El Canal es nuestro, ahora ... ¡a trabajar!
No descansaremos en la lucha tendiente a formar conciencia ciudadana en torno a la trascendental reversión de la zona del Canal a manos del pueblo panameño, porque ellos significa uno de los mayores aportes económicos, culturales, políticos y sociales a una nación que, en la actualidad, enfrenta una extrema pobreza, desempleo, ignorancia y enfermedades que minan el potencial humano tan necesario para lograr el progreso y el bienestar de la República.
Hemos entrado al año 2000, dueños de un patrimonio que hay que administrar con responsabilidad, honestidad y sentido de patria, a fin de que sus beneficios puedan llegar a todos los panameños en aras de una justicia social y de una democracia que ha de fortalecerse con la soberanía lograda después de tantos años de lucha patriótica.
Bien lo manifestó nuestra Presidenta cuando con voz emocionada, a pocos segundos que el reloj marcara las doce del mediodía, hora en que fue transferida la vía, "que no habrá más letreros y cerca que le impidan la entrada a los panameños a su territorio, por lo que Panamá entra al siglo 21 completamente soberana, sin presencia extranjera y manejando el Canal como tema de Estado, libre de toda pasión e interés político". "Hoy les digo a todos los hombres y mujeres de mi patria, que este territorio ha vuelto a ser nuestro hoy". "Hoy es realidad el grito de tantas generaciones. El Canal es nuestro". "¡Dios me los bendiga!".
El Canal es nuestro y hay que hacer un propósito de enmienda para lograr una administración liberada de las presiones politiqueras y personales, para que solamente la capacidad, honestidad y honradez profesional, contribuyan al buen funcionamiento y manejo de unos de los medios de comunicación más importantes del mundo.
Digno es de comentarse el Pacto de Miraflores realizado por los legisladores, mediante el cual los partidos políticos se comprometen a apoyar todas las políticas que tiendan a promover el pleno desarrollo del Canal y que como tema de Estado, logren convertir sus áreas adyacentes en un proyecto que sirva como base para el desarrollo económico sostenible y equitativo.
Tenemos que tener muy presente que el Canal y las áreas revertidas que han pasado a manos de los panameños, pertenece al pueblo que se sacrificó para rescatarlos y ahora hay que ejecutar programas de gobierno y legislar para que este patrimonio beneficie a todos los que hemos nacido en este suelo.
Ojalá que el Pacto de Miraflores sea respetado y cumplido y permita que gobierno, partidos políticos y pueblo, hagan de la administración del Canal y sus áreas revertidas la mejor imagen para el mundo internacional y para este pueblo que aún le falta credibilidad en el Poder Legislativo.
Hemos entrado al año 2000, dueños de un patrimonio que hay que administrar con responsabilidad, honestidad y sentido de patria, a fin de que sus beneficios puedan llegar a todos los panameños en aras de una justicia social y de una democracia que ha de fortalecerse con la soberanía lograda después de tantos años de lucha patriótica.
Bien lo manifestó nuestra Presidenta cuando con voz emocionada, a pocos segundos que el reloj marcara las doce del mediodía, hora en que fue transferida la vía, "que no habrá más letreros y cerca que le impidan la entrada a los panameños a su territorio, por lo que Panamá entra al siglo 21 completamente soberana, sin presencia extranjera y manejando el Canal como tema de Estado, libre de toda pasión e interés político". "Hoy les digo a todos los hombres y mujeres de mi patria, que este territorio ha vuelto a ser nuestro hoy". "Hoy es realidad el grito de tantas generaciones. El Canal es nuestro". "¡Dios me los bendiga!".
El Canal es nuestro y hay que hacer un propósito de enmienda para lograr una administración liberada de las presiones politiqueras y personales, para que solamente la capacidad, honestidad y honradez profesional, contribuyan al buen funcionamiento y manejo de unos de los medios de comunicación más importantes del mundo.
Digno es de comentarse el Pacto de Miraflores realizado por los legisladores, mediante el cual los partidos políticos se comprometen a apoyar todas las políticas que tiendan a promover el pleno desarrollo del Canal y que como tema de Estado, logren convertir sus áreas adyacentes en un proyecto que sirva como base para el desarrollo económico sostenible y equitativo.
Tenemos que tener muy presente que el Canal y las áreas revertidas que han pasado a manos de los panameños, pertenece al pueblo que se sacrificó para rescatarlos y ahora hay que ejecutar programas de gobierno y legislar para que este patrimonio beneficie a todos los que hemos nacido en este suelo.
Ojalá que el Pacto de Miraflores sea respetado y cumplido y permita que gobierno, partidos políticos y pueblo, hagan de la administración del Canal y sus áreas revertidas la mejor imagen para el mundo internacional y para este pueblo que aún le falta credibilidad en el Poder Legislativo.