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El cabo suelto


Los incautos que creyeron que las reformas a la ley electoral, referentes a las elecciones primarias eran una muestra de que este gobierno pretendía fortalecer el proceso de democratización del país, nuevamente se equivocaron. Como también se equivocan quienes piensan que lo que ocurre en estos momentos en el Partido Arnulfista, no va a causar resentimientos y división a lo interno de ese colectivo político, lo que sin lugar a dudas repercutirá en el resto de la oposición.
La táctica del PRD es obvia: divide y vencerás. Las reformas aludidas forman parte del paquete de actividades que el gobierno ha ejecutado para provocar la escisión de la oposición, desde que soltaron la bola sobre la reelección del Presidente. Los hechos así lo demuestran: infiltración en el seno de partidos potencialmente beligerantes (casos MOLIRENA y Papa Egoró), ofrecimiento de cargos públicos a connotadas figuras de oposición, y campañas de desprestigio contra quienes se opongan a las pretensiones del mandatario y sus seguidores. Ninguna de estas medidas pudo afectar a los arnulfistas. Era necesrio atar el cabo que quedaba suelto... la solución: elecciones primarias.
Para que se comprenda por qué las elecciones primarias tienen una finalidad distinta al fortalecimiento de la democracia en Panamá, lo primero que debe precisarse es que esta institución política es parte de la estructura electoral de países con una cultura democrática probada y avanzada, en donde, por lo general, no existe una gran cantidad de partidos políticos y más bien se da una polarización en dos bandos plenamente definidos. Por ejemplo, en el caso de los Estados Unidos de América el debate entre copartidarios en la contienda primaria es visceral, pero después de las elecciones el perdedor sigue siendo demócrata o republicano, según sea el caso, y no sale corriendo a engrosar las filas del partido adversario. Solamente los ilusos se tragan que los políticos panameños están preparados para esto.
Aunado a lo anterior, resulta curioso que en nuestro país es el directorio de cada partido político el que debe señalar las pautas respecto a los mecanismos para desarrollar las primarias. Es decir, que cada partido va a hacer lo que mejor le parezca en las primarias, lo que va a traer como consecuencia inconformidad y disputas internas.
Otro aspecto que va a generar conflictos a causa de la primera ronda es la conformación de las alianzas entre partidos políticos, específicamente al momento de determinar entre los ganadores de las elecciones primarias de sus respetivos partidos la persona que va a encabezar la alianza. Cada elector tiene el derecho de considerar que su candidato de la primaria tiene tantas o más cualidades que los ganadores de los otros partidos para abanderar la coalición.
Ahora, hay quienes me dirán que las primarias también pueden afectar al partido de gobierno. Personalmente, en estos momentos, no creo que eso ocurra. Llámese disciplina partidista o sumisión por compromisos adquiridos (cargos públicos, contratos con el Estado, concesiones, cupos de taxi, etc.) en el PRD existe unidad de intereses. Los miembros rebeldes cuantitativa y cualitativamente no representan mayores problemas, se les ignora o se les consuela. Además, los partidos políticos aliados, amén de su insignificante representación electoral traducida en votos, están conformes con los espacios políticos que les han cedido.
El PRD ha hecho su jugada, el turno es de la oposición. Le corresponde a los políticos de este sector asumir la responsabilidad de no caer en el juego del gobierno y presentarse a la próxima contienda electoral unidos, con una propuesta política seria, cuyo objetivo primordial sea el desarrollo integral del país, con el compromiso de que ese desarrollo se refleje en mejores condiciones y oportunidades de vida para cada uno de los panameños. Por tal motivo, no es momento ni para el oportunismo, ni para reclamar un liderazgo que no se pudo haber obtenido en unos cuantos días.
Si no se tiene el valor para asumir este compromiso tampoco se tiene la calidad moral y política para cuestionar las pretensiones de continuismo del mandatario, ni para criticar su plan de gobierno, que ha facilitado que unos pocos vivan muy bien a costilla de muchos que viven en condiciones seudohumanas.

101 años de Panamá América

 
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