El cielo que nunca olvido
Capira, pueblo joven, altivo y pujante con cuarenta mil habitantes de progreso ininterrumpido, constituye una tierra poblada por gente humilde, de elevados principios y emprendedora, de campesinos, agricultores, ganaderos y profesionales muy afanosos; de transparentes acciones y dueños de este pedacito de terruño, ejemplo para las generaciones venideras.
Por razones de trabajo he debido emigrar a la ciudad, sin embargo, hago hoy un alto en mis faenas y dedico mis pensamientos a un pueblo que me vio nacer y del que me siento más orgullosa que nunca de ser hija de esta tierra y de haber visto la luz primera en este límpido cielo capireño, pues sus autoridades han guardado la sapiencia de reconocer el trabajo de las anteriores generaciones que hicieron de este pueblo un lugar con pujanza y enorme futuro, consolidado como la comunidad plena de esperanza y porvenir. Así como ponderar en cada capireño su mérito, triunfo y gloria forjadores de un distrito próspero y pletórico de progreso, tal como lo patentizó otrora su alcalde Iván Saurí, al reconocerme como hija meritoria de Capira, que muestra a las claras la solidaridad con sus coterráneos. Creo sin ningún asomo de envanecimiento ser la receptora del pensamiento de las mujeres de esta región vigorosa, dirigida a contribuir decididamente cada vez más a fortalecer y exaltar los valores de este pedacito de nuestra patria grande Panamá.
Como ciudadana nacida en este trozo de tierra panameña, suelo de hombres laboriosos, nobles y dignos, de casta valiente y orgulloso de este terruño, la mujer de Capira a la que hoy siento modestamente representar, ha jugado un papel destacado en el desarrollo de esta comunidad, es una ventana abierta a la prosperidad irradiado en el potente crecimiento que sobre todo en este último tiempo se ha observado. Si hay algo que tiene el pueblo de Capira es la impronta que dejan en quienes en ella nacieron, es una huella indeleble que algo le da a la persona y que hace que la sigas queriendo aunque pasen muchos años sin que vuelvas a tu pueblo. Y esto es usual en Capira, ya que no son pocos los que van a la ciudad a formarse y vuelven a radicarse en su tierra que los vio nacer.
A todos mis amigos capireños en los 155 años de fundación, les insto a recoger en un eco inmenso dentro de nuestros corazones y en una sola voz un jubiloso grito en todos y cada uno de los rincones de nuestra patria hermosa, que vivifique el amor y respeto que todos los capireños sentimos por nuestra tierra natal, a pesar del desarraigo y lejanía, siempre va conmigo, viva Capira.
El hombre que no confía en Dios no sale del lugar. No toma decisiones, no se aventura en el camino de los sueños, no conoce la alegría de abrazar una conquista. No tenga miedo de las luchas y ni de las frustraciones. Sin fe es imposible conocer el regocijo de la victoria.
*Magister.