El comarquismo peligroso
La Constitución Nacional proclama al Estado panameño como unitario. Declara su división política y pone en manos de la Ley la regulación sobre esta materia. Hace mucho tiempo se ha venido luchando por incorporar a las etnias indígenas al progreso y a la productividad nacional. Poco ha sido el avance en ese sentido, lo cual se debe a la política de asistencia social y de subsistencia que hemos creado en torno a estos grupos que se han visto marginados social y económicamente; no por falta de oportunidades, sino porque prefieren recibir el auxilio sin mayor sacrificio y viviendo en un letargo, con sacrificio de su propia familia y sometiéndose a un abandono que no desean superar.
La inexplicable extensión de las áreas ocupadas por los indígenas, con la creación de estructuras políticas internas y de gobierno clasista, que no permite el funcionamiento de los estamentos estatales nacionales, pone en alto riesgo el desarrollo de proyectos que beneficiando a todos, no pueden ejecutarse, porque un grupo de retardarios sin ánimo de avanzar, de mejorar sus condiciones de vida, prefieren mantener un status inalterable, que favorezca su independencia y supervivencia sin aportar nada y exigiendo, cada vez más, mayores beneficios. Las comarcas han contribuido negativamente a la radicalización de la idea de intocables que han vendido con la segregación racial que ellos mismos propician.
Para nadie es un secreto que varios puntos del país se han visto invadidos por núcleos humanos provenientes de las etnias, especialmente de Kuna Yala y Emberá, formando poblaciones insertas en periferias urbanas, donde han logrado alguna transformación cultural, con la educación propia y de sus hijos, al tiempo que alcanzan un estilo de vida asimilado al resto de los nacionales.
No combatimos el comarquismo étnico si su formación, creación y protección, tuviera como propósito la preservación de las costumbres y tradiciones del área. Lo que nos ha ocurrido es que tras la careta de estos segmentos geográficos, militan intereses políticos de una dirigencia que no pretende ser reemplazada, de caudillos locales (caciques) que por tradición someten al resto, y que extienden sus áreas de influencia a otros sectores regionales, con la consecuente imposición de reclamos y exigencia de derechos, que sólo les corresponde en igualdad de condiciones que al resto de los panameños.
Ha sido un grave error la técnica legislativa utilizada para reconocer la existencia de las comarcas indígenas, ya que se sustrae al gobierno central la adecuación de medidas que se aplican al nacional de otros puntos geográficos sin distingo; no obstante, ellos desconocen la fortaleza de la autoridad nacional y sólo cumplen a su antojo, lo que les viene en gana. La experiencia vivida con las escasas inversiones que se han hecho en Kuna Yala, por nacionales y extranjeros, pone de presente el alto riesgo que significa compartir siquiera con esos grupos. Las comarcas se han convertido en un refugio de incumplidos compradores y deudores, protegidos por sus autoridades culturales, creando desconfianza general, que afecta a quienes siendo de esa región, son evaluados injustamente, equiparándolos con los vividores y aprovechadores que han hecho de la explotación de las comarcas, su modo de vida.
Peligroso e inaceptable es que continuemos creando mini-estados en el país, cediendo a la presión de grupos, cuya aportación al desarrollo nacional es a todas luces insignificante. Necesitamos proteger a Darién y toda reserva ecológica en el país, sin permitir el establecimiento de asentamientos indígenas que contribuyen a su deterioro. La dotación de supervivencia con la tala de árboles por persona, constituyó el más grave ataque ecológico al área. Lo crítico, es que tal beneficio sólo recaía en los indígenas, como si fuesen dueños exclusivos del país. Comercializaron ese privilegio y excedieron en no pocas ocasiones el número de árboles talados, para que los mercaderes de esta especie tuvieran el suministro asegurado.
Es falso lo de la preservación de la naturaleza, y la sola visita a esos lugares lo comprueba. Mientras el resto del país procura mejorar sus condiciones de vida y se constituye en factor productivo, ellos se resisten a vivir mejor, manteniendo las condiciones que los pone en calidad de necesitados, aun cuando evadan trabajar como lo hacen los demás.
La creación de comarcas debe estar dirigida a mantener estados culturales y no gobiernos colaterales, que rigen sin regulación alguna, distinta del capricho caciquista. Las comarcas son demarcaciones que no forman parte de otro país, y que deben regirse por las leyes nacionales, a las que desconocen. No podemos continuar frenando el desarrollo turístico por la intransigencia y extorsión de dirigentes indígenas. Ayudemos a integrar a todos los nacionales al progreso y a la productividad, seamos consecuentes con la participación de todos y afiancemos la nacionalidad sin distingos raciales, sociales, políticos o económicos, tal como se estimula con la creación de comarcas. El comarquismo es un peligro inocultable.
Son las cataratas ocasionadas por lesiones oculares, como un golpe, corte, punción, calor, radiación o quemadura por agentes químicos.
Se trata de operaciones similares a las que se practican a los pacientes privados, con anestesia tópica (local), sin puntos y ultrasonidos. Los pacientes son intervenidos gracias a donaciones internacionales y de los médicos panameños, quienes en su totalidad suman 21 especialistas del Centro de Cirugía Ocular y doctores estadounidenses.
De acuerdo con el Dr. Ernesto Calvo, el costo de las operaciones por ojo es de alrededor de B/.2,500 y advirtió que en Panamá por ser un país tropical, los índices de radiación ultravioleta son más altos, lo que se refleja en una catarata fuerte y a edad más temprana (50 ó 55 años). La operación depende de las necesidades visuales del paciente, y es necesario efectuarla cuando el oftalmólogo lo recomiende.
El proceso se inicia con la limpieza total del rostro, específicamente la vista que será intervenida; luego se coloca la anestesia y comienza la extracción de la lente opacificada del ojo. Posteriormente, se coloca otra lente para que puedan enfocarse correctamente los objetos, la cual se denomina "lente intraocular".
La lente intraocular es plástica para uso permanente y se implanta dentro del ojo en lugar de la natural, que quedó opacificada. El período de convalecencia después de la operación es corto y casi nunca se presentan complicaciones, siempre y cuando se sigan las instrucciones del médico.
Según el tamaño y la localización de las áreas de opacidad del cristalino, una persona puede darse cuenta o no de que se está formando una catarata. Si está en el borde externo de la lente, la vista no sufre cambios; pero si la opacidad está situada cerca del centro de la lente, generalmente interfiere con la visión.
A medida que las cataratas se forman, la visión puede hacerse nebulosa o borrosa; también puede haber doble visión, los ojos pueden tener mayor sensibilidad a la luz y al resplandor. Las cataratas persistirán hasta que se extirpen quirúrgicamente, porque no se curan con gotas, pastillas ni lentes, y mucho menos desaparecen espontáneamente.
La "catarata senil" a diferencia de la secundaria, no se extirpa ni se cura con rayos láser, siempre es preciso extraerla. La mayoría de cirugías de cataratas tienen gran éxito, y prueba de ello, es que más del 98% de los pacientes operados recobra una buena visión.
Ayer en el Centro de Cirugía Ocular, la mayoría de los pacientes salían con una cara de felicidad al poder recobrar uno de los órganos más preciados que Dios nos otorgó.
La inexplicable extensión de las áreas ocupadas por los indígenas, con la creación de estructuras políticas internas y de gobierno clasista, que no permite el funcionamiento de los estamentos estatales nacionales, pone en alto riesgo el desarrollo de proyectos que beneficiando a todos, no pueden ejecutarse, porque un grupo de retardarios sin ánimo de avanzar, de mejorar sus condiciones de vida, prefieren mantener un status inalterable, que favorezca su independencia y supervivencia sin aportar nada y exigiendo, cada vez más, mayores beneficios. Las comarcas han contribuido negativamente a la radicalización de la idea de intocables que han vendido con la segregación racial que ellos mismos propician.
Para nadie es un secreto que varios puntos del país se han visto invadidos por núcleos humanos provenientes de las etnias, especialmente de Kuna Yala y Emberá, formando poblaciones insertas en periferias urbanas, donde han logrado alguna transformación cultural, con la educación propia y de sus hijos, al tiempo que alcanzan un estilo de vida asimilado al resto de los nacionales.
No combatimos el comarquismo étnico si su formación, creación y protección, tuviera como propósito la preservación de las costumbres y tradiciones del área. Lo que nos ha ocurrido es que tras la careta de estos segmentos geográficos, militan intereses políticos de una dirigencia que no pretende ser reemplazada, de caudillos locales (caciques) que por tradición someten al resto, y que extienden sus áreas de influencia a otros sectores regionales, con la consecuente imposición de reclamos y exigencia de derechos, que sólo les corresponde en igualdad de condiciones que al resto de los panameños.
Ha sido un grave error la técnica legislativa utilizada para reconocer la existencia de las comarcas indígenas, ya que se sustrae al gobierno central la adecuación de medidas que se aplican al nacional de otros puntos geográficos sin distingo; no obstante, ellos desconocen la fortaleza de la autoridad nacional y sólo cumplen a su antojo, lo que les viene en gana. La experiencia vivida con las escasas inversiones que se han hecho en Kuna Yala, por nacionales y extranjeros, pone de presente el alto riesgo que significa compartir siquiera con esos grupos. Las comarcas se han convertido en un refugio de incumplidos compradores y deudores, protegidos por sus autoridades culturales, creando desconfianza general, que afecta a quienes siendo de esa región, son evaluados injustamente, equiparándolos con los vividores y aprovechadores que han hecho de la explotación de las comarcas, su modo de vida.
Peligroso e inaceptable es que continuemos creando mini-estados en el país, cediendo a la presión de grupos, cuya aportación al desarrollo nacional es a todas luces insignificante. Necesitamos proteger a Darién y toda reserva ecológica en el país, sin permitir el establecimiento de asentamientos indígenas que contribuyen a su deterioro. La dotación de supervivencia con la tala de árboles por persona, constituyó el más grave ataque ecológico al área. Lo crítico, es que tal beneficio sólo recaía en los indígenas, como si fuesen dueños exclusivos del país. Comercializaron ese privilegio y excedieron en no pocas ocasiones el número de árboles talados, para que los mercaderes de esta especie tuvieran el suministro asegurado.
Es falso lo de la preservación de la naturaleza, y la sola visita a esos lugares lo comprueba. Mientras el resto del país procura mejorar sus condiciones de vida y se constituye en factor productivo, ellos se resisten a vivir mejor, manteniendo las condiciones que los pone en calidad de necesitados, aun cuando evadan trabajar como lo hacen los demás.
La creación de comarcas debe estar dirigida a mantener estados culturales y no gobiernos colaterales, que rigen sin regulación alguna, distinta del capricho caciquista. Las comarcas son demarcaciones que no forman parte de otro país, y que deben regirse por las leyes nacionales, a las que desconocen. No podemos continuar frenando el desarrollo turístico por la intransigencia y extorsión de dirigentes indígenas. Ayudemos a integrar a todos los nacionales al progreso y a la productividad, seamos consecuentes con la participación de todos y afiancemos la nacionalidad sin distingos raciales, sociales, políticos o económicos, tal como se estimula con la creación de comarcas. El comarquismo es un peligro inocultable.
Son las cataratas ocasionadas por lesiones oculares, como un golpe, corte, punción, calor, radiación o quemadura por agentes químicos.
Se trata de operaciones similares a las que se practican a los pacientes privados, con anestesia tópica (local), sin puntos y ultrasonidos. Los pacientes son intervenidos gracias a donaciones internacionales y de los médicos panameños, quienes en su totalidad suman 21 especialistas del Centro de Cirugía Ocular y doctores estadounidenses.
De acuerdo con el Dr. Ernesto Calvo, el costo de las operaciones por ojo es de alrededor de B/.2,500 y advirtió que en Panamá por ser un país tropical, los índices de radiación ultravioleta son más altos, lo que se refleja en una catarata fuerte y a edad más temprana (50 ó 55 años). La operación depende de las necesidades visuales del paciente, y es necesario efectuarla cuando el oftalmólogo lo recomiende.
El proceso se inicia con la limpieza total del rostro, específicamente la vista que será intervenida; luego se coloca la anestesia y comienza la extracción de la lente opacificada del ojo. Posteriormente, se coloca otra lente para que puedan enfocarse correctamente los objetos, la cual se denomina "lente intraocular".
La lente intraocular es plástica para uso permanente y se implanta dentro del ojo en lugar de la natural, que quedó opacificada. El período de convalecencia después de la operación es corto y casi nunca se presentan complicaciones, siempre y cuando se sigan las instrucciones del médico.
Según el tamaño y la localización de las áreas de opacidad del cristalino, una persona puede darse cuenta o no de que se está formando una catarata. Si está en el borde externo de la lente, la vista no sufre cambios; pero si la opacidad está situada cerca del centro de la lente, generalmente interfiere con la visión.
A medida que las cataratas se forman, la visión puede hacerse nebulosa o borrosa; también puede haber doble visión, los ojos pueden tener mayor sensibilidad a la luz y al resplandor. Las cataratas persistirán hasta que se extirpen quirúrgicamente, porque no se curan con gotas, pastillas ni lentes, y mucho menos desaparecen espontáneamente.
La "catarata senil" a diferencia de la secundaria, no se extirpa ni se cura con rayos láser, siempre es preciso extraerla. La mayoría de cirugías de cataratas tienen gran éxito, y prueba de ello, es que más del 98% de los pacientes operados recobra una buena visión.
Ayer en el Centro de Cirugía Ocular, la mayoría de los pacientes salían con una cara de felicidad al poder recobrar uno de los órganos más preciados que Dios nos otorgó.