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El carnaval nacional


Sin embargo, sí hay elementos positivos en las celebraciones carnavalescas. Uno de estos elementos lo constituye la tendencia a "nacionalizar" esas fiestas, a convertirlas en un medio para rendir culto a los bailes, a la música, a los vestidos típicos de nuestro pueblo. Es decir, que durante los carnavales, el pueblo tiende al descubrimiento y apreciación de ciertos valores nacionales, de algunas características folclóricas que nos distinguen de los otros pueblos del continente.
Esa tendencia debiera ser aprovechada. Es beneficioso para nuestro país que el pueblo piense con sentido nacional en una ocasión de tanta alegría espontánea, de tanto entusiasmo popular como son los carnavales. Y no hay que olvidar que son esas manifestaciones nacionales las que le dan fisonomía propia a unos festejos que bien podrían convertirse en una atracción turística, en una ocasión propicia para que los extranjeros nos conozcan mejor, nos aprecien en una forma más efectiva.
Obsérvese que los carnavales son también ocasión para que nuestros músicos reclamen el derecho a ofrecer sus propias interpretaciones. Sin llegar al menosprecio de la música internacional, los carnavales deben alentar la rima de la décima, el sonido del acordeón y el canto del "salomar", que tienen bastante eco popular en las regiones del interior de la República, en vez de darle mayor valor a lo foráneo, como es el de reclamar que sean orquestas internacionales las que tengan la preferencia en las celebraciones carnavalescas.
Un pueblo joven como el nuestro, de personalidad en formación, debe aprovechar todos los aspectos de su vida para la afirmación de la nacionalidad. Y en ese sentido, la creación de estímulos para la exaltación de nuestros propios valores musicales, de nuestros bailes, de nuestros vestidos, constituye una manera de ir ayudando a construir la independencia espiritual de nuestra Patria.

101 años de Panamá América

 
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