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El Canal en la Asamblea


Casi no se había secado bien la tinta de nuestro artículo titulado: ¿Politiquería en el Canal?, aparecido en este diario el 10 de diciembre último, cuando a las nueve de la noche del 29 de diciembre en adelante se produjo en la Asamblea Legislativa un pugilato oratorio entre miembros de la bandada del PRD y algunos de sus contrincantes arnulfistas, a propósito de la aprobación de los actuales ministros Norberto Delgado y Eduardo Quirós, como miembros de la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), seleccionados por el Ejecutivo y que debía aprobar por mayoría el Areópago panameño. Críticas muy duras y recíprocas se escucharon en el recinto legislativo.
Los del PRD atacaron muy fuertemente a Delgado por sus actuaciones como Viceministro y Ministro de Economía y Finanzas del Gobierno que está llegando a "los últimos días de Pompeya". Se le recordaron comprometedores pasajes de la política fiscal de los dos últimos años, principalmente, los relacionados con los asuntos legales de impuestos, las variaciones del Presupuesto para evitar los "déficits" y otros puntos que son del dominio público. Los elocuentes oradores arnulfistas, para calmar un tanto a los beneficiados con la designación en el Canal, les recordaron a los dos ungidos, lo que sus contrarios (PRD) hicieron cuando la Presidencia del inefable ex presidente que no olvida las boyas y amarres del Canal, quien en días pasados se comprometió públicamente a presentar un alegado expediente que dije se había incoado contra el actual Contralor en Norteamérica, por no se sabe qué malabarismos ocurridos bajo las barbas del Tío Sam. Parece difícil que se pueda cumplir con esta promesa rábica, porque los gringos también tienen su Ley de Transparencia con algunos huecos, pero la ley panameña sobre ese tema supera en mucho a la norteamericana, dado que por aquí somos muy eficientes y muy expertos en la materia.
Sigamos con el pleito verbal en la Asamblea. En apariencias, cada grupo atacaba al otro con cargos que cualquiera podía admitir como verdaderos. Por ejemplo, la fracción perredista adujo que se había argumentado, en un comienzo, que el Canal sería mantenido sin incursiones de la política partidista o de grupos; que los presidentes anteriores habían respetado esa práctica de alejamiento politiquero y que ahora se abandonaba abiertamente tal regla no convenida por escrito. Los arnulfistas argumentaron con que en el pasado inmediato nombramientos de la directiva canalera se debieron a motivaciones no muy correctas. Pero la pugna parlamentaria llamaba la atención más por las gruesas palabras de los contrincantes, que por el propio tema que los enfrentaba.
Nosotros nos hacemos eco de la situación suscitada, porque todo indica que la calentura no estaba en las sábanas, y que de parte y parte la temática era superficial y no llegaba al fondo. En efecto, parece que la primera vez que en forma pública los grupos más o menos contrarios a la política partidista nacional se lanzaban afilados dardos verbales, por los manejos canaleros. Pasando por alto las motivaciones de los encrespamientos relatados y conocidos, el problema del Canal todavía continúa siendo un gran problema, aunque parece tarde que se puedan retrotraer las formas actuales del funcionamiento del complejo canalero.
Todo el régimen constitucional y legal canalero jamás consultó los intereses generales del país, de toda la población panameña. Y la actuación archiconocida de la ARI, con su flamante personería jurídica legal, sólo tiene como objetivo el deshacerse o vender los bienes raíces revertidos, que fue la segunda mitad de la manzana podrida. Siempre lo dijimos, pero nuestra aislada voz no podía superar el coro de intereses creados que dominó en el reparto absurdo del régimen jurídico del Canal y del régimen nocivo de la ARI.
¿Qué importancia tienen hoy los insultos parlamentarios, a propósito de los nombramientos en la Junta Directiva del Canal, si la fórmula constitucional de tales designaciones nació podrida? Encomendar al Organo Ejecutivo, con aprobación del Organo Legislativo, los nombramientos de la Junta Directiva del Canal o de la ARI, era precisamente llevar a las manos de la politiquería recurrente tal selección, como era obvio desde los días iniciales del funcionamiento del Canal panameño y continúa siéndolo en la actualidad, también para la ARI, pues tal régimen tenía el propósito de durar per sécula seculorum.
Cada día que pasa se muestra a mayor profundidad la solución nefasta que se arbitró para el manejo del Canal, así como para la administración (léase ventas y demás actuaciones de la ARI) de los otros bienes canaleros. Una que otra vez, sin pasar de unas cuantas, personas, expresaron que debía pensarse en una solución mucho más favorable a los intereses nacionales, a fin de que el Canal y demás bienes tuvieron un destino superior, un régimen jurídico planificado para transformar todo el país en el beneficiario legítimo de ese gran emporio canalero y sus bienes anexos, lo que pudo y debió darse. Lo que se ha dado es una prueba incalificable por lo que pudimos lograr y que ahora estamos perdiendo definitivamente, de que la sociedad panameña, dramáticamente y dolorosamente, no ha generado dentro de su seno, las fuerzas internas que debieron ser fuerzas de rectificación esforzada de nuestros propios males y fallas de degeneración.
"Ante estos inconvenientes hubo que efectuar planos nuevos y no fue sino hasta el mes de agosto del año pasado que se iniciaron los trabajos para subsanar esta anomalía y se culminaron en noviembre del mismo año", detalló.
Borrero aclaró que "el puente no se está hundiendo ni se hundirá, pues el mismo se edifica para tener una vida útil de cerca de 50 años".
Por otro lado, aseguró que los costos de los imprevistos lo asume la empresa constructora y no el MOP.
El Panamá América abordó al ex presidente de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), José Batista, quien manifestó que todos los imprevistos encontrados en esta construcción demuestran que existe mucha improvisación.
El arquitecto sostuvo que esto refleja que no se hicieron los estudios con suficiente profundidad, pues si se hubiese sondeado el piso donde se ubicarían las columnas se hubieran evitado las sorpresas encontradas.
Esta estructura debe facilitar el acceso directo a la Gran Terminal de Transporte, la vía marginal Los Pueblos, el Corredor Norte, y la vía hacia el segundo puente sobre el Canal.
El pasado 13 de octubre el MOP y la empresa DYWIDAG abrieron los carriles inferiores de este intercambio vehicular.
Esta obra estableció además la construcción de un nuevo cajón pluvial para el río Curundú, que desemboca en las márgenes del Canal, después del Muelle 18.
La construcción de este intercambio incluyó adicionalmente la edificación de paradas de autobuses, mejoramiento de la avenida Ascanio Arosemena y señalización vial.
El objetivo de esta obra es agilizar el tránsito de los automovilistas que se desplazan del sector Oeste hacia el centro de la ciudad y viceversa, además de servir de complemento a la construcción del segundo puente sobre el Canal de Panamá.

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