El cáncer de la edad
Sí, éste es un nuevo tipo de cáncer. No se trata de uno que ataque el organismo humano, aunque finalmente incide en la salud física y psíquica. Es un cáncer de tipo laboral, cuyos efectos van destruyendo poco a poco la salud mental de millones de seres humanos en el mundo. Me refiero a la enfermedad que se llama: "Tener más de 35 años". Se viene desarrollando desde finales del siglo XX y sus células malignas van creciendo sin control y se afianzan aceleradamente en el mercado laboral del mundo globalizado.
Cuando aparecen los primeros síntomas, pensamos que es algo pasajero y que tendrá cura, pues no es posible que nos esté pasando. Nos decimos que estamos preparadas, pues hemos dedicado la mayor parte de nuestras vidas a aprender, a capacitarnos, a especializarnos y a poner en práctica nuestros conocimientos.
Pasan los días y vamos escuchando la campanita de alerta cuando acudimos a diversas empresas, negocios e instituciones buscando trabajo y sin mediar explicación, nos expulsan de los empleos, nos descartan como apestadas y no podemos hacer nada para evitarlo. Es, en este momento, en que con estupor descubrimos que nuestra enfermedad avanza de forma inexorable sin que se vislumbre una cura.
Nos decidimos a buscar ayuda y con tristeza constatamos que no existe ninguna asociación, sindicato u ONG que nos proteja y que nos defienda contra esta violación a nuestros derechos laborales. Temblamos al pensar que cuando desaparezcan los pocos ahorros, si es que los hay, tendremos que apelar a la caridad de familiares, ya que no hay subvenciones para quienes padecen este cáncer laboral que no tiene cura y que ni siquiera podemos detener su progresivo avance.
Limitar la edad para que una persona acceda a un empleo o se mantenga en él, además de constituir una discriminación es un grave error en opinión de expertos/as, pues en muchas ocasiones son los empleados y las empleadas con más edad quienes resultan más productivos para las empresas.
Luchemos todos y todas contra este perverso cáncer que coloca a las personas de más de 35 años en una situación de inferioridad, sobre a base del prejuicio de considerarlas elementos poco útiles, desactualizadas, sin iniciativa, desgastadas o enfermas, cuando se ha comprobado que la leve disminución de memoria, fuerza física o reflejos que traen los años, se e generosamente compensada en la mayoría de los casos con experiencia, sabiduría y creatividad.
Cuando aparecen los primeros síntomas, pensamos que es algo pasajero y que tendrá cura, pues no es posible que nos esté pasando. Nos decimos que estamos preparadas, pues hemos dedicado la mayor parte de nuestras vidas a aprender, a capacitarnos, a especializarnos y a poner en práctica nuestros conocimientos.
Pasan los días y vamos escuchando la campanita de alerta cuando acudimos a diversas empresas, negocios e instituciones buscando trabajo y sin mediar explicación, nos expulsan de los empleos, nos descartan como apestadas y no podemos hacer nada para evitarlo. Es, en este momento, en que con estupor descubrimos que nuestra enfermedad avanza de forma inexorable sin que se vislumbre una cura.
Nos decidimos a buscar ayuda y con tristeza constatamos que no existe ninguna asociación, sindicato u ONG que nos proteja y que nos defienda contra esta violación a nuestros derechos laborales. Temblamos al pensar que cuando desaparezcan los pocos ahorros, si es que los hay, tendremos que apelar a la caridad de familiares, ya que no hay subvenciones para quienes padecen este cáncer laboral que no tiene cura y que ni siquiera podemos detener su progresivo avance.
Limitar la edad para que una persona acceda a un empleo o se mantenga en él, además de constituir una discriminación es un grave error en opinión de expertos/as, pues en muchas ocasiones son los empleados y las empleadas con más edad quienes resultan más productivos para las empresas.
Luchemos todos y todas contra este perverso cáncer que coloca a las personas de más de 35 años en una situación de inferioridad, sobre a base del prejuicio de considerarlas elementos poco útiles, desactualizadas, sin iniciativa, desgastadas o enfermas, cuando se ha comprobado que la leve disminución de memoria, fuerza física o reflejos que traen los años, se e generosamente compensada en la mayoría de los casos con experiencia, sabiduría y creatividad.