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El Canal y el futuro del país


HACE quince millones de años en el lugar donde hoy se encuentra el istmo de Panamá, batían las olas del Atlántico y el Pacífico que se encontraban en un abrazo de espumas, al mismo tiempo un abismo marino separaba a las dos grandes masas territoriales americanas del norte y del sur. Solo salpicaban el estrecho un puñado de islas forjadas de los escalofríos de las sacudidas de los volcanes.
Hace siete millones de años las placas tectónicas del Pacífico y la del Caribe se estremecieron temblorosas y arremetieron en febril pugilato una contra la otra, quedando primera apresada como por una llave de lucha libre debajo de la placa caribeña. La contienda hizo emerger del fondo de los océanos lo que hoy es Kuna Yala y Darién, y además la formación de archipiélagos desde el centro de Panamá hasta Nicaragua. Todos estos desbarajustes produjeron mucho polvo y esquirlas. Los fragmentos de la erosión y sedimentos fueron rellenando los espacios marinos del estrecho, naciendo así una parte de aguas entre los dos grandes océanos.
El relleno natural siguió haciendo su trabajo parsimonioso de albañil y hace cinco millones de años ya éramos una franja algo más sólida de tierra, atravesada por serpenteantes viaductos naturales que aún conectaban los mares.
Hace tres y medio millones de años -finalmente- se divorciaron los océanos y se matrimoniaron las masas continentales. Nació el istmo, hecho y derecho. La formación pedazo de tierra tuvo impacto mundial, pues al separar a los grandes océanos produjo la corriente del golfo que alteró el clima planetario dando inicio a la formación de los glaciares se estableció, grandes migraciones de animales recorrieron el canal de tierra entre norte y sur, y hasta se dice que todo esto pudo haber incidido en la aparición del ser humano sobre la tierra. Se trató nada más y nada menos según los sesudos expertos del Smithsonian de: "el evento natural más importante en la superficie de la tierra en los últimos 60 millones de años".
Al principio éramos, pues, canal natural de agua que unía océanos y separaba continentes. Luego un canal de tierra que juntaba continente y separaba mares. Tres y medio millones de años después fuimos las dos cosas, hasta que la especie humana separó a punta de TNT, mente, músculo y excavadoras lo que Dios y/o la Naturaleza unió.
En la cosmovisión oriental el yin y el yang son símbolos que expresan los dos principios antagónicos y complementarios, cuya metamorfosis incesante expresan el tejido mismo del universo en acción. Son ubicuos pares de opuestos como el día y la noche, lo positivo y negativo, lo lleno y lo vacío, lo masculino y femenino, el sí y el no. El Canal es un elemento fundamental profundamente insertado en la médula de la historia, el pasado y el futuro panameño y que expresa cada día, el yin y el yang de nuestra realidad.
Desde el momento que nace la república la acompaña el Canal, pero con ambas también adviene la lucha por la soberanía. Generaciones de panameños y panameñas ofrecen sus vidas, sus talentos y sus voluntades para afirmar el derecho de existir libre y soberano de la pequeña nación. El país es invadido o intervenido militarmente por los Estados Unidos una veintena de veces antes y después de ser república. La primera es el 15 de abril de 1856 conocida como el Incidente de la Tajada de Sandía y la más reciente el 20 de diciembre de 1989 cuando la aguja del sismógrafo del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá registró en las primera trece horas 422 bombas en el perímetro de la ciudad, muchas de ellas de alto poder destructor. Una bomba cada dos minutos.
Apenas 15 días después de la separación de Panamá de Colombia, el 18 de noviembre de 1903 un francés (Buneau Varilla) y un norteamericano (Hay) firmaron un tratado entre los Estados Unidos de América y la República de Panamá, que hizo posible que los Estados Unidos construyeran y operaran un Canal que uniría a dos océanos a través del istmo. 74 años después -el 7 de septiembre 1977- Panamá y los Estados Unidos de América firmaron los tratados que devolvían gradualmente el control soberano a la pequeña República.
Ahora, el país tiene la posibilidad de conocer (al fin), opinar y votar sobre la conveniencia o no de una propuesta de ampliación canalera. Esperemos que existan y se desarrollen las condiciones democráticas para que de este importante debate surja una opinión pública informada, consciente y responsable en su decisión. Definitivamente el tema canalero es otra vez el test que prueba nuestra capacidad de ser nación y de poder desarrollar la autodeterminación siendo sujetos de nuestro propio destino. Hoy otra vez el Canal nos convoca, y el debate debe poner sobre la mesa, a través de ampliaciones o megapuertos, de afirmaciones o negaciones, la impostergable discusión de lo que somos y lo que queremos ser como país y como sociedad.
raulleisr@hotmail.com

101 años de Panamá América

 
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