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El compromiso educativo


Sólo falta un par de meses para que finalice el maleficio del régimen mireyista-arnulfista. Durante su infortunado período de desgobierno, panameños y panameñas hemos experimentado acciones de toda índole, generalmente infructuosas, inmorales y corruptas en el orden político, social, económico, cultural y educativo. Por eso, independientemente de lo agradable (para unos pocos) o desagradable (para los más) que hayan resultado ser, queremos aprovechar los últimos días del desgobierno que se va (el mireyismo-arnulfismo cuasi difunto), para hacer algunas reflexiones en torno a lo que creemos con vigencia permanente: la educación integral.
En realidad, cada día la vida se nos hace más difícil. La actividad competitiva se torna un tanto despiadada y cruel, nos acosan la suspicacia y el descreimiento. Nos tienen solicitaciones contradictorias, las que parecieran querer destruir lo más íntimo del yo que queremos que sea insobornable.
Clamamos por libertad para escoger y decidir; pero la verdadera libertad no es hacer lo que se quiere, sino querer lo que se hace, hacer lo que se debe ¿Y qué es lo que se debe? Valdría la pena preguntarse. La mejor respuesta la encontraremos dentro de nosotros mismos, porque solamente así la tendremos en los demás.
Reflexionemos, pues, una vez más sobre el proceso de la educación integral dirigida fundamentalmente al hombre. Al hombre, no como simple especie viviente, ni siquiera únicamente como "homo faber" o como "homo sapiens". Sino al hombre que, desde el principio de la creación, ha luchado contra la naturaleza y la ha vencido; al que no se contentó con beber en el cuenco de la mano sino que inventó los recipientes y la forma de extraer el agua de la corteza de la tierra; al hombre que no se resignó a ser devorado por los microbios y descubrió la medicina biológica; al hombre que no tenía sino unas perezosas piernas para moverse sobre la tierra y se construyó remos para surcar los mares y los ríos, y las alas para remontar los espacios. A ese animal, acaso el más inútil de los animales en los primeros instantes de su vida, el más importante de los seres al salir del vientre de su madre y que estaría destinado a perecer agobiado por la conjura de los peligros naturales si no fuese más que un animal, pero que no perece porque, además de su ser orgánico, posee la inteligencia creadora, la imaginación fecunda, el genio de la racionalidad, el alma indefectible.
Es esta inteligencia creadora del hombre la que lo ha llevado a idear medios de lucha contra los más duros obstáculos de la naturaleza. Aún más, su genio se ha aguzado y su ciencia ha progresado en función de su lucha.
El hombre, por su ingenio, encauzó las aguas del Nilo que arrasaban sus labranzas, y de tal experiencia surgió la ingeniería hidráulica.
Ahora, en tiempos modernos, ha luchado victoriosamente contra el mar deteniendo sus avalanchas con la construcción de muros, puentes y fortalezas para proteger ciudades y pueblos y ha arrebatado a las ciénagas inmensas extensiones en los pantanos de muchos países del mundo; ha roto los istmos para unir los mares en Suez y en Panamá; ha horadado las montañas para conectar las llanuras; ha convertido los océanos en rutas y el espacio en vehículos de su pensamiento. Ha limpiado de insectos vastos territorios, así como ha regulado y almacenado las aguas de los lagos y los ríos; ha puesto a su servicio las energías latentes de la tierra; ha descubierto el secreto de cambiar los climas y, en fin, ha encontrado en la desintegración del átomo el secreto de su ventura o de su destrucción.
En la actualidad, la directriz psicológica que orienta a la educación integral, señala la necesidad de que se contemple la vida humana como un proceso continuo de aprendizaje y desarrollo.
La personalidad es un fenómeno organizado y complejo que incluye todo o que el ser humano es y representa: su aspecto físico y motor, emocional y social, intelectual, estético y espiritual, sus ideales, conocimientos, actitudes, valores y apreciaciones, fundidos en una configuración dinámica y viva, en un esfuerzo del ser viviente para ajustarse a la vida.
Estas características hacen énfasis en la necesidad de la educación integral completa del ser humano, no solamente requerida a la comprobación del conocimiento, sino teniendo en cuenta todos los aspectos que hemos mencionado.
Nuestro compromiso permanente como Nación, es, pues, ¡educar, educar y educar!

101 años de Panamá América

 
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