El Canal de Panamá, panameño
MUCHOS panameños pueden pensar que el Canal es algo aparte del resto de la nación. Algunos porque son adversarios de Omar, quien estuvo al mando cuando los Estados Unidos decidieron hacernos justicia y nos permitieron integrar el Canal a nuestro patrimonio. Otros, porque no conocen la empresa y al querer apartarla de los apetitos de los políticos, la aislamos. Otros más, porque tal vez simplemente no les interesa.
El Canal nos pertenece a todos los panameños, y debemos actuar con responsabilidad para que siga generando retornos sobre la inversión generacional. Seamos pragmáticos. En la actualidad, el Canal es un elemento que, como el cemento, nos solidifica como nación. Sin ese cemento, el producto final sería una mezcla poco provechosa de grava, arena y agua.
Como panameños, dejemos a un lado las cosas que nos dispersan y pongámonos de acuerdo en lo que vamos a hacer con nuestra empresa "que cuando nos conviene, nos une y cuando no, la atacamos. Tal vez necesitamos comprometernos más, y una forma de compromiso puede ser la distribución de un instrumento financiero que permita a todos los panameños sentir en el bolsillo que la empresa del Canal nos pertenece.
Así aprovecharíamos las sinergias que pueden realmente ayudar a distribuir mejor las riquezas del país. Y, por lo menos en ese tema, la gran mayoría estaríamos de acuerdo. Siempre habrá alguien descontento, pero tenemos que vivir con esa realidad.
Por el bien de nuestra patria, pongamos a un lado nuestras diferencias partidistas o personales. Recuerdo que durante una campaña presidencial reciente en los Estados Unidos, el candidato presidente tomó una decisión extrema y actuó contra algo que afectaba los intereses de su país. La reacción de su opositor no fue criticarlo para sacar ventaja. Por el contrario, estuvo de acuerdo porque los intereses de su país tenían prelación sobre los partidistas o personales.
Parafraseando al Licdo. Fernando. Manfredo, en una interesante conversación que sostuvimos hace unos años: "Los panameños somos rápidos para criticar y muy lentos para reconocer". Reconozcamos que los panameños lo hemos hecho bien hasta ahora con el Canal y que hacerlo mejor es posible.
Generar riquezas no es un pecado. Y aunque la distribución de esas riquezas en nuestro país nos preocupa, no le corresponde a la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) hacer esa tarea. Si los encargados de distribuir las riquezas generadas por el Canal ponen más atención, es posible que éstas lleguen a nosotros de manera más equitativa.
Los panameños tenemos algunos genes de constructores, pero a veces eso de "consulte a su ingeniero" no funciona aquí. Muchas autoconstrucciones se ejecutan sin que las vea un ingeniero, lo que está muy mal. Pero, aun cuando nos consultan, algunos hacen las cosas como ellos creen. Es por eso que hablamos del cemento que tenemos en común.
Está bien que nos interesemos, y ojalá lo hagamos de una forma objetiva y racional. De una cosa estoy seguro: después del referéndum, los panameños conoceremos más a la ACP y sabremos que la palabra empresa, aunque sea pública, no es sinónimo de algo malo.
De los 3.2 millones de habitantes del país, unos 2.2 millones votaríamos en un referéndum para aprobar o no la propuesta de la ACP. Los partidos políticos piensan que cuentan con la mitad de esos votos, pero la verdad es que la capacidad de convocatoria partidista es limitada. La mayoría de los inscritos poco aportan a su partido, y los que trabajan y se benefician son aquellos cercanos a los dirigentes del partido. Nada diferente a lo que sucede en otras latitudes. La mayoría de los votantes es relativamente independiente, desde el punto de vista partidista, y somos los que tenemos mayor peso en el referéndum.
Con relación al Canal, el partido debe llamarse Panamá. Todos los inscritos o no en partidos que cobran del producto de nuestros impuestos debemos tratar de aportar, para que al final ganemos o sepamos enfrentar las pérdidas, por igual. Veamos el Canal de Panamá como propiedad de todos los panameños.
rigodelgado_v@yahoo.com
El Canal nos pertenece a todos los panameños, y debemos actuar con responsabilidad para que siga generando retornos sobre la inversión generacional. Seamos pragmáticos. En la actualidad, el Canal es un elemento que, como el cemento, nos solidifica como nación. Sin ese cemento, el producto final sería una mezcla poco provechosa de grava, arena y agua.
Como panameños, dejemos a un lado las cosas que nos dispersan y pongámonos de acuerdo en lo que vamos a hacer con nuestra empresa "que cuando nos conviene, nos une y cuando no, la atacamos. Tal vez necesitamos comprometernos más, y una forma de compromiso puede ser la distribución de un instrumento financiero que permita a todos los panameños sentir en el bolsillo que la empresa del Canal nos pertenece.
Así aprovecharíamos las sinergias que pueden realmente ayudar a distribuir mejor las riquezas del país. Y, por lo menos en ese tema, la gran mayoría estaríamos de acuerdo. Siempre habrá alguien descontento, pero tenemos que vivir con esa realidad.
Por el bien de nuestra patria, pongamos a un lado nuestras diferencias partidistas o personales. Recuerdo que durante una campaña presidencial reciente en los Estados Unidos, el candidato presidente tomó una decisión extrema y actuó contra algo que afectaba los intereses de su país. La reacción de su opositor no fue criticarlo para sacar ventaja. Por el contrario, estuvo de acuerdo porque los intereses de su país tenían prelación sobre los partidistas o personales.
Parafraseando al Licdo. Fernando. Manfredo, en una interesante conversación que sostuvimos hace unos años: "Los panameños somos rápidos para criticar y muy lentos para reconocer". Reconozcamos que los panameños lo hemos hecho bien hasta ahora con el Canal y que hacerlo mejor es posible.
Generar riquezas no es un pecado. Y aunque la distribución de esas riquezas en nuestro país nos preocupa, no le corresponde a la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) hacer esa tarea. Si los encargados de distribuir las riquezas generadas por el Canal ponen más atención, es posible que éstas lleguen a nosotros de manera más equitativa.
Los panameños tenemos algunos genes de constructores, pero a veces eso de "consulte a su ingeniero" no funciona aquí. Muchas autoconstrucciones se ejecutan sin que las vea un ingeniero, lo que está muy mal. Pero, aun cuando nos consultan, algunos hacen las cosas como ellos creen. Es por eso que hablamos del cemento que tenemos en común.
Está bien que nos interesemos, y ojalá lo hagamos de una forma objetiva y racional. De una cosa estoy seguro: después del referéndum, los panameños conoceremos más a la ACP y sabremos que la palabra empresa, aunque sea pública, no es sinónimo de algo malo.
De los 3.2 millones de habitantes del país, unos 2.2 millones votaríamos en un referéndum para aprobar o no la propuesta de la ACP. Los partidos políticos piensan que cuentan con la mitad de esos votos, pero la verdad es que la capacidad de convocatoria partidista es limitada. La mayoría de los inscritos poco aportan a su partido, y los que trabajan y se benefician son aquellos cercanos a los dirigentes del partido. Nada diferente a lo que sucede en otras latitudes. La mayoría de los votantes es relativamente independiente, desde el punto de vista partidista, y somos los que tenemos mayor peso en el referéndum.
Con relación al Canal, el partido debe llamarse Panamá. Todos los inscritos o no en partidos que cobran del producto de nuestros impuestos debemos tratar de aportar, para que al final ganemos o sepamos enfrentar las pérdidas, por igual. Veamos el Canal de Panamá como propiedad de todos los panameños.
rigodelgado_v@yahoo.com