El cisma de Atalaya
El incidente de la truculenta sustitución de la imagen del Cristo Nazareno de Atalaya desató una indignación popular justificada, que los medios de comunicación dieron cobertura desde todos los ángulos y puntos de vista.
En un artículo de opinión publicado el lunes en este diario, el sacerdote jesuita Alejandro Von Rechnitz, como vocero de la Iglesia católica intenta una intrincada defensa de los sacerdotes responsables, basado en una dialéctica teológica, pretendiendo restar importancia a la imagen para así restar importancia al escandaloso hecho en general.
No se trata si la imagen es más bonita o no. Tampoco es aceptable que se diga que el pueblo cree que la imagen original es Cristo y la falsa no lo es. Se trata de una reliquia del siglo XV de inestimable valor histórico y religioso, propiedad del pueblo de Atalaya y que había sido sustraída con engaños. Esa es la indignación del pueblo, y nada tiene que ver con reflexiones teológicas bizantinas.
Es verdad que según el dogma católico sólo Dios hace milagros, como dice el Sacerdote Von Rechnitz, pero según el propio Misterio de la Trinidad, Cristo Nazareno es Dios, así que no hay contradicción alguna en estas creencias. Ahora, para darle una cucharada de su propia medicina, Santo Tomas de Aquino es bien claro al respecto: el culto de la religión no se dirige a las imágenes en sí mismas como realidades, sino que las mira bajo su aspecto propio de imágenes que nos conducen a Dios encarnado. Ahora bien, el movimiento que se dirige a la imagen en cuanto tal, no se detiene en ella, sino que tiende a la realidad de la que es imagen. (Summa Teológica, II-II, 81, 3, ad 3.).
Además, si de Concilios hablamos, podemos citar: "Como el Verbo se hizo carne asumiendo una verdadera humanidad, el cuerpo de Cristo era limitado (CC. de Letrán en el año 649: DS 504). Por eso se puede "pintar" la faz humana de Jesús (Ga. 3,2). En el séptimo Concilio Ecuménico (Cc de Nicea II, en el año 787: DS 600-603) la Iglesia reconoció que es legítima su representación en imágenes sagradas.
El sacerdote jesuita menciona insistente al "lavado de pies" de la imagen del Cristo,y considera esta practica y el agua como milagrosa, como una especie de blasfemia. Esta es una muestra notable de soberbia e intolerancia, que quedó obsoleta con la abolición del Santo Oficio, ya que sería también negar cientos de manifestaciones religiosas similares en el mundo, como Lourdes o Fátima. Debemos repetir la lección del Doctor Angélico: son hechos simbólicos que nos conducen a Dios encarnado. La idea no se detiene en el supuesto milagro, sino que tiende a la realidad de la que es imagen.
Es curioso que en artículo de Opinión, el sacerdote jesuita no mencione el hecho público y comprobado que altas autoridades de la Iglesia mintieron públicamente al afirmar que la imagen sustituida era la original. Y que no fue hasta después que se comprobó que esto era falso. Por la labor de los medios de comunicación y las insistentes protestas de la población fue que éstas aceptaron que habían mentido al respecto. Que es sospechoso que la valiosa imagen original haya sido llevada "a otro lado" y hasta se decía que había salido ya del país, con destino a un Museo en Europa.
Eduardo A. Esquivel R.
Ingeniero