El ayer y el hoy
Me siento obligado a hacer unas reflexiones personales en torno al debate que se ha planteado sobre el TPC con Estados Unidos (EE.UU.) y las exigencias que parecieran existir para lograr su aprobación en ese país, ahora sin el beneficio de la vía rápida o “fase track”. Las mismas no son ni deben tomarse como el punto de vista del gobierno entrante.
En 1990, he mencionado antes, EE.UU. presentó a Panamá cinco borradores de tratados relativos al combate con el narcotráfico y asistencia legal. En el paquete venía el de intercambio de información fiscal que fue rechazado de plano y jamás fue considerado. En esos tiempos, el país estaba recién invadido, ocupado militarmente, la banca aún con depósitos congelados y la institucionalidad casi inexistente. De la negociación y firma de tal paquete de tratados dependía en buena medida y así lo condicionaron, la ayuda económica para la recuperación del país, plasmada en acuerdos de otro tipo que sufrieron toda suerte de rigores, incluso sus demandas ante la Corte Suprema de Justicia. El Dr. Miguel J. Moreno dijo, siendo Presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, que esos momentos podrían compararse únicamente con los vividos luego de nuestra independencia, y tenía toda la razón. Imperó una profunda defensa del interés nacional y se llegó hasta estudiar la declinación de la ayuda económica si la misma venía atada a la vulneración de ese interés.
Ayer, las alegaciones sobre Panamá no variaban mucho de las que hoy se dicen. Para sectores senatoriales éramos un paraíso no sólo fiscal, sino la cuna del lavado de dinero y del contrabando a través de la Zona Libre y la banca. Jamás aportaron mayores evidencias y en muchas ocasiones nos defendíamos con cifras y hechos que manifestaban con claridad que el país era conducido por gente decente tratando de enrumbarlo luego de lo que fue la dictadura militar con quien tantos buenos ratos pasaron. Muchas fueron las protestas y distanciamientos diplomáticos, pero finalmente se lograron acuerdos satisfactorios para ambas partes, a pesar de todo. Hay que saber plantarse y hacerse respetar siempre, bajo el principio de igualdad de las naciones.
Hoy el TPC se ve muriendo luego del intento por resucitarlo bajo condiciones distintas. Las alegaciones que sustentan los condicionamientos de hoy no difieren en el fondo de las de entonces.
Sigo sosteniendo que el TPC, a pesar de que reconozco su valor y lo respaldo, no es indispensable y representa, a mi juicio, un valor agregado a nuestra posición geográfica, mas no la tabla de salvación a todos nuestros problemas. Pasar leyes apresuradas para salvarle la vida a un tratado que el propio gobierno actual frustró no es responsable. Creo, además, que los condicionamientos son en extremo onerosos y es falso que los mismos sean la solución a los problemas que para EE.UU. dicen representar.
Esperemos con calma mejores momentos para hablar del tema y no convirtamos este asunto en uno que puede empantanar el inicio de las relaciones de EE.UU. con el nuevo gobierno sobre temas que sí son de gran valor en la agenda bilateral. Esta es mi humilde opinión.