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El caso de los corredores


Hace algunos días escuché a un arquitecto de la SPIA decir que las deficiencias que se ponen de manifiesto frecuentemente en los corredores se debe a que los rellenos no los dejan que se asienten (si éste fuera el caso, la construcción de la Carretera Interamericana no hubiese concluido aún).
Por discrepar con tal aseveración, escribo el presente artículo; no obstante, debo aclarar que en mi juventud tuve a mi cargo varios proyectos de movimiento de tierra en la Carretera Interamericana.
Existen tres clases de compactación: a) por sedimentación, que es el producto de tierras movidas por las aguas lluvias y depositadas en otro lugar; b) por asentamiento, que cuando uno deposita determinada cantidad de tierra y con el correr del tiempo las aguas lluvias la van compactando en forma natural, ésta, a más de lenta, es a la que se refirió el arquitecto de la SPIA; y c) la compactación por medios mecánicos, como piñas, neumáticos, rolas, martillos de aire, etc. En la construcción de carreteras éste es el medio más eficiente, siempre y cuando se haga como debe ser y todo el tiempo que el material lo requiera y que, además, la humedad de los materiales a compactar sea óptima.
El caso de las deficiencias en los corredores, que naturalmente utilizaron el último método, se debe indefectiblemente a:
a) que los materiales no fueron compactados todo el tiempo que demandaba el material usado; b) que posiblemente haya existido algunas secciones cuya humedad haya sido excesiva; y c) que posiblemente haya dentro de la calzada algunos ojos de agua que imponían la confección de llorones etilo espina de pescado para que las aguas salgan a las cunetas y salvaguardar así la calzada.
En resumen, el problema de los corredores es una situación que se reduce a una mala compactación.
Método de medir la compactación: Existe un instrumento que determina el grado de compactación, entre mayor cantidad de material cabe en la medida que para tal efecto tiene el instrumento diseñado, más alto es el grado de compactación. Ese instrumento no es costoso y si lo comparamos con el monto de los millones que involucra la inversión de la obra, podríamos decir que es insignificante.
Entre menor es la cantidad de material que cabe en la medida antes citada, se puede apreciar que la tierra está floja y por lo tanto, hay un bajo grado de compactación.
Por otra parte, esta medición va ligada a la medición de la humedad, pues, un material con humedad excesiva no podría alcanzar un alto grado de compactación, en cuyo caso, muchas veces es urgente retirar ese material y reemplazarlo por otro con humedad adecuada.
En días pasados, en una vista fílmica se observaba que la salida de un puente se estaba produciendo un hundimiento.
Ello también es producto de una mala compactación; los rellenos acceso al puente, por lo menos en un espacio de un metro, se deben utilizar martillos de aire manuales para evitar que equipos pesados puedan causar daños a los estribos de los puentes, con consecuencias mayores.
Si esa compactación no se hace con capas pequeñas, para que quede bien, lo que habrá son bolsas de tierras falsa, que al compactarse con el paso posterior de los vehículos, lo que produce es lo que se apreció en la vista fílmica.
Me preguntaba un amigo, quien conocía mis antecedentes en materia de construcción, qué opinaba sobre los corredores, y le expresé: "Te daré dos respuestas, desde el punto de vista estético vs. el costo que han tenido, dejan mucho que desear; pero su trazado es bastante bueno, en lo que respecta a la calidad de la obra (esto fue hace cuatro años).
Se presume, que si yo construyo una obra a la que habré de darle mantenimiento durante 20 años, le aseguro que la construiré lo mejor posible, porque así mis costos de mantenimiento serán nulos o muy bajos.
No siendo esto así, agrego ahora, se pone de manifiesto el doble grado de incapacidad de las empresas constructoras de los corredores.

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