default

El Centenario y el desarrollo nacional


El Centenario de la República nos lleva a ver en perspectiva la evolución de la Nación/Estado desde 1903. Nos estimula a sentir satisfacción y orgullo nacional por todo lo realizado, que es mucho; a aprender de los logros y errores cometidos; a tomar inventario de donde estamos en nuestra realidad social y nacional, y a renovar compromisos nacionales, de comunidad y propios para seguir construyendo un país consecuente con su pueblo y arraigado en instituciones modernas. Si bien el Centenario nos lleva a mirar el pasado, el desarrollo nacional, nos induce a mirar y a preparar el futuro. Ortega y Gasset nos decía, "Las Naciones se forman y se mantienen vivas cuando tienen un programa para el futuro". Sugiero que nuestro objetivo central para el futuro sea perfeccionar una Nación/ Estado de oportunidades para todos.
La coyuntura que vivimos con un estancamiento económico de tres años, con serias carencias sociales que resultan en 39% de la población en pobreza, con la institucionalidad de los principales órganos de Gobierno cuestionada por la opinión pública en relación a su manejo en casos de corrupción, nos obliga a concentrar la atención diaria en la situación actual, mientras nos preparamos para celebrar el Centenario apesadumbrados por el despliegue de actuaciones públicas tan erráticas. Sin duda la gran mayoría estamos convencidos que se necesitan cambios en las instituciones y en los gobernantes y deseamos que puedan hacerse mediante un liderazgo más responsable dentro del proceso democrático y de una renovación de poderes públicos a la altura del reto del momento para enrumbar a la nación hacía un desarrollo más cónsono con sus necesidades y sus oportunidades.
Si bien la circunstancia actual nos concentra en como resolver el problema institucional y gubernamental del momento, la perspectiva del centenario y del desarrollo nacional nos obliga a enmarcarlo en una visión de largo plazo. Lo que definimos ahora debe, en su momento, contar con un grado de concenso suficiente para encausar las energías de las mayorías hacia un trabajo más dinámico y coherente para el desarrollo y una continuidad de esfuerzo, hasta lograr los objetivos y metas que nos tracemos en lo político, económico, social, institucional y cultural. El desarrollo que necesitamos toma una generación para realizarse y requiere la continuidad de objetivos y políticas públicas en sectores determinantes del progreso.
En una Nación / Estado donde respetamos la libertad y los derechos individuales, cada ciudadano, familia, comunidad o entidad jurídica busca la consecución de sus propios objetivos dentro de las normas, costumbres y leyes que definen nuestro sistema de valores. El reto colectivo es cómo mejorar, ampliar y modernizar el marco institucional y de valores para que la actividad propia no sólo contribuya a nuestro desarrollo individual sino también al de la Nación, creando las más amplias oportunidades para todos. Esto nos lleva a integrar las dimensiones de solidaridad y ecuanimidad a la de libertad en el quehacer nacional.
Si no se da el marco nacional e institucional adecuado, como un paraguas, los esfuerzos individuales no producen resultados suficientes para uno mismo y para la Nación.
Una Nación / Estado de oportunidades para todos requiere una democracia no sólo representativa, sino también participativa, transparente, que rinda cuentas a los gobernados y que contribuye a generar liderazgo con honestidad y con el bien común como meta. Requiere una economía dinámica que estimule la creatividad de todos los panameños a ser más productivos, a la generación de empleos y de recursos, al aprovechamiento de las oportunidades reales en la región de tránsito, en el agro, la pesca y la industria. Requiere un compromiso social con la juventud, con la calidad de la educación, con la salud y la vivienda, con la mujer y con la atención de los pobres rurales y urbanos. Necesita instituciones, en el sentido de normas y leyes, que promuevan la seguridad jurídica para todos los ciudadanos, servicios gubernamentales ágiles y eficientes, un sistema judicial eficaz y probo. Requiere agregar a nuestro acervo cultural algunos conceptos más modernos, como la igualdad de oportunidades, control de calidad y producir resultados concretos.
Si no definimos con claridad e integridad a dónde queremos ir, con toda seguridad llegaremos a donde no queremos estar. El énfasis es en objetivos, metas, conceptos, resultados. Para consolidar el desarrollo nacional, que es factible, tenemos que estar dispuestos a escalar nuevas alturas con la disciplina que ella implica para producir mayores satisfacciones. Sin mayor liderazgo, mayor disciplina y coherencia, instituciones depuradas y estímulos más eficaces al trabajo y a la solidaridad no podremos lograrlo. Se necesita un cambio sustancial en percepciones, en compromiso, en convicciones, en enfoques de nuestra acción. Ya amplios sectores de la sociedad civil y de la actividad privada lo están haciendo. Con el liderazgo de todos podremos lograr que los estamentos públicos se dirijan con los objetivos y la efectividad inspirados en una visión del desarrollo nacional emanada de la perspectiva histórica del centenario.
*Director del Centro de Colaboraciones Solidarias.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América