El buen político
Desde que el ser humano empezó a vivir en las primeras organizaciones sociales, el ejercicio de la Política se convirtió en parte de la vida diaria de las comunidades; claro que al principio ésta se practicaba de formas distintas a las conocidas por nosotros y sus peculiaridades dependían del tipo de organización en particular. No obstante, desde el nacimiento de las primeras civilizaciones de mayor envergadura, tanto en el lejano como en el cercano oriente, el sistema de administración gubernamental se convirtió en la principal herramienta que ubicaba a las mismas en un plano político y social completamente distinto a las primeras formas de sociedad.
Las primeras civilizaciones orientales -China, India, Egipto, Mesopotamia- tenían formas de gobierno muy distintas entre sí, pero que se fundamentaban en un concepto común, "dirigir a los pueblos"; en medio de este precedente, la Política como tal jugaba el papel preponderante de ser la base bajo la cual se movía el aparato administrativo público, estableciendo las reglas que determinaban quién podía o no participar en la vida gubernamental de las primeras formas de Estado.
El ser humano es un ente político por naturaleza, ya que el mismo genera acciones para administrar el medio en que vive y desenvolverse en él, cosa que ha dejado clara desde los inicios de su vida en comunidad; sin embargo, a pesar de ejercer tan inspirador arte, no fue hasta la época de la antigua Grecia -cuando el Estado como tal ya se había instituido, hacia el siglo VI antes de Cristo-, que se le dio definición al término Política como tal. El reconocido filósofo y realista griego, Aristóteles, definió Política como "el estudio sistemático y científico del Estado, para lograr un mejor funcionamiento de este".
222 El ser humano es un ente político por naturaleza, ya que el mismo genera acciones para administrar el medio en que vive y desenvolverse en él, cosa que ha dejado clara desde los inicios de su vida en comunidad...
A partir de ese concepto, son muchas las mentes pensantes posteriores a Aristóteles que han buscado la forma de definir Política. Nicolás Maquiavelo, por ejemplo, la definió, muchos siglos después, como "el arte por el cual el gobernante llega al poder y se mantiene mediante la dominación de los hombres"; no obstante, su tesis colmada de tiranía no pasó de ser sólo la posición de alguien que veía el poder únicamente en la imposición. Luego de unos 2500 años, el concepto aristotélico de Política continúa siendo la base fundamental sobre la cual se mueven los axiomas de cientos de especialistas contemporáneos en estudios políticos.
Hay que recordar que Aristóteles aplicó los "métodos científicos" de su época al estudio del Estado, y por este increíble trabajo es considerado el "Padre de la Ciencia Política", aquella Ciencia Política que el panameño César Quintero describe como "Estudio global y total del Estado, como entidad de poder y además abarca en su campo, el estudio del Gobierno"
La Política es, fundamentalmente, la ciencia y el arte de administrar; y desde este punto de vista, es considerada la más inspiradora de las virtudes humanas; ya que como ciencia analiza los hechos y provee los conocimientos de hacia dónde debe ir el Estado, dando soluciones a los problemas concretos de éste; y como arte, investiga los procedimientos y estrategias que el gobierno, como ente regente del Estado, debe poner en práctica a fin de cumplir con las aspiraciones y metas de éste.
Desde aquí podemos hacer una análisis de lo que realmente es ser un buen político; más aún, luego de las últimas opiniones que sobre este tema han dado algunos de los que hoy nos gobiernan. La última encuesta de La Prensa determinó que, según la opinión de los encuestados, Ernesto Pérez Balladares es mejor político que Mireya Moscoso, cosa que, desde el punto de vista de la verdadera Ciencia Política, es una verdad a medias; no obstante, si lo vemos desde otro plano, es real. La Política -desde el punto de vista de Estado- se puede dividir en dos áreas, Política de Principios -la que se basa en los conceptos aristotélicos- y Política de Juicio, -la que es amoldada a los preceptos personales de aquellos que participan en la vida pública-; dentro de esta última, se pueden incluir todos aquellos que aseguran que haber roto a la oposición en veinte pedazos o que haber sido un gobernante de imposiciones, es ser buen político; dentro de la Política de Juicio, repleta de retórica demagógica, claro que sí, ambos -o uno más que otro- son buenos políticos; pero dentro de la de Principios, no se puede siquiera hacer comparación, porque ni Pérez Balladares ni Moscoso forman parte de la misma.
La Política de Principios, que no existe en nuestros administradores, es la que responde a las prioridades del Estado, que somos todos; es la que hace valer, a través de un razonamiento objetivo, los principios humanos de libertad, justicia, progreso y unidad, dentro de la igualdad. Aquel que haga eco de la Política de Principios, es buen político.
(augusto2312@hotmail.com)
Las primeras civilizaciones orientales -China, India, Egipto, Mesopotamia- tenían formas de gobierno muy distintas entre sí, pero que se fundamentaban en un concepto común, "dirigir a los pueblos"; en medio de este precedente, la Política como tal jugaba el papel preponderante de ser la base bajo la cual se movía el aparato administrativo público, estableciendo las reglas que determinaban quién podía o no participar en la vida gubernamental de las primeras formas de Estado.
El ser humano es un ente político por naturaleza, ya que el mismo genera acciones para administrar el medio en que vive y desenvolverse en él, cosa que ha dejado clara desde los inicios de su vida en comunidad; sin embargo, a pesar de ejercer tan inspirador arte, no fue hasta la época de la antigua Grecia -cuando el Estado como tal ya se había instituido, hacia el siglo VI antes de Cristo-, que se le dio definición al término Política como tal. El reconocido filósofo y realista griego, Aristóteles, definió Política como "el estudio sistemático y científico del Estado, para lograr un mejor funcionamiento de este".
222 El ser humano es un ente político por naturaleza, ya que el mismo genera acciones para administrar el medio en que vive y desenvolverse en él, cosa que ha dejado clara desde los inicios de su vida en comunidad...
A partir de ese concepto, son muchas las mentes pensantes posteriores a Aristóteles que han buscado la forma de definir Política. Nicolás Maquiavelo, por ejemplo, la definió, muchos siglos después, como "el arte por el cual el gobernante llega al poder y se mantiene mediante la dominación de los hombres"; no obstante, su tesis colmada de tiranía no pasó de ser sólo la posición de alguien que veía el poder únicamente en la imposición. Luego de unos 2500 años, el concepto aristotélico de Política continúa siendo la base fundamental sobre la cual se mueven los axiomas de cientos de especialistas contemporáneos en estudios políticos.
Hay que recordar que Aristóteles aplicó los "métodos científicos" de su época al estudio del Estado, y por este increíble trabajo es considerado el "Padre de la Ciencia Política", aquella Ciencia Política que el panameño César Quintero describe como "Estudio global y total del Estado, como entidad de poder y además abarca en su campo, el estudio del Gobierno"
La Política es, fundamentalmente, la ciencia y el arte de administrar; y desde este punto de vista, es considerada la más inspiradora de las virtudes humanas; ya que como ciencia analiza los hechos y provee los conocimientos de hacia dónde debe ir el Estado, dando soluciones a los problemas concretos de éste; y como arte, investiga los procedimientos y estrategias que el gobierno, como ente regente del Estado, debe poner en práctica a fin de cumplir con las aspiraciones y metas de éste.
Desde aquí podemos hacer una análisis de lo que realmente es ser un buen político; más aún, luego de las últimas opiniones que sobre este tema han dado algunos de los que hoy nos gobiernan. La última encuesta de La Prensa determinó que, según la opinión de los encuestados, Ernesto Pérez Balladares es mejor político que Mireya Moscoso, cosa que, desde el punto de vista de la verdadera Ciencia Política, es una verdad a medias; no obstante, si lo vemos desde otro plano, es real. La Política -desde el punto de vista de Estado- se puede dividir en dos áreas, Política de Principios -la que se basa en los conceptos aristotélicos- y Política de Juicio, -la que es amoldada a los preceptos personales de aquellos que participan en la vida pública-; dentro de esta última, se pueden incluir todos aquellos que aseguran que haber roto a la oposición en veinte pedazos o que haber sido un gobernante de imposiciones, es ser buen político; dentro de la Política de Juicio, repleta de retórica demagógica, claro que sí, ambos -o uno más que otro- son buenos políticos; pero dentro de la de Principios, no se puede siquiera hacer comparación, porque ni Pérez Balladares ni Moscoso forman parte de la misma.
La Política de Principios, que no existe en nuestros administradores, es la que responde a las prioridades del Estado, que somos todos; es la que hace valer, a través de un razonamiento objetivo, los principios humanos de libertad, justicia, progreso y unidad, dentro de la igualdad. Aquel que haga eco de la Política de Principios, es buen político.
(augusto2312@hotmail.com)
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