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El Canal y los peligros no evidentes


Notable disgusto e insatisfacción nos ha causado a los panameños, las declaraciones de un descolorido precandidato republicano a la Presidencia de los Estados Unidos, que argumenta sobre el supuesto peligro de que los chinos se puedan adueñar del Canal y advirtiendo que, en tal caso, los gringos tendrían que recurrir a acciones militares, en nuestro territorio.
Tales manifestaciones son reflejo del pensamiento de un sector minoritario de los Estados Unidos, de tendencia ultraconservadora e imperialista, que insiste en considerarse dueño de nuestra vía acuática.
Esta actitud es repudiable y la rechazamos, pero el caso es oportuno para reflexionar sobre algo que quizás suene a psicosis, pero que es un asunto en el que he estado pensando, gravemente, desde hace algunos años.
Primero la siguiente anécdota: Allá por los años de 1939 al 41, en mi niñez, vivía yo en la ciudad de Colón y casi que frente a mi casa, residía una familia japonesa, cuyo jefe o padre, actuaba como el barbero de la vecindad.
Ocurrió entonces el ataque japonés a Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941. Al día siguiente, camiones y soldados armados de los Estados Unidos peinaron la ciudad, apresando a todas las familias alemanas, italianas y japonesas (nacionales de la alianza militar enemiga, conocida como el Eje).
Personalmente vi cómo metían en un camión militar al afable y popular barbero y su familia, y nunca más los volví a ver. Más de cuarenta años después, preguntando sobre el destino de esta familia amiga, supe que había sido llevada a un campo de concentración en California, pero lo que más me sorprendió fue que se me explicó que el padre japonés, nuestro buen barbero, no era una persona insignificante; era un vice almirante de la inteligencia naval japonesa, plantado en Colón, puerto atlántico del Canal, con el fin de recoger, solapadamente, información estratégica para el Alto Mando japonés. Una peligrosa actividad, en tiempos de guerra o de crisis internacional.
Estoy seguro de que el barbero nipón no fue el único militar espía que actuaba en Panamá, a beneficio del Eje. Esta experiencia personal, me hace meditar sobre los muchos miles de inmigrantes que se han radicado en nuestro país, provenientes de la China Continental (comunista), en donde aún predomina esa ideología política de corte dictatorial, imperialista y con ansias de dominación mundial.
Resulta delicado que, mientras Panamá y las riberas del Canal se saturan de chinos, producto del corrupto e irresponsable negociado de visas y tráfico de personas que manejan algunos panameños influyentes, para su enriquecimiento inmoral si no ilegal, no sepamos si muchos de ellos (como el caso del barbero japonés), han ingresado a nuestro país como agentes del gobierno comunista chino, para preparar una quinta columna o como una fuerza militar de tarea terrorista, entrenada para sabotear el Canal o desestabilizar el país, en el caso de un previsible enfrentamiento chino-estadounidense.
No nos preocupemos tanto por la Hunchigton Wampoa en los puertos. Preocupémonos por esos miles de asiáticos regados por toda nuestra geografía y que ahora manejan y controlan la mayor parte de nuestras fuentes de alimentación popular fundamentada en el control de abarroterías, mercaditos, minisupers y otros establecimientos de comercio al por menor. Esto por sí sólo, puede ser una amenaza no descartable, en adición al peligro que señalamos en este escrito.
Las bravuconadas de unos cuantos gringos cavernícolas, pueden ser inadmisibles, pero no pequemos de inocentones, creyendo que todo el mundo respetará por secula seculorum, nuestros derechos y soberanía sobre el Canal y una ilusoria neutralidad. ¡No nos descuidemos con estos peligros no evidentes para nuestra seguridad nacional, aunque ésto suene a exageración!

101 años de Panamá América

 
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