El Columbia y su cobertura
En esta ocasión, al margen de los detalles que siguen fluyendo sobre la tragedia del Columbia, nos interesa destacar el contraste que se da al manejo y acceso a la información pública en la única super potencia del mundo, Estados Unidos, en comparación a nuestro país. En circunstancias análogas, nuestras autoridades suelen escudarse tras razones de seguridad nacional para no dar detalles y negar acceso a los medios de comunicación. Y cuando no, suelen invocar para su negativa, la falta de interés legítimo del peticionario y la protección de información confidencial. Es como si el gobierno fuera cosa distinta y divorciadas de la nación.
En el caso del Columbia, los medios de comunicación se esparcieron por un radio tan amplio como los restos de la fallida aeronave, esta vez - aprendida la lección del 11 de septiembre - no para ganar audiencia o lectoría del dolor ajeno, sino para ayudar al público a comprender la verdad de lo ocurrido y sus causas. Y lo hicieron con tal certeza, agilidad y credibilidad, que si no rivalizaban con la cautelosa lentitud de las fuentes oficiales, al menos las forzaron a dar pronta información así fuera preliminar.
Allá los medios llegaron a restos de la astronave antes que los científicos, sin cortapisas policiales. Aquí, en cambio, una colega del Canal 4, fue detenida y multada por fotografiar en su hangar en Albrook a un jet confiscado tras ser usado por mafiosos para un contrabando de drogas.
Allá, multitud de científicos y astronautas retirados o en licencia dieron entrevistas, número plural de voceros oficiales de la Agencia Nacional Espacial no tuvo reparo de hacer frente al asedio del enjambre de periodistas y camarógrafos, respondiendo una a una todas las preguntas hasta agotarlas.
¿Por qué ocurre eso allá y no acá? Porque hay conciencia de servicio público por parte del respectivo funcionario, ya sea que esté uniformado, lleno de medallas, estrellas y barras sobre su pecho y hombros. Es lo que hemos descrito como el tener el funcionario presente quién es su jefe supremo, originario y final, esto es el contribuyente que paga su salario y que sostiene con sus impuestos todo ese sofisticado aparato, que el sábado pasado falló. Allá a nadie se le ocurre negar información “a quien paga la fiesta”, que esa vez terminó mal.
Del mismo modo hay clara conciencia del sentido de participación ciudadana en todas las tareas del Estado, grandes y pequeñas, con lo cual - a diferencia de aquí - se integran gobierno y ciudadanos, en un sentido de pertenencia recíproca que resulta a la postre hermoso. Aquí, en cambio, se advierte un preocupante divorcio entre Estado y ciudadanía, lindante en la confrontación, como si se tratase de enemigos. ¿O en realidad lo son? Aquí, el gobernante o el funcionario, tan pronto viste uniforme, saco o corbata, se vuelve otro, haciendo del cargo transitoria ocasión no de servicio sino de rebusca, abuso, arrogancia y fastidio.
Director, International Policy Network.
(c)www.aipenet.com
"Eso para mí era, es y seguirá siendo algo fundamental para el desarrollo de una universidad tecnológica", enfatizó.
Se aprobó. Sin embargo, cuando el tiempo pasó afectó a algunos docentes que no pudieron reclasificar porque no desarrollaron los puntos de investigación. En consecuencia, se produjo un movimiento de tal magnitud que pudo haber causado una desestabilización de la universidad y fue necesario replantear el asunto.
Lamentó que la propia dirigencia estudiantil estuvo de acuerdo en que se derogara ese punto del estatuto universitario. "La verdad es que me dolió mucho... mucho", recalcó, al tiempo que insistió sonriente en que "aprendí que cuando a la gente se le toca el bolsillo...".
Otro punto de lo que se considera orgulloso se relaciona con el patrimonio universitario, toda vez que cuando asumió el cargo la universidad contaba con un patrimonio de B/.7 millones, que se incrementó a más de 80.
"Tenemos ahora mismo una universidad con bases sólidas para proyectar, con una infraestructura básica y una buena actitud del personal", resaltó visiblemente emocionado este académico.
Ponderó algunos de los programas de la Tecnológica, como el de la universidad virtual, mediante el cual estudiantes de diversas provincias o incluso del exterior, pueden acceder, simultáneamente, a una materia dictada por un profesor que esté en otra provincia a través de la computadora. Todos pueden incluso, interactuar.
La estrategia del presente y del futuro ya no será aquélla en que la gente asiste adonde está el conocimiento, sino que el conocimiento va a donde está la gente, manifestó. Hacia eso se encamina esta universidad, que ya tiene unos 40 profesores entrenados para este fin.
Siguiendo esa línea, ya es posible que cualquier interesado en matricularse en la Universidad Tecnológica, lo haga con sólo acceder a su página web. También el curso de capacitación está en línea.
Héctor Montemayor informó a este medio que después del 3 de febrero, cuando tomó posesión el nuevo rector, continuará trabajando en la Tecnológica, específicamente en el área de las vinculaciones internacionales que faciliten el intercambio de conocimientos. También se dedicará a su empresa de consultoría, la que ha estado cerrada durante estos 12 años.
Rechazó de plano una futura reelección. "No me veo de nuevo en estos avatares", aseguró.
En el caso del Columbia, los medios de comunicación se esparcieron por un radio tan amplio como los restos de la fallida aeronave, esta vez - aprendida la lección del 11 de septiembre - no para ganar audiencia o lectoría del dolor ajeno, sino para ayudar al público a comprender la verdad de lo ocurrido y sus causas. Y lo hicieron con tal certeza, agilidad y credibilidad, que si no rivalizaban con la cautelosa lentitud de las fuentes oficiales, al menos las forzaron a dar pronta información así fuera preliminar.
Allá los medios llegaron a restos de la astronave antes que los científicos, sin cortapisas policiales. Aquí, en cambio, una colega del Canal 4, fue detenida y multada por fotografiar en su hangar en Albrook a un jet confiscado tras ser usado por mafiosos para un contrabando de drogas.
Allá, multitud de científicos y astronautas retirados o en licencia dieron entrevistas, número plural de voceros oficiales de la Agencia Nacional Espacial no tuvo reparo de hacer frente al asedio del enjambre de periodistas y camarógrafos, respondiendo una a una todas las preguntas hasta agotarlas.
¿Por qué ocurre eso allá y no acá? Porque hay conciencia de servicio público por parte del respectivo funcionario, ya sea que esté uniformado, lleno de medallas, estrellas y barras sobre su pecho y hombros. Es lo que hemos descrito como el tener el funcionario presente quién es su jefe supremo, originario y final, esto es el contribuyente que paga su salario y que sostiene con sus impuestos todo ese sofisticado aparato, que el sábado pasado falló. Allá a nadie se le ocurre negar información “a quien paga la fiesta”, que esa vez terminó mal.
Del mismo modo hay clara conciencia del sentido de participación ciudadana en todas las tareas del Estado, grandes y pequeñas, con lo cual - a diferencia de aquí - se integran gobierno y ciudadanos, en un sentido de pertenencia recíproca que resulta a la postre hermoso. Aquí, en cambio, se advierte un preocupante divorcio entre Estado y ciudadanía, lindante en la confrontación, como si se tratase de enemigos. ¿O en realidad lo son? Aquí, el gobernante o el funcionario, tan pronto viste uniforme, saco o corbata, se vuelve otro, haciendo del cargo transitoria ocasión no de servicio sino de rebusca, abuso, arrogancia y fastidio.
Director, International Policy Network.
(c)www.aipenet.com
"Eso para mí era, es y seguirá siendo algo fundamental para el desarrollo de una universidad tecnológica", enfatizó.
Se aprobó. Sin embargo, cuando el tiempo pasó afectó a algunos docentes que no pudieron reclasificar porque no desarrollaron los puntos de investigación. En consecuencia, se produjo un movimiento de tal magnitud que pudo haber causado una desestabilización de la universidad y fue necesario replantear el asunto.
Lamentó que la propia dirigencia estudiantil estuvo de acuerdo en que se derogara ese punto del estatuto universitario. "La verdad es que me dolió mucho... mucho", recalcó, al tiempo que insistió sonriente en que "aprendí que cuando a la gente se le toca el bolsillo...".
Otro punto de lo que se considera orgulloso se relaciona con el patrimonio universitario, toda vez que cuando asumió el cargo la universidad contaba con un patrimonio de B/.7 millones, que se incrementó a más de 80.
"Tenemos ahora mismo una universidad con bases sólidas para proyectar, con una infraestructura básica y una buena actitud del personal", resaltó visiblemente emocionado este académico.
Ponderó algunos de los programas de la Tecnológica, como el de la universidad virtual, mediante el cual estudiantes de diversas provincias o incluso del exterior, pueden acceder, simultáneamente, a una materia dictada por un profesor que esté en otra provincia a través de la computadora. Todos pueden incluso, interactuar.
La estrategia del presente y del futuro ya no será aquélla en que la gente asiste adonde está el conocimiento, sino que el conocimiento va a donde está la gente, manifestó. Hacia eso se encamina esta universidad, que ya tiene unos 40 profesores entrenados para este fin.
Siguiendo esa línea, ya es posible que cualquier interesado en matricularse en la Universidad Tecnológica, lo haga con sólo acceder a su página web. También el curso de capacitación está en línea.
Héctor Montemayor informó a este medio que después del 3 de febrero, cuando tomó posesión el nuevo rector, continuará trabajando en la Tecnológica, específicamente en el área de las vinculaciones internacionales que faciliten el intercambio de conocimientos. También se dedicará a su empresa de consultoría, la que ha estado cerrada durante estos 12 años.
Rechazó de plano una futura reelección. "No me veo de nuevo en estos avatares", aseguró.