El Código Giscard
La Convención Europea presidida por Giscard d"Estaign ha concluido sus trabajos con la redacción de un Proyecto de Constitución europea que presentó a la consideración del Consejo Europeo de Estados Miembros en Tesalónica, que a su vez someterá el texto que enmiende a la decisión de una Conferencia Intergubernamental, que tendrá lugar en los meses de octubre de 2003 a marzo de 2004.
Si la frase que acabo de escribir parece complicada, atribúyanlo al efecto de la lectura del laberíntico texto producido por la Convención, que termino de leer en este momento. La longitud, alcance, complicación e intromisión de la Constitución Europea que nos preparan no se acortará ni estrechará ni aclarará ni contendrá en Tesalónica.
La Constitución de los Estados Unidos consta de nueve artículos, compuestos por 18 secciones, más 24 artículos de enmienda, total 42. La Constitución española, que ya es larga y entrometida, comprende 169. El Código Giscard se extiende por los meandros de un río de 461 artículos y cinco protocolos. No, no se han vuelto locos. La sabiduría popular lo resume bien: Junta de rabadanes, oveja muerta. Sin duda era necesaria una revisión de los Tratados de la Unión, dado el aumento de los miembros de 15 a 25 países (ó 27 cuando accedan Bulgaria y Rumania). Pero el proyecto de la Convención aprovecha esta circunstancia para dar un paso más en el camino de la creación de una Federación Europea, lo que podría aceptarse si no fuera porque amenaza con entrometerse gradualmente en todos los asuntos personales, económicos, sociales y políticos de los europeos.
Es cierto que el texto insiste en los principios de "subsidiariedad" y "proporcionalidad" en el funcionamiento de la UE. Según estos principios, la Unión deberá intervenir justo lo necesario para complementar la acción de los Estados cuando éstos se enfrenten con cuestiones que sobrepasen su capacidad o su jurisdicción. Pero el contenido del proyecto de Constitución descubre una realidad muy distinta. Son en efecto competencia de la Unión: el establecimiento del mercado único y las intervenciones para fomentar la libre competencia; la aproximación de las legislaciones mercantiles nacionales; la política económica de los Estados miembros y su supervisión por la Comisión; la política monetaria; la política de empleo; la política social; la cohesión económica, social y territorial; agricultura y pesca; medio ambiente; consumidores; transportes; investigación, desarrollo tecnológico y exploración espacial. ¿Sigo? También ha de coordinar y apoyar la salud pública; la industria europea; la cultura; la educación, la juventud y el deporte: la protección civil; la cooperación administrativa. ¿Quién da más?
Conocí a monsieur d"Estaign en el ministerio de Hacienda francés, en una ocasión en que se declaró acérrimo defensor de la empresa pública. Dirigidos por él, los redactores del proyecto olvidan un elemento esencial de las democracias liberales: el papel de la economía de mercado como dique de las posibles extra-limitaciones de la política comunitaria. En efecto, sería muy importante en una Unión tan basada en el Derecho interpretado con ayuda de principios explícitos que la Constitución inscribiera en su frontispicio la economía de mercado y la iniciativa empresarial, el respeto de la propiedad privada y la libertad de contratación, la libre competencia y la libre formación de precios. Sólo hay alusiones perdidas en puntos lejanos del articulado. Para la defensa de la autonomía individual no bastan los derechos fundamentales del habeas corpus, la libertad de opinión, de asamblea o de asociación. Sin el espacio que la libertad de mercado proporciona a la iniciativa individual, los derechos que los socialdemócratas consideran suficientes no bastan para librar a los individuos de interferencias enfadosas: si no lo creen, pregúntenselo a los dueños de pisos vacíos, a los fumadores de tabaco u otras sustancias, a los inversores deseosos de mejores rendimientos, a las familias en busca de alimentos baratos los domingos y festivos, a los maestros ilusionados con experimentos educativos, a quienes sufren los efectos de las huelgas de servicios públicos sin poder reclamar compensación.
En el proyecto, cualquier atisbo de competencia jurisdiccional entre las legislaciones e instituciones de distintos países es tratado con sospecha. Se olvida así el poderoso mecanismo de progreso consistente en que los individuos lleven su trabajo, sus capitales, su iniciativa empresarial, su domicilio allí donde vean un futuro más halagüeño. Sólo una vez en todo el texto de la Convención he visto una alusión a los efectos benéficos de la acción espontánea de los individuos en un mercado libre y abierto. Todo presidente francés sueña con emular al Gran Corso. Lo siento mucho, pero el "Code Giscard" es muy inferior al "Code Napoleón".
* Profesor de economía de la Universidad Autónoma de Madrid y columnista del diario La Vanguardia.
(c) www.aipenet.com
Tercer Gran Ciclo: Ascenso 1896 - 1914, con descenso que empezó en 1914-20.
Este último período de descenso se prolongó hasta 1945.
Kondratieff pronunció así, desde su retiro intelectual, el veredicto sobre una nueva fase de contracción de la economía capitalista y se anticipó al interés con que muchos economistas hurgarían en la crisis después de la depresión de 1929.
Si nos basamos en los ciclos de Kondratieff, nos encontramos en un cuarto gran ciclo que se dividiría en dos fases: 1947-1973, ascenso. Y 1974 en adelante, descenso.
La reconstrucción de Europa y Japón genera un proceso de gran expansión económica entre 1947 y 1973. Durante este tiempo se dio la crisis de 1957-58, pero que fue rápidamente seguida por una larga expansión hasta la crisis de la libra esterlina de 1967, lo que dio paso a presiones contra el dólar. El sistema capitalista entra a un período de evolución errática después que EU desvinculara al dólar del oro en 1971. A esto se agregaron los efectos inflacionarios de la guerra de Vietnam, la elevación de los precios del petróleo en 1973 y que entraron en vigor en 1974, lo que genera la gran recesión mundial de 1974-75. Desde ese momento la economía mundial entra en una fase de marcada inestabilidad.
Entre 1981 a 1982 se dio otra profunda recesión a escala mundial. Se repite otra recesión de 1990-1991 y nuevamente otra crisis a partir del segundo semestre del año 2000. En el caso de EU, en el 2001 se produjo una recesión económica de baja intensidad y que es seguida de una débil recuperación desde el 2002. Estas crisis se manifiestan de manera asimétrica. Pero en esta ocasión los tres principales polos del sistema, Alemania, Japón y EU, desarrollan una dinámica económica débil que parece será de larga duración.
En nuestra opinión, el capitalismo ha entrado en una larga fase de atonía económica (debilidad de largo plazo) que se manifestará de diversas formas y que es el preámbulo de un proceso de estancamiento secular, muy cerca de lo que David Ricardo en su momento denominó Estado Estacionario. La característica más destacada de su desarrollo actual es su evolución errática: débiles recuperaciones que se detienen y que no logran consolidarse. Es muy probable que la fase de descenso del cuarto ciclo se prolongue. Es posible que la economía de Estados Unidos (EU) se recupere por corto tiempo, tal como sucedió en la década del "80 del siglo pasado que duró cuatro años (1983-87). Pero nada indica que Europa y Japón superen su atonía actual.
Pensamos que el capitalismo está pasando por una nueva fase de su desarrollo: del crecimiento extensivo al crecimiento intensivo. En el transcurso de los siglos XIX y XX, el capitalismo incorpora nuevas regiones y mercados a la economía mundial, primero a través de los sistemas coloniales. Posteriormente, la descolonización de Asia y África desarrolló mercados, lo que garantizó el crecimiento extensivo del sistema. Esto se amplió con las reformas económicas de mercado iniciadas en China a partir de 1978 y se consolida con la desintegración de la Unión Soviética y sus aliados entre 1989 a 1991. Con estos acontecimientos, el capitalismo ocupa el planeta entero poniendo fin a la fase extensiva de su desarrollo, lo que está dando paso a nuevos fenómenos.
La importancia del crecimiento y desarrollo de nuevos mercados para el capitalismo es descrito muy claramente por Baran y Sweesy en su famosa obra el Capital Monopolista, publicada en 1965. Para el sistema el desarrollo de nuevos mercados es una necesidad, ya sea a través del desarrollo de nuevos productos, tecnologías, servicios, etc. Pero cuando la prosperidad económica de China, que con su enorme peso demográfico crece hacia adentro, se detenga, qué sucederá. Ya no habrá más territorios y espacios geográficos que incorporar como en los siglos XIX y XX. Es obvio, entonces, que el crecimiento de nuevos mercados tiene un límite y está fijado por la propia extensión del planeta.
* Subsecretario de Relaciones Internacionales del Colegio de Economistas de Panamá.
(mramos45@hotmail.com)
Si la frase que acabo de escribir parece complicada, atribúyanlo al efecto de la lectura del laberíntico texto producido por la Convención, que termino de leer en este momento. La longitud, alcance, complicación e intromisión de la Constitución Europea que nos preparan no se acortará ni estrechará ni aclarará ni contendrá en Tesalónica.
La Constitución de los Estados Unidos consta de nueve artículos, compuestos por 18 secciones, más 24 artículos de enmienda, total 42. La Constitución española, que ya es larga y entrometida, comprende 169. El Código Giscard se extiende por los meandros de un río de 461 artículos y cinco protocolos. No, no se han vuelto locos. La sabiduría popular lo resume bien: Junta de rabadanes, oveja muerta. Sin duda era necesaria una revisión de los Tratados de la Unión, dado el aumento de los miembros de 15 a 25 países (ó 27 cuando accedan Bulgaria y Rumania). Pero el proyecto de la Convención aprovecha esta circunstancia para dar un paso más en el camino de la creación de una Federación Europea, lo que podría aceptarse si no fuera porque amenaza con entrometerse gradualmente en todos los asuntos personales, económicos, sociales y políticos de los europeos.
Es cierto que el texto insiste en los principios de "subsidiariedad" y "proporcionalidad" en el funcionamiento de la UE. Según estos principios, la Unión deberá intervenir justo lo necesario para complementar la acción de los Estados cuando éstos se enfrenten con cuestiones que sobrepasen su capacidad o su jurisdicción. Pero el contenido del proyecto de Constitución descubre una realidad muy distinta. Son en efecto competencia de la Unión: el establecimiento del mercado único y las intervenciones para fomentar la libre competencia; la aproximación de las legislaciones mercantiles nacionales; la política económica de los Estados miembros y su supervisión por la Comisión; la política monetaria; la política de empleo; la política social; la cohesión económica, social y territorial; agricultura y pesca; medio ambiente; consumidores; transportes; investigación, desarrollo tecnológico y exploración espacial. ¿Sigo? También ha de coordinar y apoyar la salud pública; la industria europea; la cultura; la educación, la juventud y el deporte: la protección civil; la cooperación administrativa. ¿Quién da más?
Conocí a monsieur d"Estaign en el ministerio de Hacienda francés, en una ocasión en que se declaró acérrimo defensor de la empresa pública. Dirigidos por él, los redactores del proyecto olvidan un elemento esencial de las democracias liberales: el papel de la economía de mercado como dique de las posibles extra-limitaciones de la política comunitaria. En efecto, sería muy importante en una Unión tan basada en el Derecho interpretado con ayuda de principios explícitos que la Constitución inscribiera en su frontispicio la economía de mercado y la iniciativa empresarial, el respeto de la propiedad privada y la libertad de contratación, la libre competencia y la libre formación de precios. Sólo hay alusiones perdidas en puntos lejanos del articulado. Para la defensa de la autonomía individual no bastan los derechos fundamentales del habeas corpus, la libertad de opinión, de asamblea o de asociación. Sin el espacio que la libertad de mercado proporciona a la iniciativa individual, los derechos que los socialdemócratas consideran suficientes no bastan para librar a los individuos de interferencias enfadosas: si no lo creen, pregúntenselo a los dueños de pisos vacíos, a los fumadores de tabaco u otras sustancias, a los inversores deseosos de mejores rendimientos, a las familias en busca de alimentos baratos los domingos y festivos, a los maestros ilusionados con experimentos educativos, a quienes sufren los efectos de las huelgas de servicios públicos sin poder reclamar compensación.
En el proyecto, cualquier atisbo de competencia jurisdiccional entre las legislaciones e instituciones de distintos países es tratado con sospecha. Se olvida así el poderoso mecanismo de progreso consistente en que los individuos lleven su trabajo, sus capitales, su iniciativa empresarial, su domicilio allí donde vean un futuro más halagüeño. Sólo una vez en todo el texto de la Convención he visto una alusión a los efectos benéficos de la acción espontánea de los individuos en un mercado libre y abierto. Todo presidente francés sueña con emular al Gran Corso. Lo siento mucho, pero el "Code Giscard" es muy inferior al "Code Napoleón".
* Profesor de economía de la Universidad Autónoma de Madrid y columnista del diario La Vanguardia.
(c) www.aipenet.com
Tercer Gran Ciclo: Ascenso 1896 - 1914, con descenso que empezó en 1914-20.
Este último período de descenso se prolongó hasta 1945.
Kondratieff pronunció así, desde su retiro intelectual, el veredicto sobre una nueva fase de contracción de la economía capitalista y se anticipó al interés con que muchos economistas hurgarían en la crisis después de la depresión de 1929.
Si nos basamos en los ciclos de Kondratieff, nos encontramos en un cuarto gran ciclo que se dividiría en dos fases: 1947-1973, ascenso. Y 1974 en adelante, descenso.
La reconstrucción de Europa y Japón genera un proceso de gran expansión económica entre 1947 y 1973. Durante este tiempo se dio la crisis de 1957-58, pero que fue rápidamente seguida por una larga expansión hasta la crisis de la libra esterlina de 1967, lo que dio paso a presiones contra el dólar. El sistema capitalista entra a un período de evolución errática después que EU desvinculara al dólar del oro en 1971. A esto se agregaron los efectos inflacionarios de la guerra de Vietnam, la elevación de los precios del petróleo en 1973 y que entraron en vigor en 1974, lo que genera la gran recesión mundial de 1974-75. Desde ese momento la economía mundial entra en una fase de marcada inestabilidad.
Entre 1981 a 1982 se dio otra profunda recesión a escala mundial. Se repite otra recesión de 1990-1991 y nuevamente otra crisis a partir del segundo semestre del año 2000. En el caso de EU, en el 2001 se produjo una recesión económica de baja intensidad y que es seguida de una débil recuperación desde el 2002. Estas crisis se manifiestan de manera asimétrica. Pero en esta ocasión los tres principales polos del sistema, Alemania, Japón y EU, desarrollan una dinámica económica débil que parece será de larga duración.
En nuestra opinión, el capitalismo ha entrado en una larga fase de atonía económica (debilidad de largo plazo) que se manifestará de diversas formas y que es el preámbulo de un proceso de estancamiento secular, muy cerca de lo que David Ricardo en su momento denominó Estado Estacionario. La característica más destacada de su desarrollo actual es su evolución errática: débiles recuperaciones que se detienen y que no logran consolidarse. Es muy probable que la fase de descenso del cuarto ciclo se prolongue. Es posible que la economía de Estados Unidos (EU) se recupere por corto tiempo, tal como sucedió en la década del "80 del siglo pasado que duró cuatro años (1983-87). Pero nada indica que Europa y Japón superen su atonía actual.
Pensamos que el capitalismo está pasando por una nueva fase de su desarrollo: del crecimiento extensivo al crecimiento intensivo. En el transcurso de los siglos XIX y XX, el capitalismo incorpora nuevas regiones y mercados a la economía mundial, primero a través de los sistemas coloniales. Posteriormente, la descolonización de Asia y África desarrolló mercados, lo que garantizó el crecimiento extensivo del sistema. Esto se amplió con las reformas económicas de mercado iniciadas en China a partir de 1978 y se consolida con la desintegración de la Unión Soviética y sus aliados entre 1989 a 1991. Con estos acontecimientos, el capitalismo ocupa el planeta entero poniendo fin a la fase extensiva de su desarrollo, lo que está dando paso a nuevos fenómenos.
La importancia del crecimiento y desarrollo de nuevos mercados para el capitalismo es descrito muy claramente por Baran y Sweesy en su famosa obra el Capital Monopolista, publicada en 1965. Para el sistema el desarrollo de nuevos mercados es una necesidad, ya sea a través del desarrollo de nuevos productos, tecnologías, servicios, etc. Pero cuando la prosperidad económica de China, que con su enorme peso demográfico crece hacia adentro, se detenga, qué sucederá. Ya no habrá más territorios y espacios geográficos que incorporar como en los siglos XIX y XX. Es obvio, entonces, que el crecimiento de nuevos mercados tiene un límite y está fijado por la propia extensión del planeta.
* Subsecretario de Relaciones Internacionales del Colegio de Economistas de Panamá.
(mramos45@hotmail.com)