulta chocante que dirigentes perredistas se atrevan a decir que su colectivo "es el partido que nació por y para el pueblo" panameño. Cualquiera de ellos que pretenda aspirar a una candidatura presidencial en el futuro, tendrá que guiar al partido hacia el espinoso purgatorio de la aceptación de sus culpas, del arrepentimiento, y de la súplica por el perdón nacional. Si no se hace así, los resultados siempre serán los mismos.
No significa que nunca volverían al poder. Ese caprichoso y a veces absurdo diseño de la democracia electoral panameña, podría permitirles otra oportunidad. Pero será otro autoengaño. Nada que ver con la verdad irrefutable de que Panamá jamás le dará su apoyo, a menos que venga por delante la compunción por su pasado tormentoso.