El centenario de Rogelio Sinán
Mis vínculos espirituales con Rogelio Sinán nacieron y crecieron a la luz de ideales en los que palpitaba una clara vocación de contribuir al progreso en todos los órdenes del país. En Sinán esa vocación tenía fuertes acentos intelectuales. Tuve afortunadas y numerosas oportunidades de aquilatar su riqueza cultural y la vigorosa inteligencia con las que Sinán estuvo preparado para hacer esa contribución. Fue alumno del Instituto Nacional, que también fue mi alma mater, varios lustros después. En la década de los 50 coincidimos en las luchas del Frente Patriótico, en defensa de la soberanía nacional y del orden constitucional, a las cuales les dio prestigio y autoridad y a las cuales contribuyó con su quehacer intelectual.
La doctora Elsie Alvarado de Ricord galardonada con la “Condecoración Rogelio Sinán 2002”, en su “Análisis de la obra literaria de Rogelio Sinán”, alude al sentido de denuncia que Sinán inyecta de modo perceptible al plantear ciertos temas en sus narraciones. Entre los temas que se citan en el Análisis mencionado que muestran, a mi juicio, el aporte y el compromiso de Sinán con el Frente Patriótico, están “La discriminación racial, la explotación del trabajador, el menosprecio y el vasallaje de la mujer, el maltrato al niño, el abuso del poder, la complicidad de las clases parasitarias, la corrupción administrativa, la desinformación, la desorientación educativa, la hipocresía de los convencionalismos, en fin, todas las lacras que en mayor o en menor grado quizá la encuentren en todas las sociedades, son las constantes de los relatos de Sinán que constituyen el telón de fondo e imprimen el sentido de denuncia a estas producciones tan representativas de nuestro momento en el amplio escenario latinoamericano”. Sin duda, el mismo sentido de denuncia lo habría expresado Sinán, contra el uso del inglés, como idioma empleado el 1° de abril de 2002, por el Administrador Alberto Alemán Zubieta, en documento oficial de la Autoridad del Canal con exclusión del idioma español, que es el idioma patrio.
En los recuerdos que guardo de Rogelio Sinán hay muchos hechos que lo hacen sobresalir en mi mente con características especiales. La originalidad de Sinán me parece digna de ser destacada. Es cierto que en el patrimonio genético del ser panameño parece haber una capacidad para interesarse por lo distante y por lo distinto. Los panameños tenemos de modo innato una apertura que nos hace fácil recibir -sin desprendernos de los haberes vernaculares-, a los de otros países. Apreciamos sus riquezas e incorporamos sin traumas, sin alienaciones, parte de los valores exógenos. Sinán, nacido el 25 de abril de 1902 en la Isla de Taboga, -la tierra de mi madre-, poseyó esa capacidad y la desarrolló plenamente adquiriendo desde joven una personalidad original que estaba hecha, entre otras características, de pluralismo y de erudición. Fue Rogelio Sinán uno de los panameños, que habiendo sentido desde joven el fuerte llamado de las letras y de las artes, se dieron cuenta, tuvieron aguda conciencia de que “la realidad no es todo el tiempo criolla” como decía Jorge Luis Borges.
En Sinán se hacía realidad el concepto de que “la poesía es más profunda y más filosófica que la historia”, como sostenía Aristóteles. Al confesar su afán de “revelarse contra las formas tradicionales de la poesía”, le escribía al doctor Octavio Méndez Pereira desde Londres en junio de 1929, que “algunos versos míos parecerán ingenuos, demasiado sencillos; otros, algo confusos; pero así estaban ellos en mi alma y los he expresado sinceramente...”
Cuando le dio su espaldarazo al primer libro del poeta, Méndez Pereira le reconoce a Sinán sus dotes de innovador al declarar que “el autor de Onda tiene cosas muy Siglo XXI como el Teorema de la Imagen y el de la Curva de Movimiento y cosas tradicionales, muy antiguas y muy modernas, como sus hermosos versos a la Inercia y su Mancha de Sol... en plena avanzada de modernismo”. “En Rogelio Sinán -señala el doctor Méndez- se da el caso de esa sublime inquietud interior de un alma que desea, ante todo y por todo, ser hija de su propia esencia”.
Rogelio Sinán tenía una personalidad sin prejuicios, sin ignorancia, sin fanatismos, sin miedos ni complejos. En suma, sin esas rémoras que ponen frecuentemente en los seres humanos límites o aporías importantes en el desarrollo intelectual.
A mi entender, la originalidad de Sinán se dejó ver en su vida, en su conducta, en su hacer, en su obra literaria. Desde sus primeros escritos, Sinán mostró que los más variados contenidos culturales -de Oriente y de Occidente-, formaban parte de sus conocimientos y de sus vivencias. Sinán fue viajero desde edad temprana y tenía intereses múltiples y horizontes muy dilatados en sus lecturas.
La originalidad de Sinán no se agota allí. Él accedió a las tradiciones ajenas sin sufrir condicionamientos por el poder de fijación que esas tradiciones tienen o tenían y que era muy fuerte antes de que el mundo empezara a empequeñecerse por causas de la revolución informática, científica y tecnológica.
En la época presente, en nuestros días, los efectos de la globalización y de las revoluciones mencionadas, se hace difícil explicar a los jóvenes todas las dificultades que debió enfrentar y que venció Rogelio Sinán para desarrollar la excepcional calidad de la personalidad que le fue propia.
Para junio de 1933, ya Sinán tenía la estatura de un coloso de las ideas estéticas. Se le consagró como Abanderado y Maestro de las nuevas ideas. Así lo postuló, Guillermo Andreve, aquel apóstol de la nacionalidad a quién también la patria le debe gratitud eterna. “En Sinán -decía Andreve- hay talento, hay cultura, vigor de primavera intelectual, disciplina mental y ansia de vivir su vida espiritual. Su obra es para los hombres de hoy, no para los de ayer...”
Medio siglo después, en su propósito de promover la candidatura de Sinán al premio Gallegos y al premio Cervantes, Mario Augusto Rodríguez, en una síntesis espléndida de la alcurnia del Abanderado y Maestro estructurada por Andreve, nos representa a Sinán como el Gran Creador así:
“Consagrada totalmente a la literatura, la vida de Sinán es un admirable ejemplo de capacidad creadora. Su vigorosa intelectualidad ha cultivado la poesía y la novela, el cuento y el teatro, siempre con una altura y una trascendencia magistral. Su teatro infantil logra una conjunción insuperable entre la aguda penetración de la emoción en niños con la tierna dulzura de sus más generosos sentimientos. La calidad literaria de sus novelas y cuentos, henchidos de riqueza imaginable generada de una tremenda fuerza realista y de un profundo sentido social, resalta sorprendente cuando se conocen sus obras teatrales para niños. Pero al penetrar en la densidad de su poesía, que alcanza elevados niveles de emoción estética y de caudales psicológicos y sociofilosóficos, se comprende mejor la unidad de pensamiento y la corriente de calor humano que hace de la literatura de Sinán como un extenso universo que va desde la más temprana infancia hasta la más vigorosa madurez”.
Al hilvanar estas reflexiones me pregunté qué podía escribir yo sobre Sinán que aún no haya sido escrito. La respuesta me llegó por vía intuitiva. Me respondí que no importa repetir lo que otros han expresado sobre Sinán si todas esas expresiones convergen hacia el reconocimiento y la admiración de ese panameño que vivió en Panamá y en el exterior con una carga de creatividad y una voluntad afirmativa de aportar al país los dones de su talento y de su dedicación a las letras.
Ese aporte lo hizo Sinán con prosa y con lirismo nuevos. Sinán fue un escritor vanguardista que no tuvo, para serlo, necesidad de escoger, de calcular a cuál corriente literaria pertenecería. Su vanguardismo le surgió a Sinán de una íntima, entrañable, natural predilección por las formas que le permitían vivir, respirar, crear de conformidad con su propia sensibilidad, con su propia y sincera emotividad, con su poderosa inteligencia.
Lo mismo hizo Sinán en su participación, -que la tuvo- en la vida política del país. Sinán no sólo propugnaba la renovación de las letras panameñas, la búsqueda de nuevas formas literarias. A Sinán le interesaban las nuevas fórmulas que hicieran la convivencia social más armoniosa, las relaciones económicas más justas, la vida de los panameños más feliz.
Al celebrarse esta semana el primer centenario del nacimiento de Rogelio Sinán, deseo compartir con la ciudadanía mi profunda adhesión a todos los actos conmemorativos. Las manifestaciones de homenaje a Rogelio Sinán son demostración de que la muerte ineluctable de éste, figura cumbre de las letras panameñas, no le arrebató el natural derecho al recuerdo imperecedero y a la fama en el ámbito de la posteridad. Sinán triunfo sobre el olvido, porque vive en la identidad nacional de Panamá. Su obra se fundió con la conciencia del pueblo y está integrada a la memoria eterna de la patria.
La doctora Elsie Alvarado de Ricord galardonada con la “Condecoración Rogelio Sinán 2002”, en su “Análisis de la obra literaria de Rogelio Sinán”, alude al sentido de denuncia que Sinán inyecta de modo perceptible al plantear ciertos temas en sus narraciones. Entre los temas que se citan en el Análisis mencionado que muestran, a mi juicio, el aporte y el compromiso de Sinán con el Frente Patriótico, están “La discriminación racial, la explotación del trabajador, el menosprecio y el vasallaje de la mujer, el maltrato al niño, el abuso del poder, la complicidad de las clases parasitarias, la corrupción administrativa, la desinformación, la desorientación educativa, la hipocresía de los convencionalismos, en fin, todas las lacras que en mayor o en menor grado quizá la encuentren en todas las sociedades, son las constantes de los relatos de Sinán que constituyen el telón de fondo e imprimen el sentido de denuncia a estas producciones tan representativas de nuestro momento en el amplio escenario latinoamericano”. Sin duda, el mismo sentido de denuncia lo habría expresado Sinán, contra el uso del inglés, como idioma empleado el 1° de abril de 2002, por el Administrador Alberto Alemán Zubieta, en documento oficial de la Autoridad del Canal con exclusión del idioma español, que es el idioma patrio.
En los recuerdos que guardo de Rogelio Sinán hay muchos hechos que lo hacen sobresalir en mi mente con características especiales. La originalidad de Sinán me parece digna de ser destacada. Es cierto que en el patrimonio genético del ser panameño parece haber una capacidad para interesarse por lo distante y por lo distinto. Los panameños tenemos de modo innato una apertura que nos hace fácil recibir -sin desprendernos de los haberes vernaculares-, a los de otros países. Apreciamos sus riquezas e incorporamos sin traumas, sin alienaciones, parte de los valores exógenos. Sinán, nacido el 25 de abril de 1902 en la Isla de Taboga, -la tierra de mi madre-, poseyó esa capacidad y la desarrolló plenamente adquiriendo desde joven una personalidad original que estaba hecha, entre otras características, de pluralismo y de erudición. Fue Rogelio Sinán uno de los panameños, que habiendo sentido desde joven el fuerte llamado de las letras y de las artes, se dieron cuenta, tuvieron aguda conciencia de que “la realidad no es todo el tiempo criolla” como decía Jorge Luis Borges.
En Sinán se hacía realidad el concepto de que “la poesía es más profunda y más filosófica que la historia”, como sostenía Aristóteles. Al confesar su afán de “revelarse contra las formas tradicionales de la poesía”, le escribía al doctor Octavio Méndez Pereira desde Londres en junio de 1929, que “algunos versos míos parecerán ingenuos, demasiado sencillos; otros, algo confusos; pero así estaban ellos en mi alma y los he expresado sinceramente...”
Cuando le dio su espaldarazo al primer libro del poeta, Méndez Pereira le reconoce a Sinán sus dotes de innovador al declarar que “el autor de Onda tiene cosas muy Siglo XXI como el Teorema de la Imagen y el de la Curva de Movimiento y cosas tradicionales, muy antiguas y muy modernas, como sus hermosos versos a la Inercia y su Mancha de Sol... en plena avanzada de modernismo”. “En Rogelio Sinán -señala el doctor Méndez- se da el caso de esa sublime inquietud interior de un alma que desea, ante todo y por todo, ser hija de su propia esencia”.
Rogelio Sinán tenía una personalidad sin prejuicios, sin ignorancia, sin fanatismos, sin miedos ni complejos. En suma, sin esas rémoras que ponen frecuentemente en los seres humanos límites o aporías importantes en el desarrollo intelectual.
A mi entender, la originalidad de Sinán se dejó ver en su vida, en su conducta, en su hacer, en su obra literaria. Desde sus primeros escritos, Sinán mostró que los más variados contenidos culturales -de Oriente y de Occidente-, formaban parte de sus conocimientos y de sus vivencias. Sinán fue viajero desde edad temprana y tenía intereses múltiples y horizontes muy dilatados en sus lecturas.
La originalidad de Sinán no se agota allí. Él accedió a las tradiciones ajenas sin sufrir condicionamientos por el poder de fijación que esas tradiciones tienen o tenían y que era muy fuerte antes de que el mundo empezara a empequeñecerse por causas de la revolución informática, científica y tecnológica.
En la época presente, en nuestros días, los efectos de la globalización y de las revoluciones mencionadas, se hace difícil explicar a los jóvenes todas las dificultades que debió enfrentar y que venció Rogelio Sinán para desarrollar la excepcional calidad de la personalidad que le fue propia.
Para junio de 1933, ya Sinán tenía la estatura de un coloso de las ideas estéticas. Se le consagró como Abanderado y Maestro de las nuevas ideas. Así lo postuló, Guillermo Andreve, aquel apóstol de la nacionalidad a quién también la patria le debe gratitud eterna. “En Sinán -decía Andreve- hay talento, hay cultura, vigor de primavera intelectual, disciplina mental y ansia de vivir su vida espiritual. Su obra es para los hombres de hoy, no para los de ayer...”
Medio siglo después, en su propósito de promover la candidatura de Sinán al premio Gallegos y al premio Cervantes, Mario Augusto Rodríguez, en una síntesis espléndida de la alcurnia del Abanderado y Maestro estructurada por Andreve, nos representa a Sinán como el Gran Creador así:
“Consagrada totalmente a la literatura, la vida de Sinán es un admirable ejemplo de capacidad creadora. Su vigorosa intelectualidad ha cultivado la poesía y la novela, el cuento y el teatro, siempre con una altura y una trascendencia magistral. Su teatro infantil logra una conjunción insuperable entre la aguda penetración de la emoción en niños con la tierna dulzura de sus más generosos sentimientos. La calidad literaria de sus novelas y cuentos, henchidos de riqueza imaginable generada de una tremenda fuerza realista y de un profundo sentido social, resalta sorprendente cuando se conocen sus obras teatrales para niños. Pero al penetrar en la densidad de su poesía, que alcanza elevados niveles de emoción estética y de caudales psicológicos y sociofilosóficos, se comprende mejor la unidad de pensamiento y la corriente de calor humano que hace de la literatura de Sinán como un extenso universo que va desde la más temprana infancia hasta la más vigorosa madurez”.
Al hilvanar estas reflexiones me pregunté qué podía escribir yo sobre Sinán que aún no haya sido escrito. La respuesta me llegó por vía intuitiva. Me respondí que no importa repetir lo que otros han expresado sobre Sinán si todas esas expresiones convergen hacia el reconocimiento y la admiración de ese panameño que vivió en Panamá y en el exterior con una carga de creatividad y una voluntad afirmativa de aportar al país los dones de su talento y de su dedicación a las letras.
Ese aporte lo hizo Sinán con prosa y con lirismo nuevos. Sinán fue un escritor vanguardista que no tuvo, para serlo, necesidad de escoger, de calcular a cuál corriente literaria pertenecería. Su vanguardismo le surgió a Sinán de una íntima, entrañable, natural predilección por las formas que le permitían vivir, respirar, crear de conformidad con su propia sensibilidad, con su propia y sincera emotividad, con su poderosa inteligencia.
Lo mismo hizo Sinán en su participación, -que la tuvo- en la vida política del país. Sinán no sólo propugnaba la renovación de las letras panameñas, la búsqueda de nuevas formas literarias. A Sinán le interesaban las nuevas fórmulas que hicieran la convivencia social más armoniosa, las relaciones económicas más justas, la vida de los panameños más feliz.
Al celebrarse esta semana el primer centenario del nacimiento de Rogelio Sinán, deseo compartir con la ciudadanía mi profunda adhesión a todos los actos conmemorativos. Las manifestaciones de homenaje a Rogelio Sinán son demostración de que la muerte ineluctable de éste, figura cumbre de las letras panameñas, no le arrebató el natural derecho al recuerdo imperecedero y a la fama en el ámbito de la posteridad. Sinán triunfo sobre el olvido, porque vive en la identidad nacional de Panamá. Su obra se fundió con la conciencia del pueblo y está integrada a la memoria eterna de la patria.