El Canal, factor de equilibrio
La construcción e inauguración del Canal de Panamá en 1914, fue el acontecimiento noticioso más grande del siglo XX. Siguió siendo noticia para los nacionales, los observadores sociales, los historiadores, para todas clases de cronistas que venían a encontrar en la maravilla de la vía interoceánica y en los hábitos de los pobladores del Istmo de Panamá, respuestas a veces insospechables a todo lo que el hombre había preguntado hasta ese momento sobre la posibilidad de unir los mares Atlántico y Pacífico. Esta sola circunstancia basta para revelar cómo fue de sorprendente y de nuevo para el mundo la realidad e importancia de la posición geográfica de la República de Panamá.
Además de la cultura española, vinieron a instalarse otras culturas de América y de otros continentes, especialmente en las ciudades terminales de Panamá y Colón. De allí nació la inspiración un tanto poética de llamar a nuestro Panamá, a este pequeño istmo del hemisferio, "Puente del Mundo, Corazón del Universo" por haber sido la garganta geográfica central más estrecha para facilitar la construcción de esa obra portentosa que, desde entonces, representa la vertiente de mayor actividad y fuerza de gravitación en la comunicación y el comercio marítimo mundial y, en cierto grado, en la formación y en la estructura de nuestra cultura. Por eso, la República de Panamá, que comenzó siendo una leyenda y luego una noticia y una novedad de importancia mundial, continúa hoy día, con mucha más significación, ofreciendo perspectivas y características tan propias que no es posible enjuiciarlas con simplificaciones mediocres y generalizaciones absurdas. El desafío es único e histórico: el Canal ahora es sólo nuestro.
Por otra parte, la transferencia del Canal a la jurisdicción panameña ha revelado otro hecho muy esencial. El Canal, hoy más que nunca, se ha convertido en un factor fundamental de equilibrio político y económico nacional.
Esto es lo que ahora entienden los partidos políticos, los gremios, sindicatos, organizaciones no gubernamentales, asociaciones cívicas y particulares, etc. Han reconocido un hecho fundamental: que hay recursos naturales que no se producen en el vientre, en el suelo de las sociedades industriales, sino que son parte del patrimonio colectivo del país, y más aún, de la humanidad.
La República de Panamá hoy, por tener y ser dueña absoluta de un recurso de importancia mundial como lo es el Canal, y por tener asimismo una política que se sienta solidaría del mundo y no parcelada ni alinderada dentro de un concepto parroquial de la historia ni de la vida; vale decir, por todo eso estamos situados dentro de un escenario mundial. Por todo ello, y muchos más, la República de Panamá hoy ya no puede manejar la política internacional ni con los instrumentos intelectuales, ni con los instrumentos administrativos de hace años atrás. Todavía más: la velocidad de los acontecimientos nos imponen una velocidad determinada, no sólo para decisiones, sino también para producir eficacia, para producir un tipo de eficacia nueva, que no es posible a veces formarla; porque no hay tiempo para formarla, sino que hay que producirla.
En realidad, este es uno de los desafíos más grandes que tenemos los panameños por delante, y no queremos que la política internacional vaya a la zaga de los acontecimientos sino delante de ellos (para ello contamos con suficiente personal calificado, si dejamos de lado la politiquería). Debemos aspirar ahora, ya que tenemos esta gran responsabilidad (el manejo absoluto del Canal), a que la política internacional de Panamá pueda tener una perspectiva de por lo menos un cuarto de siglo de impacto. Por eso, es necesario, que mantengamos todo lo relacionado con la administración, operación y funcionamiento del Canal, fuera de los vaivenes políticos.
Queremos enfatizar, en este momento, que la primera cuestión básica que tendríamos por delante los panameños, a partir del presente año 2000 y en los años que vienen, es la de construir una política verdaderamente internacional. Una política que no dependa ya de un Presidente o de una Presidenta, de un gobierno o de un partido político, sino que sea una política internacional de Panamá. Por supuesto, cada Presidente, cada partido de gobierno o cada situación histórica imponen correctivos, ciertas rectificaciones o modificaciones o ciertos estilo diferente; pero que en grandes líneas necesitamos saber cuál será la política futura y cuáles las líneas previsibles de la conducta exterior de Panamá. Para ello, repetimos, contamos con suficiente personal capacitado; sólo hay que saber seleccionarlo, prescindiendo de la mediocridad y la improvisación que muchas veces impone el clientelismo político.
Además de la cultura española, vinieron a instalarse otras culturas de América y de otros continentes, especialmente en las ciudades terminales de Panamá y Colón. De allí nació la inspiración un tanto poética de llamar a nuestro Panamá, a este pequeño istmo del hemisferio, "Puente del Mundo, Corazón del Universo" por haber sido la garganta geográfica central más estrecha para facilitar la construcción de esa obra portentosa que, desde entonces, representa la vertiente de mayor actividad y fuerza de gravitación en la comunicación y el comercio marítimo mundial y, en cierto grado, en la formación y en la estructura de nuestra cultura. Por eso, la República de Panamá, que comenzó siendo una leyenda y luego una noticia y una novedad de importancia mundial, continúa hoy día, con mucha más significación, ofreciendo perspectivas y características tan propias que no es posible enjuiciarlas con simplificaciones mediocres y generalizaciones absurdas. El desafío es único e histórico: el Canal ahora es sólo nuestro.
Por otra parte, la transferencia del Canal a la jurisdicción panameña ha revelado otro hecho muy esencial. El Canal, hoy más que nunca, se ha convertido en un factor fundamental de equilibrio político y económico nacional.
Esto es lo que ahora entienden los partidos políticos, los gremios, sindicatos, organizaciones no gubernamentales, asociaciones cívicas y particulares, etc. Han reconocido un hecho fundamental: que hay recursos naturales que no se producen en el vientre, en el suelo de las sociedades industriales, sino que son parte del patrimonio colectivo del país, y más aún, de la humanidad.
La República de Panamá hoy, por tener y ser dueña absoluta de un recurso de importancia mundial como lo es el Canal, y por tener asimismo una política que se sienta solidaría del mundo y no parcelada ni alinderada dentro de un concepto parroquial de la historia ni de la vida; vale decir, por todo eso estamos situados dentro de un escenario mundial. Por todo ello, y muchos más, la República de Panamá hoy ya no puede manejar la política internacional ni con los instrumentos intelectuales, ni con los instrumentos administrativos de hace años atrás. Todavía más: la velocidad de los acontecimientos nos imponen una velocidad determinada, no sólo para decisiones, sino también para producir eficacia, para producir un tipo de eficacia nueva, que no es posible a veces formarla; porque no hay tiempo para formarla, sino que hay que producirla.
En realidad, este es uno de los desafíos más grandes que tenemos los panameños por delante, y no queremos que la política internacional vaya a la zaga de los acontecimientos sino delante de ellos (para ello contamos con suficiente personal calificado, si dejamos de lado la politiquería). Debemos aspirar ahora, ya que tenemos esta gran responsabilidad (el manejo absoluto del Canal), a que la política internacional de Panamá pueda tener una perspectiva de por lo menos un cuarto de siglo de impacto. Por eso, es necesario, que mantengamos todo lo relacionado con la administración, operación y funcionamiento del Canal, fuera de los vaivenes políticos.
Queremos enfatizar, en este momento, que la primera cuestión básica que tendríamos por delante los panameños, a partir del presente año 2000 y en los años que vienen, es la de construir una política verdaderamente internacional. Una política que no dependa ya de un Presidente o de una Presidenta, de un gobierno o de un partido político, sino que sea una política internacional de Panamá. Por supuesto, cada Presidente, cada partido de gobierno o cada situación histórica imponen correctivos, ciertas rectificaciones o modificaciones o ciertos estilo diferente; pero que en grandes líneas necesitamos saber cuál será la política futura y cuáles las líneas previsibles de la conducta exterior de Panamá. Para ello, repetimos, contamos con suficiente personal capacitado; sólo hay que saber seleccionarlo, prescindiendo de la mediocridad y la improvisación que muchas veces impone el clientelismo político.