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El candidato o la propuesta


La presente contienda electoral se ha centrado en los perfiles de los candidatos, en definir lo que han hecho o dejado de hacer como personas o políticos. Se impulsa la figura de cada uno o se intenta desprestigiarle en base a sus haberes políticos o la ausencia de ellos.

Eso se ha expresado en publicidad descalificadora, maniqueista, o como algunos llaman "campaña sucia"; y, por supuesto, los electores manifiestan sus simpatías o antipatías basados en el perfil individual de cada candidato.

La discusión gira en torno a quién puede dirigir mejor la nave del Estado; las predilecciones se dividen entre los "nuevos y viejos políticos". Incluso, llama la atención que la contienda se haya polarizado entre un empresario dueño de un partido y una militante de un partido con 30 años de experiencia en la lucha por el poder y no entre partidos políticos, con un programa definido de gobierno.

La contienda no es entre propuestas distintas sobre cómo conducir el Estado, ni en diferencias sobre planes y programas de gobierno. Pareciera que apostamos por el discurso que suena más agradable, más acorde con los sentimientos momentáneos y no por propuestas que desarrollen mejor el país según el criterio de cada cual. Pareciera que el pacto perverso entre electores y candidatos sigue siendo el trueque de votos por soluciones superfluas individualistas e inmediatas o por lo menos a cambio de promesas sin base ni fundamento. "Dame tu voto y déjame gobernar como mejor me parezca", a cambio de "dame algo ahora y voto por ti, aunque hundas al país en el próximo quinquenio".

Los llamados debates públicos también se centran en el perfil (la personalidad) de los candidatos e intentan, en un minuto, definir las cosas que harían siendo electos. Ninguno de esos debates se centra en algún tema puntual sobre qué cada candidato sustente su propuesta, demuestre las bondades de la misma y la inviabilidad de las otras. Las simpatías declaradas en las encuestas no se basan en las propuestas para gobernar, sino en las personalidades y, en el mejor de los casos, en la promesa de desandar lo andado, o profundizarlo, sin importar si con ello hundimos al país, pues lo importante es el voto "castigo" (voto en contra) y no el voto por y para el país.

Alguien debiera exigirle a los candidatos planes y propuestas para gobernar y a los electores conciencia para escoger sobre la base de propuestas más que por el perfil y/o la personalidad de los candidatos. Saber escoger con conciencia de país y no de intereses egoístas, individuales e inmediatos. Considero que los comunicadores sociales tienen un papel importante en ese sentido, pues del criterio que usemos para elegir al próximo Presidente de la Nación dependerá si seguimos quejándonos hasta la próxima elección, o actuamos como nación, con visión de país más allá de una elección.

ayalaabogado@hotmail.com

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