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El comercio y la política de competencia


La relación entre el comercio y la política de competencia es cada vez mayor. El comercio está sometido cada vez más por leyes que reglamentan las prácticas comerciales de las empresas que distorsionan o restringen el comercio internacional y local. Estas leyes se están volviendo más evidentes y quizás relativamente más importantes que nunca.
En Panamá la Ley Nº 29 de 1996, por la cual se dictan normas sobre la defensa de la competencia y se adoptan otras medidas, viene tomando mayor fuerza en su cumplimiento debido a la divulgación y explicación que periódicamente publica en los medios de comunicación la Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor (CLICAC), institución encargada de hacer cumplir esta Ley.
Desde la perspectiva del análisis económico, la política de competencia suele encaminarse en busca de la eficiencia económica, examinando los efectos restrictivos o distorsionales, como resultado de las prácticas comerciales de una o un grupo de empresas que puedan tener poder de mercado sobre otra empresa competidora o potencialmente competidora entre sí. Se dice que una asignación de recursos es eficiente si no existe ninguna otra forma de organizar la producción y distribución de bienes que mejore el bienestar de unos consumidores sin que empeore el de los demás.
Antes del 1º de febrero de 1996, en Panamá no existía una ley que reglamentara las prácticas comerciales monopolísticas que restringían la competencia y gran parte del comercio estaba bajo protección arancelaria, la regulación de precios y las barreras a la entrada; las que eran usadas por las empresas para mantener el poder de mercado y no dejar entrar otros agentes económicos que le hicieran competencia en el mercado. Estas prácticas monopolísticas perjudican al consumidor con precios altos, menos variedad y calidad de productos y a la vez crea ineficiencia en el sistema productivo, comercial y competitivo con los mercados internacionales.
Muchos de los agentes económicos que durante décadas fueron protegidos por el sistema arancelario han estado en desacuerdo con la decisión de abrir el mercado, asumiendo principalmente que ellos no se encontraban preparados para competir con otros mercados. Pero si bien es cierto que quizás no estábamos preparados para abrir nuestro mercado, también es cierto que para Panamá el tema no era nada nuevo, porque desde principios de la década de los ochenta los países de la región y del mundo venían adoptando cada vez más la política de libre comercio y nuestro país no podía aislarse comercialmente del resto del mundo. Hay que recordar que Panamá es un país en vías de desarrollo y por consiguiente no es un país comercialmente poderoso para aislarse del sistema comercial internacional y lograr que otros países lo sigan.
Unos de los propósitos de la política de competencia es maximizar el "bienestar" del consumidor y productor. En este caso esta definición puede tomarse como la suma del excedente del consumidor y el excedente del productor. El excedente del consumidor mide en términos monetarios el beneficio neto que obtienen los consumidores. Más concretamente, equivale a la diferencia entre el precio que los consumidores de un producto o servicio están dispuestos a pagar por él y lo que pagan efectivamente. Por ejemplo si un consumidor está dispuesto a pagar 15 balboas por un producto cuyo precio es de solo 10 balboas, se dice que el excedente de ese consumidor es de 5 balboas. El excedente del productor es la diferencia entre los ingresos que obtienen los productores y el costo de producción.
Regresar al sistema de protección arancelaria, regulación de precios y otras barreras a la entrada, no sería lo más adecuado, ni sería fácil; hay que recordar que nuestro país tiene tratados de libre comercio con algunos países que pertenecen a la Organización Mundial del Comercio (OMC).
El sistema comercial panameño y el poder público tienen que unificar criterios para tratar de llegar a acuerdos que impulsen el desarrollo productivo y comercial. Se debe tratar de acercar a un equilibrio entre el comercio y los consumidores, sin que ninguno de los dos salgan mayormente perjudicados, tomando en cuenta que hay que elevar la eficiencia productiva y el bienestar del consumidor.

101 años de Panamá América

 
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