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El Canal y nosotros




Colaborador

Tiempo atrás pergeñé unas líneas sobre este tema. Es el momento de retomarlas. El Canal, y todos los bienes aledaños al mismo, han revertido a Panamá y pareciera que los panameños todavía no hemos captado este hecho trascendental en todas sus dimensiones. Se entiende que es justo hacer un recorderis de todos los pasos andados a lo largo de la gran lucha generacional que nos hicieron llegar al 31 de diciembre de 1999, incluyendo el recuerdo de todos los fundadores, y de los dirigentes más destacados como: Harmodio Arias, Roberto F. Chiari, Arnulfo Arias, Omar Torrijos; y las luchas de aquellos grupos y movimientos que marcaron los derroteros de la historia patria.
Es comprensible que se haya enfatizado en los abusos y las intervenciones del coloso del norte, definitivamente humillantes para nuestros sentimientos patrios. Conozco un centenar de esos patrióticos escritos sobre el tema. Es natural y necesario ponderar nuestra nacionalidad y admirarnos de que, a pesar del largo período de unión a Colombia y de todos los percances sufridos en aquellas décadas del Estado tutelado por la potencia norteña, nuestra nacionalidad no haya naufragado y, más bien, seamos hoy un país soberano y no un "Ente Libre Asociado".
Todo ello es entendible. Mas las cosas han cambiado radicalmente desde fines de la pasada centuria. Somos un Estado Nacional que ha reconquistado plenamente sus derechos soberanos; pero también somos un país con grandes metas que enfrentar, con grandes responsabilidades que cumplir. Y parte de esas metas y responsabilidades tienen que ver con ese Canal y sus áreas aledañas (patrimonio calculado en alrededor de 30,000 millones de dólares), al cual hay que hacer fructificar en beneficio de Panamá.
Cuando paso el puente de las Américas en un hermoso día soleado, me lleno de admiración y orgullo auténtico, y me digo: "Qué hermoso es nuestro Panamá"; cuánta riqueza natural y humana atesora, cuánto ha avanzado por los caminos de la modernización, a pesar de tantos contratiempos históricos sufridos. Pero también me pregunto: Con tantas riquezas ¿por qué hay tantos panameños infelices?
En primer lugar, debemos dejar ya de lado esa mentalidad de la época de la patria boba de que el Canal debe estar en función permanente y beneficio prioritario del comercio mundial. Panamá ya subsidió demasiado; ya se sacrificó bastante, durante más de 80 años, a favor de las economías de otros países, en especial, de los Estados Unidos de Norteamérica.
Después de haber luchado tanto por la soberanía, todavía estamos sometidos a los intereses comerciales de las grandes compañías navieras y de los grandes consorcios económicos mundiales. ¿Hasta cuándo vamos a seguir pregonando el tradicional lema "Pro Mundi Beneficio"? Debemos decir "por el Beneficio de Panamá... y del Mundo", poniendo el beneficio de Panamá primero.
En un segundo lugar, a inicios de la nueva centuria, hay que pensar y vivir en función de un presente proyectado hacia el futuro que se abre promisorio ante nuestros ojos, en lugar de estar afincados en el presente que mira sólo hacia el pretérito- que, es cierto, debemos conocer y consignar científicamente-, pero que no debe llevarnos obsesivamente a llorar indefinidamente ante el muro de las lamentaciones, por los traumas sufridos en el pasado.
Ya el Canal es nuestro y el mundo entero lo ha reconocido. La práctica de insistir sólo en la denuncia y en la reivindicación quedó atrás. Hay otras facetas de la historia patria relacionadas, unas con el país profundo interiorano, y otras con el Canal y el área de tránsito, que aún no han sido del todo exploradas y menos aún integralmente investigadas; entre otras, el trascendental papel del interior del país para mantener vigente la nacionalidad en los prolongados períodos en que entraba en crisis la economía del área de tránsito interoceánico, tema sólo parcialmente abordado por distinguidos historiadores en estudios dispersos; también cuenta la implantación progresiva de la panameñidad en todo el territorio nacional- se han dado casos de interés siempre actualizado: Kuna Yala, Bocas del Toro, Darién, etc.; asimismo, el estudio de los grupos humanos, su integración y las relaciones entre ellos y con el país político.
En relación con el Canal, habrá que ocuparse de la incidencia del mismo y de la presencia norteamericana, sobre la escala de valores, las mentalidades, el idioma, las preferencias deportivas del panameño; podemos también evaluar el influjo negativo y hasta cierto punto castrante, de esa presencia poderosa en la tendencia a una baja autoestima y a un sentimiento difuso de inferioridad, para enfatizar que todo lo oprobioso ha quedado atrás y que nosotros, con la colaboración de la comunidad internacional, sí podemos lograr nuestros objetivos nacionales, administrar bien el Canal, defender nuestras fronteras y asegurar las condiciones para una estabilidad política con paz y justicia social; sin ningún tipo de intervención y así poder realizar el nuevo proyecto nacional, es decir, todo aquello que hay que hacer, para sacar el mayor provecho de nuestro Canal, sus áreas aledañas y su impacto en el resto del país. Sólo así lograremos desarrollo nacional en una democracia real y productiva para todos los panameños.

101 años de Panamá América

 
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