El canal por Nicaragua
Es un viejo sueño el de Nicaragua, legítimo, pero un sueño, querer construir un canal que emule al panameño y que le sirva de negocio para mejorar su economía y desarrollo, así como el nivel de vida de todos los pinoleros.
Desde el inicio del siglo pasado, los distintos prohombres visionarios de esa república centroamericana han acariciado la idea de construir un canal por el país utilizando el enorme lago de Cacibolca para trasegar las mercaderías del mundo de un océano a otro; por medio del río Sanjuán, desde la bahía de San Juan del Norte en el Mar Caribe y un corto esclusaje hasta salir al océano Pacífico nicaragüense, en competencia con la vía interoceánica panameña.
Desde los albores de las negociaciones de Panamá para la construcción de la actual vía bajo la visión de los franceses y luego con los norteamericanos, quienes culminaron la monumental obra de ingeniería, los nicaragüenses han desplegado ingentes esfuerzos diplomáticos y económicos para construir su canal, que por diversas razones económicas y geográficas, al final se construyó por Panamá.
Pero hoy, más de 90 años después de la construcción del canal panameño , los nicaragüenses aspiran legítimamente a construir una vía parecida y el mundo ávido de nuevas formas de mover el comercio mundial, voltea la mirada hacia la vieja aspiración de los pinoleros, que con nuevas tecnologías y la globalización del comercio mundial, es posible superar los escollos que en el siglo pasado fueron insuperables.
Y fijémonos que en Nicaragua no hay que hacer un referéndum para preguntarle a la población si desea una obra de esta magnitud, si quiere ser el centro de trasiego de mercaderías del mundo, si desea elevar su nivel de vida, si quiere el desarrollo para Nicaragua, a pesar de que la construcción de esa vía costaría unos $20 mil millones. Nadie pregunta de dónde saldría semejante cantidad de dinero. Lo que se quiere es que se invierta en el país
Es tácito y sobre entendido que todo Nicaragua, oposición y gobierno, los indolentes y los borrascosos se sumarán enérgicamente al desarrollo de esta obra, que llevaría al país centroamericano miles y miles de puestos de trabajo.
Mientras los nicaragüenses abanican al mundo esta obra, acá en Panamá estamos con la indolencia y la corta visión de siempre. Dudando, discutiendo , buscándole "la quinta pata al gato", rebuscando nimiedades y excusas para oponerse a mejorarlo, a ampliar su capacidad de movimiento de carga y barcos; negándose al desarrollo a la prosperidad, al bienestar y modernismo.
Allá está la propuesta de Nicaragua para construir un canal por su territorio. Allí están las otras infraestructuras viales y fluviales en todo el continente, desde Colombia hasta los Estados Unidos, que son la competencia para el Canal de Panamá, y aún pensamos que somos los únicos. ¡Despierta Panamá!
Desde el inicio del siglo pasado, los distintos prohombres visionarios de esa república centroamericana han acariciado la idea de construir un canal por el país utilizando el enorme lago de Cacibolca para trasegar las mercaderías del mundo de un océano a otro; por medio del río Sanjuán, desde la bahía de San Juan del Norte en el Mar Caribe y un corto esclusaje hasta salir al océano Pacífico nicaragüense, en competencia con la vía interoceánica panameña.
Desde los albores de las negociaciones de Panamá para la construcción de la actual vía bajo la visión de los franceses y luego con los norteamericanos, quienes culminaron la monumental obra de ingeniería, los nicaragüenses han desplegado ingentes esfuerzos diplomáticos y económicos para construir su canal, que por diversas razones económicas y geográficas, al final se construyó por Panamá.
Pero hoy, más de 90 años después de la construcción del canal panameño , los nicaragüenses aspiran legítimamente a construir una vía parecida y el mundo ávido de nuevas formas de mover el comercio mundial, voltea la mirada hacia la vieja aspiración de los pinoleros, que con nuevas tecnologías y la globalización del comercio mundial, es posible superar los escollos que en el siglo pasado fueron insuperables.
Y fijémonos que en Nicaragua no hay que hacer un referéndum para preguntarle a la población si desea una obra de esta magnitud, si quiere ser el centro de trasiego de mercaderías del mundo, si desea elevar su nivel de vida, si quiere el desarrollo para Nicaragua, a pesar de que la construcción de esa vía costaría unos $20 mil millones. Nadie pregunta de dónde saldría semejante cantidad de dinero. Lo que se quiere es que se invierta en el país
Es tácito y sobre entendido que todo Nicaragua, oposición y gobierno, los indolentes y los borrascosos se sumarán enérgicamente al desarrollo de esta obra, que llevaría al país centroamericano miles y miles de puestos de trabajo.
Mientras los nicaragüenses abanican al mundo esta obra, acá en Panamá estamos con la indolencia y la corta visión de siempre. Dudando, discutiendo , buscándole "la quinta pata al gato", rebuscando nimiedades y excusas para oponerse a mejorarlo, a ampliar su capacidad de movimiento de carga y barcos; negándose al desarrollo a la prosperidad, al bienestar y modernismo.
Allá está la propuesta de Nicaragua para construir un canal por su territorio. Allí están las otras infraestructuras viales y fluviales en todo el continente, desde Colombia hasta los Estados Unidos, que son la competencia para el Canal de Panamá, y aún pensamos que somos los únicos. ¡Despierta Panamá!