default

El buen inicio de Harley Mitchell


Ningún nuevo magistrado de la Corte Suprema de Justicia tuvo en las últimas cinco décadas un inicio tan trepidante como este brillante jurista, oriundo de Bocas del Toro, egresado de la Universidad Javeriana de Colombia. Ratificado en tan sólo un día, en medio de severas críticas que apuntaban a su larga foja de servicio en la Asamblea Nacional, poniendo en entredicho su imparcialidad como nuevo integrante en un organismo que es encargado de juzgar a los diputados. Harley Mitchell soportó las andanadas con estoicismo y modestia, dejando escapar en su rostro, una serena sonrisa y ninguna incomodidad.
"Cada quien tiene derecho a opinar. Soy tan sólo un servidor público. Me debo al pueblo soberano y a él rendiré cuentas del contenido de mis fallos. Este puesto no es mío, es de la Nación", expresiones lapidarias que exteriorizó con sencillez y humildad, como nadie antes. Y no pudimos menos que saltar de entusiasmo, en medio del generalizado escepticismo y desconfianza. "Estoy decepcionado de la Justicia", dijo una vez el presidente Martín Torrijos".
Este diario lleva doce años opinando en el mismo sentido, sin hallar respuesta alguna, salvo el tradicional y superado argumento de que los jueces sólo hablan a través de sus fallos. Recordamos al respecto la intervención del presidente del máximo tribunal de Costa Rica quien durante el I Congreso de Cortes Supremas de las Américas, celebrado en Panamá, dijo que en su país el secretismo y mutismo de los tribunales frente a la exigencia ciudadana de que explicaran sus decisiones, había sido superado. Yo -dijo- no tengo ningún inconveniente en explicar mis fallos, una vez pronunciados, y responder a las críticas.
Del deber de rendir cuentas, ningún funcionario está excluido, incluyendo a jueces, magistrados, fiscales, personeros y procuradores. Lo expresado por Mitchell no fue casualidad, ni producto de una improvisada y emocionada reacción ante su nombramiento. Él es especialista y profesor de maestría en Derecho Constitucional. Estamos en presencia de una conclusión largamente ponderada y estudiada. En materia de rendición de cuentas, nadie puede darle lecciones. Cuando afirma que "el pueblo es el soberano", está en lo correcto porque la Constitución dice que el poder público emana del pueblo. El pueblo da o quita el poder, dicta o deroga constituciones, con o sin cláusula de reforma, porque él es el "poder originario", como lo reconocen los principales tratadistas de la materia. Y los colegas magistrados de Mitchell será mejor que se acostumbren.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América