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El Canal, el dilema técnico y financiero


Demóstenes Vergara Stanziola, Fernando Manfredo, Ricardo J. Bermúdez y César P. Saavedra, figuran entre los más reputados ciudadanos que han aconsejado cautela respecto a los aspectos técnicos y financieros de la modernización del Canal. El tema indudablemente tomará gran auge a partir del próximo gobierno. Cualquiera de las alternativas planteadas entrañan la inversión de cuantiosas sumas de dinero que tendrán un impacto tremendo en una economía pequeña, como la nuestra.
Aunque cada uno tiene su preferencia, identificando algunas reservas, porque no hay alternativa perfecta, todos coinciden en que más que un problema técnico, el país estará frente a un problema financiero, en el que se le plantea el dilema de cómo decidirse por la opción más rentable al menor costo y riesgo. Y no es fácil.
Una mala decisión puede llevar al país a la ruina, pues el Canal y la Nación son un mismo ente patrimonial. Por el contrario, una decisión atinada nos conducirá definitivamente y sin escala, hacia un desarrollo pleno y prosperidad integral.
Técnicamente, podemos construir cualquier cosa. Pero tenemos que cuidar que la inversión sea redituable, de modo que produzca lo suficiente para pagar el préstamo y dejar algún sobrante para el desarrollo del país. En gran medida, será una hipoteca de largo plazo, por el tiempo que el negocio permita el pago de la deuda. Normalmente, mientras mayor sea el compromiso, más largo será el plazo, salvo que las cualidades de las obras permitan un mejor y rápido retorno pese a su mayor cuantía.
Nos situamos pues, frente a un delicado predicamento financiero. Para complicar más las cosas, el mercado naviero no es fácilmente predecible porque su evolución depende de demasiadas variables, entre las cuales figura a la cabeza el desarrollo de los mercados y las rutas de intercambio. Ellas condicionan el tipo y tamaño de los barcos y la clientela de nuestro Canal.
Afortunadamente, hay compañías expertas en hacer estudios del complejo mercado. Pero la validez de sus proyecciones disminuye a medida que más se adentran en el futuro. Fuera de eso, y para complicarlo más, no tenemos una demanda inelástica. El cobro de peajes excesivamente altos puede dejarnos un Canal vacío.
Sirvan, pues, estas preocupaciones para motivar a los panameños que nos incorporemos a la sana, constructiva y objetiva discusión del tema. Porque de lo que sí no podemos darnos el lujo, es de quedarnos callados frente a un dilema que interesa a todas nuestras generaciones presentes y futuras.

101 años de Panamá América

 
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