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El complot ambiental


No me explico por qué se habla de pan y circo como una práctica de los Césares de la decadencia. Mantener a las masas desconectadas -con más circo que pan- ha sido y sigue siendo la táctica predilecta de los gobernantes de Panamá (y del resto del mundo) para cometer, con total impunidad y para su propio beneficio, toda clase de actos de corrupción; eso incluye también patrocinar incondicionalmente a una minoría de facinerosos que paulatinamente, con esta complicidad oficial, se apodera no sólo de los escuálidos recursos que el Estado debe destinar a la solución de los problemas sociales, sino que se ingenia para apropiarse de aquellos bienes o recursos que son indispensables para la existencia material de la nación y consecuentemente para la existencia sana y decorosa de las presentes y futuras generaciones.
Con el mismo boato propio de los coliseos romanos, el Gobierno Nacional organizó el show del centenario con el ilusorio propósito de rendirle honor a la patria. Y digo ilusorio (fingido, ficticio) porque todo no ha sido más que una patraña utilizada por los rectores del discurso oficial para hacerle piso a un patriotismo de papel, de opereta, donde no cuentan los verdaderos intereses de la patria sino los intereses de los clanes que destruyen al país en nombre de la patria y gracias a la desconexión de la conciencia de los panameños que permite que a la sombra de este espectáculo del centenario el Gobierno orqueste el complot ambiental para favorecer a una minoría de malos y pudientes panameños que desde hace rato, con cuentos inenarrables, busca destruir/apoderarse de aquellos bienes que por mandato de la Constitución y la Ley, son y deben seguir siendo para beneficio de la colectividad.
Mientras que en las escuelas, universidades, instituciones públicas y privadas, incluso entre los llamados historiadores e intelectuales, se aupaba el show del centenario, la excelentísima señora presidenta y sus comilitones preparaban el terreno para llevar a infeliz término el complot ambiental del centenario modificando la Ley Especial (Decreto No. 40 de junio de 1976) que creó el Parque Nacional Volcán Barú (PNVB) en Chiriquí. Con anterioridad, el Gobierno había otorgado "por urgencia notoria" la concesión a la empresa CUSA para construir un camino de concreto absurdamente llamado "Camino Ecológico"; se empezaron los trabajos sin que se hubiera aprobado el Estudio de Impacto Ambiental que como prerrequisito exige la Ley de Impacto Ambiental (Decreto Ejecutivo No. 59 de 16 de marzo de 200) y a espaldas de la sociedad civil; se utilizó la fuerza policial para impedir que los ambientalistas pudieran expresar con entera libertad su desacuerdo con este camino de la muerte; se recurrió y se sigue recurriendo a la calumnia de los activistas y al insulto de los niños diciendo que éstos son manipulados por sus maestros porque no entienden lo "beneficioso" que este "camino ecológico" para fomentar el turismo y para preservar el ambiente, entre otras cosas. Pero para que el crimen fuera perfecto, para que fuera legal, había que modificar la Ley que creó el PNVB porque el artículo 5 de la referida excerta prohíbe que dentro de dicho parque se realicen actividades mecanizadas que alteren el ecosistema. Y el 13 de noviembre, mientras que el pueblo seguía borracho de patriotismo, el ministro de Economía y Finanzas y la señora presidenta firmaron el Decreto Ejecutivo No. 107 que le agrega una párrafo al referido artículo 5 de la Ley del PNVB y que dice literalmente: "Se exceptúan de estas disposiciones todos las obras necesarias para la Construcción y mantenimiento del Camino Ecológico contempladas en los Estudios de Impacto Ambiental que apruebe la Autoridad Nacional del Ambiente".
La señora presidenta, en vez de escuchar el clamor popular, especialmente el clamor de los niños que quieren crecer y multiplicarse en un ambiente sano, se aprovechó del show del centenario para perfeccionar su complot ambiental en beneficio de una minoría ambiciosa e irresponsable.
Entonces es oportuno que la señora presidenta lea lo que pensaban los próceres (mensaje de la Junta de Gobierno Provisional a la Asamblea Nacional Constituyente, 15/01/04) que tan alabados han sido en este centenario: "Las tierras que hoy recorremos con la vista desde la frontera de Costa Rica hasta las soledades del Darién no son nuestro patrimonio exclusivo; son la herencia de las generaciones futuras que vienen atropellándose a buscar su puesto en el concierto de los pueblos y de las razas; y esas generaciones tienen derecho a los mismos bienes que nosotros; tienen derecho a que no las desposeamos de su parte de sol, de calor y luz".
(samudio@cwpanama.net)

101 años de Panamá América

 
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