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El Canal


Querido Director,

El año pasado ustedes licitaron y adjudicaron la ampliación del Canal de Panamá, que siendo la mayor obra de ingeniería de la década, permitirá el paso de los grandes petroleros y porta contenedores que hoy navegan por los mares del mundo. Le quiero contar que en España tenemos desde finales del siglo XVIII, reinando Fernando VI, un canal de 209 Km. de longitud, 150 mts. de desnivel y 87 compuertas regulatorias. Se llama El Canal de Castilla, obra de ingeniería civil que toma el agua del río Pisuerga en un bello pueblecito que se llama Alar del Rey (Provincia de Palencia) y termina con dos ramales; uno en Valladolid y otro en Medina de Ríoseco. Servía para transportar mediante barcazas, tiradas por mulas desde los márgenes, el trigo producido en Castilla hasta el pueblecito palentino. Desde allí y en carromatos, se llevaba al puerto de Santander y se exportaba a medio mundo. También fue utilizado para transportar la lana de nuestras ovejas, que se enviaba a Flandes (Bélgica), donde se manufacturaba y se vendía por toda Europa. Comprenderá que la obra tuvo que durar 100 años, porque se hizo a pico y pala y aún así fue la más importante de Europa porque si bien Alemania, Francia y el Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo) tienen muchos canales, han aprovechado sus maravillosos, largos y caudalosos ríos, sin tener que realizar grandes obras civiles. Con la aparición primero del ferrocarril, que iba paralelo al canal y después carreteras y autopistas, murió su uso comercial y hoy es navegable para que los turistas pasen un buen rato. Como las comparaciones son odiosas, he de decirle que nuestro canal tiene, en el mejor de los casos, 6 metros de ancho, así que con total seguridad, el de ustedes además de moderno, es mucho más importante que el nuestro.

El desnivel de nuestro canal obedece a criterios orográficos entre nacimiento y desembocadura, pero fíjese si el de ustedes es importante que un día en mi presencia discutían dos insignes ingenieros de caminos, españoles, uno alto directivo del metro de Madrid y otro director general de la mayor empresa constructora española. Eran compañeros de universidad y amigos, y la discusión se centraba en cuál era el desnivel que tenía el Canal de Panamá entre el Pacífico y el Atlántico. Sostenía el primero que era de unos 300 metros, salvados por las compuertas, decía el segundo que, evidentemente, eran 0 metros. La discusión subió de tono y se decidió llamar por teléfono a la A.C.P., que resolvió, como no podía ser de otra manera, que la razón la tenía el segundo.

Estos días visitó España D. Alberto Vallarino, que es su Ministro de Economía y Finanzas. Causó muy buena impresión por su capacidad de trabajo y su ánimo resuelto a la hora de solucionar problemas que afectan a la fiscalidad entre ambos países y por ende, a las futuras inversiones españolas. Me dicen que están llegando a Panamá decenas de pequeñas y medianas empresas españolas que quieren participar en el reparto del pastel que va a suponer el gran plan de inversiones públicas (13.000 millones de dólares). Ojalá que su actuación en Panamá responda a estrictos criterios legales y morales y que así se olviden algunos penosos ejemplos que en los últimos años han dado ciertos compatriotas.

Usted Director, sabe que en el mundo hispano, incluida España, en los últimos años han perdido terreno los nombres clásicos que se imponen a los niños y aquí han aparecido los Kevin, Johnathan y Asier. Para las chicas, Jennifer, Vanessa y Jessica, perdiendo terrenos los Manuel, Luís, Juan, Carmen, etc. En  su país Onedollar, Usnavy, John F Kennedy, Samurai, ó como en el caso del chófer de un amigo mío Boris-Nixon. Le pregunté a qué se debía ese nombre y me contestó con mucha gracia, que su padre era neutralista y que así encontraba el equilibrio entre las dos súper potencias. Nuestro amigo, ha casado tres veces, los dos primeros hijos se llaman Boris-Nixon y Nixon-Boris; los dos de la segunda esposa, se llaman Nixon-Boris y Boris-Nixon y, por fin el actual, de 7 añitos, Borisín. Me cuentan que en la zona de San Blas han puesto a un niño el nombre de Odebrecht, parece que está de moda. Le confieso que no me lo creo.

El próximo día 27 de febrero se presenta en Panamá el gran Julio Iglesias, a quien sus sesenta y tantos años no han hecho mella. Sigue vendiendo millones de discos y en España es todo un mito. Durante más de 30 años ha hecho más por España en el mundo que toda nuestra diplomacia y así con su mal inglés y su voz melodiosa, ha hecho que se nos quiera y respete en los más de 120 países en los que actuó. Después, con su afición al buen vino, consagró los Ribera del Duero (Pesquera, Mauro y Vegasicilia) y con su afición a las mujeres bellas mantuvo en alto nuestra autoestima como grandes galanes. Un amigo común me ha invitado a compartir mesa con la estrella y luego asistir al concierto. Si fuese a Panamá no dude que iré a saludarle y a contarle otras cosas.

101 años de Panamá América

 
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