default

El Canal y la migración del campo


Si algo positivo quedó de la sequía del último fenómeno de El Niño fue el crear conciencia nacional e internacional de la vulnerabilidad del Canal frente a la escasez de lluvias. Y lo peor tratándose de acontecimientos cíclicos que se repetirán inexorables con intensidad creciente cada vez.
Cierto que desde un principio se construyó la vía sabiendo que la cuenca del Chagres sería el nutriente del agua de los lagos que le dan vida y posibilitan cada tránsito de naves. Unos 52 millones de galones de agua dulce se derraman al mar al paso de cada barco, permitiendo que éste ascienda y descienda los escalones acuáticos de las esclusas.
Pero nunca se pensó que la selva de la cuenca canalera sería devastada en la forma que lo ha sido desde su inauguración en 1914. A partir de entonces se ha perdido un tercio de la valiosa vegetación tropical húmeda, única en el mundo. Hoy quedan apenas 330 mil hectáreas de las 500 mil originales.
La tala indiscriminada y la invasión de la cuenca para dedicarla a la ganadería y la agricultura es una práctica que se intensifica cada año. El gobierno norteamericano viene registrando cuidadosamente lo que ocurre y está muy preocupado por la suerte del área, particularmente cuando sus soldados la abandonen el 31 de diciembre del próximo año.
Hace cinco décadas la Península de Azuero era una región fresca, donde abundaba la lluvia y prevalecía un bosque espeso. En algunas zonas se cultivaba café a la luz del tenue bajareque. Crónicas de la Guerra de los Mil Días describen una selva exuberante y ríos caudalosos colmados de cocodrilos, que ya no existen.
Los campesinos están ahora siendo empujados hacia el área canalera con resultados desastrosos y perspectivas peores para la selva que nutre de agua la vía. En 1960 la población de la cuenca alcanzaba los 40 mil habitantes, pero en 1990, apenas treinta años después, ya se había triplicado a los 110 mil.
Pero a partir de 1990, con el advenimiento de la apertura comercial y la globalización, la presión migratoria sobre la cuenca canalera adquirió proporciones aterradoras, duplicándose en los siete años siguientes hasta exceder hoy los 200 mil habitantes.
Como resultado, el Canal está pagando caro tributo por la migración en su cuenca, en términos de sedimentación y merma de agua. Las restricciones de calado se harán más frecuentes y el indómito Chagres parece una quebrada.
La causa y la solución del problema es sencilla y la vienen aplicando con éxito en las naciones de Europa y Norteamérica, consistiendo en proveer incentivos para el cese de la migración hacia las ciudades. Sólo Estados Unidos provee con el mismo propósito subsidios anuales de 80 mil millones de dólares a sus agricultores. Empero la actual política agropecuaria del gobierno panameño marcha en sentido contrario. A ese ritmo, para el 2005 un millón de migrantes del campo habrán terminado de devastar lo que queda de selva canalera.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América