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El baile debe seguir


Pocas veces, en un período tan breve, un funcionario escogido por voto popular ha acumulado tantos señalamientos. Bosco Ricardo Vallarino llegó a la alcaldía capitalina cargado de promesas, con énfasis y agresividad en el discurso contra sus rivales, en medio de un debate sobre su nacionalidad, y con el voto desorejado de quienes depositaron en él plena confianza. Pareciera que en su contra se resume un expediente que lo tiene a él mismo como su principal forjador. Ni siquiera las anunciadas posadas navideñas están exentas de sospechas, menos los parques acuáticos móviles, y la semana venidera podría ser crucial para el burgomaestre. La trama deja la percepción de que en su descalabro el alcalde Vallarino ha unificado en su contra criterios y posiciones que de otra manera jamás habrían llegado a comulgar. No sólo figura la crítica lógica y el rechazo de sus opositores naturales, sino que, mientras que en las filas de su propio partido surgen impotentes sugerencias y consejos, entre sus aliados la descalificación crece. Pese a ello la semana terminó con un Bosco Ricardo optimista, diciéndole a todo el mundo que él permanecerá en la alcaldía los cinco años para los que fue electo. Poco creíble, la aseveración parece dejar en evidencia un asimetría lamentable entre el sueño del alcalde y esa fragmentada realidad que se va desgajando como cuando la lluvia desmistifica a los ídolos de barro. ¿Habrá comprendido el señor Alcalde que una responsabilidad como esa es mucho más que bailar por un sueño?

101 años de Panamá América

 
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