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El Canal, ¿Botín o negocio?


ALGUNOS miembros de la ACP con quienes mantuve una amena, interesante y amigable charla, manifestaron su perplejidad porque la gente no comprende todavía que el Canal de Panamá en realidad es una empresa para realizar negocios y como tal debe sacarse el mayor provecho posible, para lo cual necesita, como cualquier otra empresa, ponerse al día, adecuarse a las leyes del mercado y reinvertir hasta su máxima expresión en su capacidad de oferta frente a la demanda actual o futura. Entendido así, el Canal es una empresa de transporte de carga marítima y de pasajeros.
La empresa es tan vieja como la República y hasta el 31 diciembre de 1999 estuvo en manos de los Estados Unidos de Norteamérica. En sus orígenes, su creación ha sido poco común a una empresa y en la mentalidad sesgadamente ahistórica, se soslaya que requirió de la extraordinaria circunstancia política para evitar la desmembración del territorio de Colombia, cuando ésta decidió la sujeción política de Panamá bajo la tutela "neutral" de Estados Unidos en el Tratado Mallarino-Bidlack de 1846. Este acto y el de Herrán-Hay -rechazado por Colombia con gran disgusto de nuestros comerciantes- junto al Hay-Buneau Varilla, han sido denunciados por varios historiadores como corruptos y que, al parecer, no constan en las tribulaciones de ningún embajador estadounidense en nuestro país. Como tampoco consta la bondad desinteresada de ayudar a limpiar Panamá de los desechos bélicos abandonados, sin consideración ni vergüenza, por ese gobierno amigo.
Como vemos, la relación empresarial entre Estados Unidos y Panamá con respecto al Canal , no puede tipificarse a lo largo de la historia como una relación meramente comercial que respondía a las prístinas leyes del libre mercado que hoy esgrimen nuestros empresarios y administradores, ni por otras leyes igualmente vanas de las inventadas por el capitalismo puritano y belicista que hoy gobierna a la potencia del Norte y que tanto debe preocupar a nuestro embajador allá. La relación comercial con Panamá es y fue la misma que la de sus antecesores piratas en tiempos de Castilla del Oro: el botín.
En los últimos seis años, los beneficios económicos de esta empresa casi "obsoleta" que muchos países ya quisieran tener, llave en mano, tal como está, superaron con creces lo pagado en los casi cien años de administración estadounidense. Siguiendo esta particular forma de interpretar las sacrosantas leyes del libre mercado, que cancela en cinco años lo que produjo en cien, ¿a qué empresa inminentemente caduca se refieren los panegiristas del proyecto expedito con urgencia notoria?
El Canal es un bien estratégico del país, no es una empresa similar al Puerto de Vacamonte o a una empresa de transporte de carga de camiones porta contenedores o a un ferrocarril transístmico. Es un medio de comunicación marítimo histórica y legalmente sujeto a leyes nacionales y tratados internacionales como el de Neutralidad. Para librarnos de las reservas y enmiendas que condicionan nuestra posesión real -semejante a una empresa que se halla administrativamente limitada por sus acreedores hipotecarios- debiéramos empezar por considerar la supresión de estas ataduras antes de soñar con entrar al Primer Mundo.
Que de la utilización comercial del Canal se obtengan beneficios económicos, es un objetivo muy importante y legítimo. Posiblemente las autoridades actuales tengan la mejor capacidad humana disponible para negociar, pero como hemos visto, ninguna empresa perteneciente a una masa societaria tan numerosa y diversa en ideas como desigual en condiciones económicas les será fácil manejar. Amarrada a un directorio nombrado por los políticos que a duras penas nos gobiernan, reglamentada por los políticos de turno que malamente la legislan y sometida a pactos y tratados protegidos bajo la amenaza de la ocupación militar, poco nos queda de empresa y casi nada por negociar libremente en beneficio del país.
El Canal históricamente ha sido botín político de todos los partidos y lo seguirá siendo, así nació y así vivirá hasta que a algún moderno fariseo nuestro se le ocurra venderlo o privatizarlo para hacer un buen negocio. Si Torrijos no se hubiera topado con Carter, hoy su hijo no sería Presidente ni estaría en la inmejorable situación de dominar a placer y por muchos años la política nacional.
Estas observaciones hacen imposible considerar al Canal de Panamá como una máquina tragamonedas. En definitiva: el Canal no es tan sólo un canal, tampoco es una empresa y quizá no esté todavía totalmente bajo nuestra tutela. Es por eso que el pueblo de Pedro Navaja no puede entender que las autoridades administrativas de la ACP no comprendan esta realidad histórica y sus consecuencias políticas y que el Canal tampoco sea una Chiva Parrandera como muchos pregonan alegremente. Tampoco debiéramos creernos sus dueños, si acaso, seríamos hipotéticos tenedores minoritarios de acciones no preferenciales, sin voz pero con voto. Si en realidad el Canal fuera un negocio como proponen mis amigos de la ACP y los oportunistas de ocasión, debiéramos empezar por indemnizar a los mártires de Enero y a muchos otros que dejaron su pellejo "por la empresa".
(drjcal@psi.net.pa)
Existe un acuerdo con el National Response Team de Estados Unidos para recibir ayuda de esta organización en caso de una emergencia mayor en el área del Canal.
Jovan Vukelja, presidente de Ocean Pollution indicó que el contrato que tiene esta compañía con la AMP es de 20 años, de los que han pasado ocho.
Cuando hay un derrame, se contiene el combustible con un material para que no avance, luego se recoge mecánicamente sacándolo del agua y se bombea a un tanque.

101 años de Panamá América

 
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