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El cambio y su autodesprestigio


En sus últimas declaraciones, nuestra mandataria hizo eco de una campaña de desprestigio e su contra y contra la imagen de su administración, por personas que quieren hacerle daño al gobierno. Nuestra presidenta, nuevamente, se queja de las críticas que ha diestra y siniestra surgen; sin embargo, no se preocupa por verificar por qué esto pasa y qué correctivos debe tomar para que las situaciones que dan cabida a estos comentarios no se presenten en su administración.
"Primero, una campaña de corrupción sistemáticamente; luego, una campaña de nepotismo; luego, una campaña de una revista barata; ahora, la Policía; de que yo estoy enferma, de que me estoy muriendo"; no obstante, a la Presidenta se le ha olvidado que el desprestigio de su administración empezó el día en que el discurso del "cambio" desapareció de la realidad panameña, semanas antes de su imperial toma de posesión.
Recordemos cómo pidió al gobierno anterior que no nombrara personas en puestos de mando y jurisdicción, ya que el nuevo gobierno debía hacerlo para colocar a su gente de confianza. Cuando esto sucedió, recordé cuando el ex Presidente Pérez-Balladares reformó la Ley de la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI) y nombró a Nicolás Ardito Barletta como su administrador, interrumpiendo el período de José Chen Barría. El falso cambio se reafirmó cuando Mireya Moscoso, estando ya en el poder, solicitó la renuncia de los ocupantes de estos cargos; al final nombró a su "gente de confianza", de los cuales sólo dos resultaron capaces: el actual administrador de la ARI, Alfredo Arias, y el ex administrador de la Autoridad de Tránsito, Carlos Harris.
Aquí inició el autodesprestigio del mireyismo, cuando tomó forma con la repentina entrega de obsequios a los legisladores, los famosos relojes Rolex; y la rehabilitación de la casa de Punta Mala, por recuerdos del pasado. Esto me trajo a la memoria los obsequios que Pérez-Balladares le hizo a los legisladores y el famoso enredo de la pista de Boquete. Me pregunto, ¿quién empezó a destruir el discurso del "cambio"?
Por otro lado, resulta interesante la frase "ahora sí no vamos a ocultar nada", pronunciada por nuestra presidenta en la misma entrevista en que se quejó de la campaña de desprestigio, al referirse al asunto del tráfico de armas. ¿Ahora sí no vamos a ocultar nada? ¿Será que se habrá ocultado algo antes? Quién sabe, de repente tenga algo que ver con los famosos Cadillacs, y no hablo del grupo de música roquera; o con los misceláneos de la X Cumbre Iberoamericana; o con el archivado asunto del "helicóptero que hundieron a tiros" (que si realmente no hay nada que ocultar, por qué no se ordena la reapertura del caso HP-1430, y así se libra de dudas a la ciudadanía panameña); o con lo oculto que se encuentran los gastos de la partida discrecional de la presidencia y del porqué de su aumento (sigamos esperando la respuesta de la ministra Ivonne Young); o del porqué la desesperación por construir la Ciudad Gubernamental en Albrook; o del porqué no se cumplen con las recomendaciones de la bendita comisión anticorrupción que ella misma creó; o del porqué de otras tantas cosas que ahora mismo se nos olvidan o que simplemente desconocemos.
Nuestra presidenta se queja, sin embargo no lucha contra la terrible corrupción y prefiere aplaudir el inmoral nepotismo que antes criticó. Afirma que todo el mundo quiere desprestigiarla a ella y a su gobierno, pero olvida que ella sola destruyó su " slogan" de "el cambio" al iniciar su gestión con malos pasos e inadecuadas prácticas que, con el pasar del tiempo, ha empezado a defender.
Es tan sencillo tratar de culpar a otros, de hablar de revistas baratas (PROBIDAD, misma que ya se defendió enfáticamente) o de campañas sistemáticas; pero no se puede tapar el sol con el dedo.
El cambio que vivimos hoy no es más que la continua corrupción, el avasallador nepotismo, la secreta partida discrecional, el amiguismo, los viajes que antes se criticaron, la construcción de granjas autosostenibles con tecnología arcaica, la baja inversión privada nacional y extranjera, la persecución hacia los periodistas, el engaño a la ciudadanía, el ocultamiento de información, el aumento del desempleo, el incumplimiento casi general de un plan de gobierno que prometía mucho más de lo posible.
¿Esto es el cambio?, me pregunto cada vez que veo, escucho y leo las noticias. Cuando me doy cuenta que dicho cambio no existe, le ruego a Dios que le dé paciencia a este país y que pueda soportar los dos años y medio que le quedan al mireyismo y su populismo barato.
(augusto2312@hotmail.com)

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