El “clima” en Relaciones Exteriores
La política ambiental del Presidente Martinelli es prácticamente un misterio. Durante su campaña fue un tema escasamente atendido. En cambio, sus primeros aciertos de gobierno se basaron en exigir compensaciones económicas por concesiones de rellenos en el mar, fue el publicitado caso Figali. Hoy sabemos que se trató de una escenificación de fuerza que no fue consecuencia de una preocupación ambiental, pues no ha quitado una sola piedra en la Calzada de Amador. Los vacíos gubernamentales en temas ambientales son profundos, en contracorriente a las tendencias que expresan los líderes mundiales, y que constituyen el epicentro de los discursos a nivel global. Este desfase limitará a Martinelli en el difícil empeño de destacarse durante su primer estreno ante la opinión pública mundial, cuando el próximo 24 de septiembre participe como orador en la Asamblea General de la ONU. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha instado a los líderes mundiales que pongan el acento de sus preocupaciones -antes de la cita de Copenhague- en el compromiso que se requiere sobre el calentamiento global, y las presiones que hay que hacer para evitar el efecto invernadero.
Pero Relaciones Exteriores dijo que Martinelli tratará asuntos económicos, cooperación comercial, inversiones y el indescifrable tema de la “unidad latinoamericana”. Son temas convencionales, lo cual unido al hecho que no es un hábil orador y que tanto él como su canciller tienen escasa experiencia diplomática, las expectativas nuestras son pocas para esta cita internacional.