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El caso del niño Elián González


Aguardando a que la sensatez se impusiera, nos abstuvimos hasta ahora de comentar el doloroso caso de Elián González, que mantiene a Cuba y EU tirando cada cual un brazo del vivaz y juguetón niño cubano de cinco años, que tiene a ambas naciones envueltas en un clímax de su interminable pugilato diplomático de 40 años y que ya dobla hacia el próximo siglo.
Lo hecho hasta ahora por EU y Cuba, al politizar un problema de Derecho de Familia, concerniente a la guarda, crianza y educación de un menor, no tiene nombre. Los daños que pueden resultar en la psiquis del niño pueden ser graves, si se toma en cuenta la sucesión de hechos trágicos que ha vivido desde que fue embarcado por su madre y su novio el pasado 22 de noviembre desde su natal provincia de Matanzas con rumbo a Florida.
Hasta ese día, Elián asistía regularmente a la escuela, donde se destacaba como superdotado, alegre y parlanchín. Vivía con su madre quien estaba divorciada de su padre Juan Miguel González, con quien mantenía sin embargo una estrecha relación, al igual que con sus abuelos paterno y materno, todos residentes en Cuba. La intempestiva salida de su entorno alteró toda su vida, donde si bien no tenía lujos, tampoco le faltaba nada, incluyendo el amor de sus padres y abuelos.
Ese mismo día, la nave en que viajaba Elián junto con una decena de personas, incluyendo a su madre y el novio de ésta, Lázaro Munero García, fue avistado por una patrullera cubana que a través de altavoces trató de que desistieran, en vista del hacinamiento y de las precarias condiciones en que navegaban. Como los navegantes no hicieron caso y siguieron adelante, la Marina Cubana aplicó el procedimiento convenido con EU y dio aviso a su similar de Florida.
El 25 de noviembre, la nave naufragó en el Estrecho de Florida, siendo rescatado el niño Elián, asido a un neumático y otro sobreviviente. Todos los demás perecieron, incluyendo su madre y el novio de ésta. Ese mismo día, las autoridades migratorias de EU manifestaron su decisión de otorgar inmediata residencia a Elián, al cuidado de parientes residentes en ese estado.
Fidel Castro aprovechó de inmediato la oportunidad para acusar a EU de secuestro y exigió la devolución del niño a su padre, al tiempo que organizó masivas concentraciones populares que borraron de inmediato las secuelas favorables a la oposición interna logradas tras la pasada Cumbre Iberoamericana celebrada en La Habana. EU a su vez ripostó con la arrogancia propia de la única potencia mundial, de que no lo devolvería.
En el medio de todo, estaba en juego era el trabajoso Acuerdo Migratorio con Cuba que más que nada favorece a EU, al servir de freno a la inmigración ilegal. Y ante esa realidad, el Servicio de Migración de EU decretó la semana pasada que Elián sería devuelto a su padre, como debe ser, pues es el único sobreviviente tras fallecer la madre. Un minucioso estudio de antecedentes, no ve ningún impedimento en que sea el padre de Elián quien se encargue de su hijo. No hay por ende razón alguna de seguir con esta politización insensata de un problema trágico, pero jurídicamente sencillo.

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