El Canal : desarrollo para todos
Los Tratados no sólo señalan que Panamá asume su Canal, sino además el desmantelamiento gradual culminando en el año dos mil, de la presencia de un supercomplejo militar que funcionó como centro logístico y eje estratégico de las fuerzas armadas norteamericanas, con rango de comando unificado mundial y con jurisdicción sobre 19 países latinoamericanos.
Panamá completará en pocos meses la recepción del Canal, 34 mil hectáreas de terreno dotados de 4,829 edificios, además de carreteras, puertos. aeropuertos, áreas verdes y zonas urbanas. El valor de estas áreas está calculado potencialmente en varios miles de millones de dólares. La mayoría de las tierras e instalaciones ya han revertido a Panamá, que enfrenta el desafío de estructurar una estrategia que aproveche a plenitud las oportunidades que se le abren, y que el usufructo de esos bienes beneficien el desarrollo integral de la población.
Es decir, un pequeño país, 2.8 millones de habitantes, cuenta con recursos que bien invertidos y administrados pueden estimular su economía y desarrollo integral. Son tremendos desafíos. Convertir instalaciones letales en espacios de vida; campos de tiro contaminados en áreas de medio ambiente sano; cuarteles en centros educativos; edificios en inversiones económicas rentables, proteger los recursos naturales y mantener un Canal funcionando eficientemente pero también en beneficio de un desarrollo sostenible para todos sus habitantes. Es algo así como el bíblico fundir las espadas en arados. Se trata del traspaso de bienes del primer mundo que pasan a las manos de un pequeño país del tercer mundo, que a su vez enfrenta la tarea de darle a ese Canal el mismo y mejor uso eficiente, y reconvertir civil, social y productivamente las bases militares y áreas aledañas.
Se puede decir que casi desde el momento en que se construye el Canal, se inicia la lucha por la soberanía nacional. Generaciones de panameños y panameñas ofrecieron sus vidas, sus talentos y sus voluntades para afirmar el derecho de la pequeña nación de existir libre y soberanamente. No fue fácil. El país fue invadido o intervenido militarmente por los Estados Unidos una veintena de veces. La primera vez a mediados del siglo pasado y la última hace una década, lo que quedó registrado por la aguja del sismógrafo del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá que marcó con precisión la hora exacta de inicio de la invasión, con la explosión de la primera bomba a 12 horas, 46 minutos y 40.3 segundos del 20 de diciembre de 1989. En los siguientes cuatro minutos se registraron 67 bombas más. El delicado instrumento le siguió el rastro a las explosiones por 13 horas hasta que se malogró. El saldo en ese tiempo fue de 422 bombas en el perímetro de la ciudad, muchas de ellas de alto poder destructor. Una bomba cada dos minutos.
Entre 1977 y 1989 los habitantes de Panamá atravesaron un difícil camino marcado por dictadura militar, bloqueo económico, invasión estadounidense, el conflicto centroamericano, y diversas crisis económicas, sociales y políticas que lesionaron severamente la autoestima nacional, hasta el punto de erosionar la percepción de una parte de la población en cuanto a la capacidad de manejar efectivamente Canal y su patrimonio. Lo cierto, que el 96% de los trabajadores canaleros son panameños al igual que su adminstrador y en la actualidad se impulsan diversos proyectos de reconversión de las áreas militares y civiles que regresan a Panamá.
Definitivamente el tema canalero es el test que prueba la capacidad de Panamá de ser nación, y de poder desarrollar la autodeterminación nacional para poder ser sujetos de su propio desarrollo.
Panamá completará en pocos meses la recepción del Canal, 34 mil hectáreas de terreno dotados de 4,829 edificios, además de carreteras, puertos. aeropuertos, áreas verdes y zonas urbanas. El valor de estas áreas está calculado potencialmente en varios miles de millones de dólares. La mayoría de las tierras e instalaciones ya han revertido a Panamá, que enfrenta el desafío de estructurar una estrategia que aproveche a plenitud las oportunidades que se le abren, y que el usufructo de esos bienes beneficien el desarrollo integral de la población.
Es decir, un pequeño país, 2.8 millones de habitantes, cuenta con recursos que bien invertidos y administrados pueden estimular su economía y desarrollo integral. Son tremendos desafíos. Convertir instalaciones letales en espacios de vida; campos de tiro contaminados en áreas de medio ambiente sano; cuarteles en centros educativos; edificios en inversiones económicas rentables, proteger los recursos naturales y mantener un Canal funcionando eficientemente pero también en beneficio de un desarrollo sostenible para todos sus habitantes. Es algo así como el bíblico fundir las espadas en arados. Se trata del traspaso de bienes del primer mundo que pasan a las manos de un pequeño país del tercer mundo, que a su vez enfrenta la tarea de darle a ese Canal el mismo y mejor uso eficiente, y reconvertir civil, social y productivamente las bases militares y áreas aledañas.
Se puede decir que casi desde el momento en que se construye el Canal, se inicia la lucha por la soberanía nacional. Generaciones de panameños y panameñas ofrecieron sus vidas, sus talentos y sus voluntades para afirmar el derecho de la pequeña nación de existir libre y soberanamente. No fue fácil. El país fue invadido o intervenido militarmente por los Estados Unidos una veintena de veces. La primera vez a mediados del siglo pasado y la última hace una década, lo que quedó registrado por la aguja del sismógrafo del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá que marcó con precisión la hora exacta de inicio de la invasión, con la explosión de la primera bomba a 12 horas, 46 minutos y 40.3 segundos del 20 de diciembre de 1989. En los siguientes cuatro minutos se registraron 67 bombas más. El delicado instrumento le siguió el rastro a las explosiones por 13 horas hasta que se malogró. El saldo en ese tiempo fue de 422 bombas en el perímetro de la ciudad, muchas de ellas de alto poder destructor. Una bomba cada dos minutos.
Entre 1977 y 1989 los habitantes de Panamá atravesaron un difícil camino marcado por dictadura militar, bloqueo económico, invasión estadounidense, el conflicto centroamericano, y diversas crisis económicas, sociales y políticas que lesionaron severamente la autoestima nacional, hasta el punto de erosionar la percepción de una parte de la población en cuanto a la capacidad de manejar efectivamente Canal y su patrimonio. Lo cierto, que el 96% de los trabajadores canaleros son panameños al igual que su adminstrador y en la actualidad se impulsan diversos proyectos de reconversión de las áreas militares y civiles que regresan a Panamá.
Definitivamente el tema canalero es el test que prueba la capacidad de Panamá de ser nación, y de poder desarrollar la autodeterminación nacional para poder ser sujetos de su propio desarrollo.