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El Consejo de Presidentes de la ONU


La semana pasada volví a Nueva York para asistir a la reunión anual del Consejo de Presidentes de la Asamblea General de las Naciones Unidas¨, celebrada del 13 al 16 de mayo en la sede de la Organización bajo la presidencia de Samir S. Shihabi, prominente diplomático de Arabia Saudita y con la participación del actual Presidente de la Asamblea General, Dr. Han Seung-soo de la República de Corea del Sur.
Actualmente, somos cuatro los ex presidentes de la Asamblea General (Dante Caputo, Jorge Illueca, Samuel Insanally y Didier Opertti) que -en virtud de la capacidad de presencia que nos permite la vida- representamos en ese Consejo, a título personal, a la región de América Latina y el Caribe. Actualmente, el señor Insanally (de Guyana) y el señor Opertti (del Uruguay) cumplen funciones de Ministros de Relaciones Exteriores de sus respectivos gobiernos. De la entidad histórico-cultural que denominamos Iberoamérica, participan además en el Consejo el señor Jaime de Pinies (España) y Diogo Freitas Do Amaral (Portugal).
Desde que se creó el Consejo en 1997, todos sus miembros hemos ido afirmándonos en la idea de que respecto al presente y al futuro de las Naciones Unidas, hay tendencias claras que concitan nuestra preocupación común.
En cuanto al pasado, algunos tenemos la experiencia de haber presidido la Asamblea General antes de la caída del muro de Berlín. Aquellos eran tiempos en que las Naciones Unidas eran una caja de resonancia de las tensiones Este-Oeste. Los colegas que han presidido la Asamblea General después de 1990, han cumplido sus funciones inmersos en una realidad diferente.
En 1990 se abrigó la esperanza de que las Naciones Unidas, por primera vez desde su fundación en 1945, se convertiría en un foro de concertación acerca de la distribución equitativa de lo que se denominó "los dividendos de la paz", derivados de la eliminación de los descomunales presupuestos bélicos. De más está decir, que esa esperanza no se concretó en la realidad y se esfumó como resultado de la guerra fría. El globo terráqueo muestra inestabilidad, tensiones, conflictos, y conmociones que evidencian peligros para la paz y la seguridad del mundo.
Las Naciones Unidas ha tenido que luchar para preservar su papel de foro de la universalidad activa, para defender su carácter de ámbito, de espacio para la pluralidad de los diálogos. Las Naciones Unidas ha tenido que estar muy atenta a hacerle honor al compromiso de ser leal a su pacto originario. La Organización Mundial enfrenta una suma considerable de cuestiones esenciales que reclaman la reflexión y la acción de todos sus miembros. Las Naciones Unidas, para decirlo de otra manera, no es una institución "burbuja" que vive en un ambiente autónomo o vacío de contenido. Por el contrario, es una Organización que hace esfuerzos concretos, visibles, para promover la cooperación y la justicia internacionales y evitar que se repitan las rupturas históricas que significaron las dos cruentas guerras mundiales del Siglo XX.
Es en el contexto de esos esfuerzos, que el Consejo de Presidentes de la Asamblea General expresó en el comunicado que publicó al finalizar sus labores, su preocupación ante los intentos de marginalizar a las Naciones Unidas y ante los peligros que esos intentos plantean para el futuro de las Naciones Unidas y para cada uno de sus Estados Miembros, grandes o pequeños, y para el mundo en general. Bajo ningún concepto puede ignorarse que la Asamblea General es el organismo más representativo creado por la Carta de San Francisco para darle legitimidad a las resoluciones que se adopten en ejercicio del mandato otorgado por los pueblos de las Naciones Unidas resueltos -como dice la Carta- a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles. Es en ese mismo contexto que el Consejo de Presidentes reafirmó el papel central que tiene las Naciones Unidas en la preservación y la promoción de la estabilidad de la comunidad internacional, que ha sido profundamente afectada por los hechos terroristas que han tenido una extensa influencia en las relaciones políticas entre los Estados y han planteado grandes retos al Sistema de las Naciones Unidas. En su comunicado, el Consejo fue categórico al expresar su firme condena a todos los actos de terrorismo y de violencia, y enfatizó la importancia de enfrentarse a las causas profundas de los conflictos.
El Comunicado refleja de modo muy resumido, las opiniones vertidas por los participantes en la reunión y que fueron coincidentes, al momento de tratar el tema de las repercusiones que está teniendo en la vida, en el funcionamiento de las Naciones Unidas, las medidas, las concepciones, las decisiones tomadas de modo unilateral en la lucha contra el terrorismo. En el curso de los diálogos que sostuvimos sobre estos temas, se adujo que muchas veces se le ha hecho a las Naciones Unidas el reproche de una "politización indebida". Todos coincidimos en que la veracidad de ese reproche depende de lo que se entienda por politización y en qué sentido este término sería peyorativo. Coincidimos en que sería difícil entender a las Naciones Unidas sin la dimensión política, porque ésta es una de sus dimensiones constitutivas que está en la raíz misma de su creación.
Coincidimos en que las dificultades por las que atraviesa las Naciones Unidas no devienen de su natural inserción en este tiempo, que es un tiempo copado por las preocupaciones de todo tipo y que en las Naciones Unidas aparecen no sólo en su versión política sino también en sus versiones económicas, financieras, ambientales y culturales.
Coincidimos en que las dificultades que afectan a las Naciones Unidas sólo se superarían si se reconoce, universal e inequívocamente, que las Naciones Unidas debe ser preservada como una ancha y sólida base de reservas intelectuales y morales que deben ser aprovechadas y respetadas en toda su potencialidad, porque son reservas que responden y corresponden a los intereses de toda la comunidad internacional. De ahí que el Consejo de Presidentes de la Asamblea General expresara su preocupación frente al unilateralismo en los asuntos internacionales e hiciera un llamado para la renovación de los compromisos para las acciones multilaterales a través de las Naciones Unidas. Consecuentemente el Consejo enfatizó la importancia de la Asamblea General, que es el órgano de las Naciones Unidas en el cual todos los Estados del mundo están representados.
Debo señalar que en el curso del examen que hicimos de los hechos del presente y de sus proyecciones futuras, constatamos que hay muchos signos de que la humanidad se encuentra muy próxima, por no decir al borde, de un despeñadero. Al mismo tiempo opinamos que los múltiples escenarios apocalípticos que se presentan en el mundo no impiden que las Naciones Unidas mantenga la esperanza, que esté alentada por la ambición de poner a la humanidad en el camino del renacimiento, que le abra paso a practicar la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos, así como a emplear los mecanismos internacionales para promover el progreso económico y social de todos los pueblos.
Su Santidad Juan Pablo II, en alusión a las crisis del 11-S y Oriente Próximo, pidió a los responsables de las religiones que rechacen toda violencia, ya que el uso de la violencia ofende el nombre de Dios. Sus palabras tienen un profundo impacto espiritual. Hace cuatro días el Santo Padre al llegar a Bakú, capital de Azerbaiyán, rebasando el límite de sus fuerzas, desde el fondo de sus energías exhaustas y sobreponiéndose a sus afecciones físicas, exclamó: "Hago un llamamiento encendido en favor de la paz. Pero debe tratarse de una paz verdadera, fundada sobre el respeto recíproco, sobre el rechazo del fundamentalismo y de cualquier forma de imperialismo". La alusión al imperialismo incluía también, según el portavoz vaticano, al imperialismo en su acepción cultural y económica.

101 años de Panamá América

 
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