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El caso “Dj Black”


La designación de DJ BLACK (DJB) para ocupar la jefatura de la Secretaría Ejecutiva del Consejo Nacional de la Etnia Negra ha generado una controversia que era de esperarse, de propios y extraños, al movimiento negro panameño.

Por una parte están los que dicen que el reconocido artista no tiene méritos académicos, políticos o intelectuales que le hagan apto para ejercer tan importante cargo; y por la otra están los que argumentan que no son indispensables estos antecedentes ya que la experiencia reciente apunta a que no necesariamente los que han llegado “cargados de diplomas” han generado los resultados esperados.

Hay que tener cuidado con las opiniones que emitimos sobre DJB, especialmente aquellos que están fundamentadas en meros prejuicios. Juzgar a priori es sumamente peligroso dado que es el semillero de conductas discriminatorias.

En el caso de DJB, todos lo conocemos en su faceta como artista del género conocido como reggae, y son parte importante de los exponentes de este género en Panamá, personas catalogadas socialmente como “rakatas”, que es el vocablo dentro del argot criollo que hace referencia a aquellos individuos que culturalmente hablando no podemos ubicarlos dentro de aquellas formas de expresión cultural que muchos asumen como las oficiales o representativas, de la cultura nacional. Estas personas son, por definición, una subcultura que surge en sociedades desiguales como la nuestra, y que buscan a través de formas diferenciadas de expresión cultural, decir presente en un país donde a veces pareciera que no hay suficiente espacio para la diversidad.

Así, el hecho de que DJB sea reggaesero no es una desventaja para el ejercicio del cargo en discusión, ni tampoco un argumento para descalificarlo. Hacerlo, sería un acto de abierto desconocimiento de exactamente los males sociales que originaron la creación del Concejo Nacional de la Etnia Negra, y contra los cuales muchos luchamos.

Ahora, frente al argumento de algunos de que los méritos académicos no necesariamente son indispensables, me permito disentir ya que si hay algo por la que muchos de nuestros ancestros lucharon fue por la plena igualdad en el goce de los derechos humanos. Y si en algún momento hubo afro panameños, sin educación formal que lograron importantes conquistas, lo hicieron como un sacrificio personal para que algún día viviéramos en un Panamá de mayor igualdad de oportunidades para nuestras comunidades.

Diversos estudios socio-económicos han dejado claramente establecido que hay una relación proporcional entre años de estudio y salario, e inversamente proporcional entre educación e intolerancia. Luego, me parece que se debe seguir luchando porque nuestros jóvenes sigan estudiando, y porque alcancen los más altos niveles de especialización en lo que hagan: sea que quieran ser bailarines, ebanistas, electricistas, abogados, reposteros o cantantes. Se trata de ser siempre mejor y más profesional en lo que se haga.

Por lo anterior, no puedo compartir el argumento de que porque los “muy estudiados” no llenaron nuestras expectativas, entonces tratemos de lograrlo a través de aquellos “no tan estudiados”. Creo que un argumento de este tipo puede enviar un mensaje incorrecto a muchos jóvenes panameños que actualmente se debaten entre trabajar y/o estudiar. Aparte, sería generalizar y estigmatizar a las personas con alta instrucción.

Creo que el caso DJB es un llamado de atención para todos los dirigentes: ¡esto no debería estar pasando! Se suponía que a esta altura del partido, el amigo DJB debía ser no solamente un gran exponente del reggae, sino uno con los mínimos antecedentes académicos del siglo 21, es decir con una educación universitaria que le permitiera acceder al puesto sin cuestionamientos de este tipo.

Luego de muchas horas de reflexión, y contrario, confieso, a mi opinión original sobre este tema, pienso que tenemos una obligación moral y ética de apoyar a DJB porque es un joven que está allí por un trabajo político hecho; porque sus “limitaciones” lo son también en cierta forma nuestras, y sobre todo porque cuando tuvimos la oportunidad de “anotar el gol” no sudamos lo suficiente la camiseta.

101 años de Panamá América

 
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