El "chavismo" tras las reformas
Tras el planteamiento de un "modelo agotado", de Martín Torrijos, se esconde un vigoroso movimiento estatizante, inspirado en los vientos bolivarianos sudamericanos de Hugo Chávez, mientras sus colaboradores marchan a todo vapor con su reforma fiscal. "Mi gobierno brindará pleno respaldo a los "carnavales de la salsa", dijo el viernes, como para salir al paso de las generalizadas críticas a su proyecto. De Roma a Omar Torrijos, al pueblo pan y circo. Fue la fórmula infalible de su padre. Más bien serán los "carnavales de Irma".
Lo que está saliendo de la trituradora legislativa es lo anticipado, se salvan, en su orden, el Estado que recibirá centenares de millones adicionales, la Zona Libre de Colón que logra con ingeniosos artilugios sortear el Impuesto sobre la Renta Mínimo Alternativo (IRMA), los bancos que consiguieron excluir de la ampliación del impuesto a ciertas operaciones exteriores, y los que ganan menos de B/. 800 al mes que conservan incólume el privilegio legado por Mireya Moscoso de no aportar un centavo.
¿Quién pierde? Una vez más, la clase media a quien gravan por adelantado, en la fuente, sus gastos de representación con el 10%, más lo que salga a fin de año de su declaración jurada; primer paso para prepararle dentro de unos meses para el tiro de gracia, con el aumento de la cuota del Seguro Social; dejándolo, mientras tanto, agonizante con el IRMA, ese misil recaudatorio originalmente concebido contra los evasores de Zona Libre y los bancos, que ahora golpeará a los profesionales y ejecutivos de lleno, como su único blanco, acompañado con amenazas de cárcel y confiscación de bienes. ¿Es un pase de cuentas por haber tumbado a Noriega?
Las reformas entrañan un peligroso giro hacia la izquierda al dotarse al Estado de entre B/. 350 y B/. 600 millones, con los cuales incrementará hacia las nubes su protagonismo en la economía nacional, representando un violento retroceso con respecto a un proceso de traspaso de ese papel hacia el sector privado iniciado por los militares en los 80 tras quedar empantanados con los préstamos de las IFI y la danza de petrodólares fáciles de los 70, consolidada esa transferencia luego con el proceso de privatización bajo Pérez Balladares.
¿Qué nos espera con un Estado poderoso, rico e hipertrofiado en las próximas décadas? No lo dudemos: más atraso, más abuso, más despilfarro, más corrupción, más privilegios, más demagogia, más parternalismo, más pobreza y menos libertad.
Lo que está saliendo de la trituradora legislativa es lo anticipado, se salvan, en su orden, el Estado que recibirá centenares de millones adicionales, la Zona Libre de Colón que logra con ingeniosos artilugios sortear el Impuesto sobre la Renta Mínimo Alternativo (IRMA), los bancos que consiguieron excluir de la ampliación del impuesto a ciertas operaciones exteriores, y los que ganan menos de B/. 800 al mes que conservan incólume el privilegio legado por Mireya Moscoso de no aportar un centavo.
¿Quién pierde? Una vez más, la clase media a quien gravan por adelantado, en la fuente, sus gastos de representación con el 10%, más lo que salga a fin de año de su declaración jurada; primer paso para prepararle dentro de unos meses para el tiro de gracia, con el aumento de la cuota del Seguro Social; dejándolo, mientras tanto, agonizante con el IRMA, ese misil recaudatorio originalmente concebido contra los evasores de Zona Libre y los bancos, que ahora golpeará a los profesionales y ejecutivos de lleno, como su único blanco, acompañado con amenazas de cárcel y confiscación de bienes. ¿Es un pase de cuentas por haber tumbado a Noriega?
Las reformas entrañan un peligroso giro hacia la izquierda al dotarse al Estado de entre B/. 350 y B/. 600 millones, con los cuales incrementará hacia las nubes su protagonismo en la economía nacional, representando un violento retroceso con respecto a un proceso de traspaso de ese papel hacia el sector privado iniciado por los militares en los 80 tras quedar empantanados con los préstamos de las IFI y la danza de petrodólares fáciles de los 70, consolidada esa transferencia luego con el proceso de privatización bajo Pérez Balladares.
¿Qué nos espera con un Estado poderoso, rico e hipertrofiado en las próximas décadas? No lo dudemos: más atraso, más abuso, más despilfarro, más corrupción, más privilegios, más demagogia, más parternalismo, más pobreza y menos libertad.