El camino por recorrer
El pasado 3 de noviembre celebramos el aniversario número 104 de nuestra segunda independencia: la de Colombia, a la que nos unimos, voluntariamente, 83 años antes, después de habernos declarado independientes del ?dominio español?, el 28 de noviembre de 1821.
En los 187 años que han transcurrido, desde que en 1821, decidiéramos ser parte de la Gran Colombia, de Simón Bolívar, hasta la fecha, se fue forjando, primero, una nación y, luego, una república, nacida ésta bajo ?la protección? del emergente imperio norteamericano y gravada, a perpetuidad, con un enclave colonial, del que vinimos a liberarnos, hace tan solo ocho años.
La nación república en la que hoy vivimos tres millones y medio de habitantes, incluida una importante cantidad de extranjeros, cuyo número exacto desconocemos, es un crisol multiétnico, asentado sobre una privilegiada posición geográfica, de acentuados contrastes, en todos los órdenes; donde conviven la opulencia insultante junto a las pobrezas y miserias más extremas, que, de manera dramática, son más patentes en las áreas donde apenas subsisten sus pobladores originales.
Comparativamente, tenemos un alto crecimiento económico, pero este no se traduce en bienestar general; los servicios que presta el Estado, que debieran compensar las carencias de los sectores que, por su falta de recursos, más dependen de ellos, son cada día más ineficientes y costosos; a pesar que de invertimos, proporcionalmente, mayores recursos que los países de nuestro entorno, la inseguridad crece, exponencialmente; nuestra deuda pública, que es una gravosa hipoteca sobre las nuevas generaciones ha aumentado, en los últimos tres años, en más de 1,500 millones y los gobernantes de turno siguen endeudándonos, irresponsablemente; el costo de la vida se dispara casi cotidianamente, mientras el poder adquisitivo merma como resultado del estancamiento de los salarios de los sectores más pobres. Un panorama desastroso.
Es evidente que durante el camino recorrido desde nuestra independencia de España, paso a paso fuimos creando una entidad política, verdaderamente independiente a partir del año 1999; pero todavía estamos muy lejos de ser esa nación ?prez y gala de este mundo feraz de Colón? que sigue anunciando, con patriótico entusiasmo, la letra de nuestro himno nacional.
¿Es todavía posible enderezar el rumbo y llegar a crear esa nación que soñamos los verdaderos panameños? Mi fe en ese sentido es inquebrantable. Pero para ello es imprescindible rescatar valores; el primero, un auténtico sentido de solidaridad humana, que hoy por hoy, es la gran asignatura pendiente. A ello podemos contribuir todos; pero, especialmente, quienes tienen la responsabilidad de gobernar, quienes aspiran a sucederlos, las dirigencias religiosas, gremiales y cívicas y los medios de comunicación.
El camino por recorrer no es fácil; pero no es imposible. Lo importante es que demos un primer paso en la dirección correcta. Y ese primer paso es despojarnos del egoísmo y entender que solo seremos una gran nación cuando seamos un país para todos.