El Canal y el Siglo XXI (5)
Las recientes declaraciones del Gobierno respecto a la contracción económica que vive el país - especialmente las expresadas por el viceministro Ricardo Quijano - resultan patéticas y preocupantes pruebas de la falta de rumbo que ha caracterizado hasta el momento a la administración Moscoso.
Aseverar que la situación actual se debe a que "nunca se había evaluado la fuerza con que nos ha impactado el retiro de los americanos", además de condicionar la mejoría socioeconómica nacional a la posible construcción del tercer juego de esclusas, transforman la improvisación y ligereza dentro de estas conclusiones en asunto conflictivo, temeroso y muy errado para la comunidad internacional respecto al futuro mismo de la República de Panamá.
Es por eso que esta serie de artículos, complementados con algunos datos sobre el Canal, la industria naviera y la aplicación de opciones menos radicales a ésa que generaría la colosal inversión para llevar a cabo el proyecto arriba mencionado, no persiguen otra cosa que producir una genuina motivación para que los lectores efectúen un razonamiento desapasionado respecto a una decisión que, de mal tomarse, comprometería irremisiblemente nuestras perspectivas generales durante muchas décadas por venir.
En la revista TIME de esta semana - dedicada casi exclusivamente a analizar el futuro de la tecnología - aparece un interesante artículo de Nana Naisbitt donde menciona, entre otras cosas, que los procedimientos técnicos que en un momento dado fueron considerados de vanguardia se han convertido en piezas obsoletas por la aparición de métodos más prácticos y novedosos. La autora utiliza como uno de sus ejemplos al Canal de Panamá, obra que fuera considerada como alta tecnología hace 86 años y hoy sometida, precisamente, al dilema de escoger entre una muy costosa ampliación sustentada en su arcaico esquema operativo, o incorporar elementos complementarios a su funcionamiento cotidiano más económicos, modernos y a la par con la tendencia hacia donde se encamina el comercio marítimo mundial.
Para aumentar más la impaciencia que pesa sobre esta trascendental decisión Ricardo Martinelli - ministro del ramo - aseveró desde Londres cuando finalizó la reunión entre la Autoridad del Canal y su junta asesora que "o nos innovamos o morimos" agregando, luego del categórico y concluyente comentario, que aún no han terminado los estudios de factibilidad para una serie de proyectos destinados a aumentar la capacidad de la vía interoceánica.
¿En qué quedamos entonces? ¿Estamos listos para someter a un referéndum nacional tan importante medida? ¿Hemos sopesado a cabalidad todos los factores que incidirán por años - positiva o negativamente - si se decide llevar a cabo este descomunal proyecto? ¿Se ha estudiado la posibilidad de construir otras opciones igualmente ventajosas para el negocio naviero - pero inmensamente más productivas para la República de Panamá - como serían canales secos a través del istmo, PTP (Pure Transhipment Ports) además de centros multimodales y polos de acopio en las dos entradas del Canal para servir un novedoso esquema de transporte que empleará sólo 7 puertos de trasiego alrededor del mundo, la modernización y reapertura del oleoducto transístmico, establecer un estándar para el cobro de peajes basado en el uso del agua que se emplea y así comprometer al máximo posible el tamaño de los buques que circulen por la vía agilizando, tanto los tránsitos canaleros, como el rendimiento económico dentro de cada uno de los cruce?
Espero - luego que nuestros representantes escucharan a Hans Payer al final de la reunión analizar las perspectivas del Canal frente a los nuevos buques propuestos de 15,000 TEU y la teoría de la ruta ecuatorial de Asaf Ashar - que el tema sea discutido ampliamente con todos los sectores de la sociedad panameña antes que el mismo sea sometido a una consulta general y se produzca, ya sea por un errado apremio para solventar problemas transitorios o para acceder a demandas que beneficiarían primordialmente intereses foráneos, una respuesta equivocada para con nuestro futuro, el de nuestros hijos y los descendientes de ellos.
Aseverar que la situación actual se debe a que "nunca se había evaluado la fuerza con que nos ha impactado el retiro de los americanos", además de condicionar la mejoría socioeconómica nacional a la posible construcción del tercer juego de esclusas, transforman la improvisación y ligereza dentro de estas conclusiones en asunto conflictivo, temeroso y muy errado para la comunidad internacional respecto al futuro mismo de la República de Panamá.
Es por eso que esta serie de artículos, complementados con algunos datos sobre el Canal, la industria naviera y la aplicación de opciones menos radicales a ésa que generaría la colosal inversión para llevar a cabo el proyecto arriba mencionado, no persiguen otra cosa que producir una genuina motivación para que los lectores efectúen un razonamiento desapasionado respecto a una decisión que, de mal tomarse, comprometería irremisiblemente nuestras perspectivas generales durante muchas décadas por venir.
En la revista TIME de esta semana - dedicada casi exclusivamente a analizar el futuro de la tecnología - aparece un interesante artículo de Nana Naisbitt donde menciona, entre otras cosas, que los procedimientos técnicos que en un momento dado fueron considerados de vanguardia se han convertido en piezas obsoletas por la aparición de métodos más prácticos y novedosos. La autora utiliza como uno de sus ejemplos al Canal de Panamá, obra que fuera considerada como alta tecnología hace 86 años y hoy sometida, precisamente, al dilema de escoger entre una muy costosa ampliación sustentada en su arcaico esquema operativo, o incorporar elementos complementarios a su funcionamiento cotidiano más económicos, modernos y a la par con la tendencia hacia donde se encamina el comercio marítimo mundial.
Para aumentar más la impaciencia que pesa sobre esta trascendental decisión Ricardo Martinelli - ministro del ramo - aseveró desde Londres cuando finalizó la reunión entre la Autoridad del Canal y su junta asesora que "o nos innovamos o morimos" agregando, luego del categórico y concluyente comentario, que aún no han terminado los estudios de factibilidad para una serie de proyectos destinados a aumentar la capacidad de la vía interoceánica.
¿En qué quedamos entonces? ¿Estamos listos para someter a un referéndum nacional tan importante medida? ¿Hemos sopesado a cabalidad todos los factores que incidirán por años - positiva o negativamente - si se decide llevar a cabo este descomunal proyecto? ¿Se ha estudiado la posibilidad de construir otras opciones igualmente ventajosas para el negocio naviero - pero inmensamente más productivas para la República de Panamá - como serían canales secos a través del istmo, PTP (Pure Transhipment Ports) además de centros multimodales y polos de acopio en las dos entradas del Canal para servir un novedoso esquema de transporte que empleará sólo 7 puertos de trasiego alrededor del mundo, la modernización y reapertura del oleoducto transístmico, establecer un estándar para el cobro de peajes basado en el uso del agua que se emplea y así comprometer al máximo posible el tamaño de los buques que circulen por la vía agilizando, tanto los tránsitos canaleros, como el rendimiento económico dentro de cada uno de los cruce?
Espero - luego que nuestros representantes escucharan a Hans Payer al final de la reunión analizar las perspectivas del Canal frente a los nuevos buques propuestos de 15,000 TEU y la teoría de la ruta ecuatorial de Asaf Ashar - que el tema sea discutido ampliamente con todos los sectores de la sociedad panameña antes que el mismo sea sometido a una consulta general y se produzca, ya sea por un errado apremio para solventar problemas transitorios o para acceder a demandas que beneficiarían primordialmente intereses foráneos, una respuesta equivocada para con nuestro futuro, el de nuestros hijos y los descendientes de ellos.